*Profesor titular de la Universidad Nacional de Colombia. (Foto: Archivo SEMANA)

El desarrollo económico del país dependerá de conservar la biodiversidad, de conocer y usar la variabilidad genética y de las decisiones económicas y políticas que protejan nuestra riqueza natural.

Desde que la humanidad desarrolló la agricultura, las comunidades han moldeado las especies vegetales a sus necesidades alimenticias. A partir de la observación, la selección, la multiplicación y el intercambio de semillas durante siglos, se produjo el legado de recursos genéticos que alimenta a millones de seres humanos. 

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Los recursos genéticos son los genes y sus variantes que se encuentran en las plantas, animales y microorganismos que tienen valor para la humanidad, según la declaración en la llamada Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro sobre Medioambiente y Desarrollo (1992). En dicho documento, los países se comprometieron esencialmente a salvaguardar la biodiversidad siguiendo criterios del desarrollo sostenible,  lo cual implica un proceso eficaz en el tiempo y en el espacio tendiente a satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades.

Colombia posee una gran riqueza biológica que se desprende de la diversidad de sus 337 ecosistemas, de sus 54.781 especies vegetales, animales y de microorganismos y de la variabilidad dentro de las especies. Gracias a ello ha sido incluida en el grupo de los países megadiversos del mundo: en el 0,77% del área del planeta habita aproximadamente el 10% del total de las especies vegetales y animales.

Es evidente que tanto la minería como el actual modelo de desarrollo económico y tecnológico que involucra aumento de la frontera agrícola, limitan la estabilidad del ambiente y en consecuencia  afectan a quienes menos han contribuido a la degradación medioambiental: sus pobladores, los más vulnerables y dependientes de los recursos naturales como fuente de alimento, salud y vivienda.

Los cambios en el clima pueden perturbar los ecosistemas y obligar a modificar la agricultura. También existen  tasas alarmantes de extinción de la biodiversidad, debido tanto al arrasamiento de bosques y hábitats naturales como a la erosión  genética provocada por la pronunciada homogenización  de los cultivos  modernos.

Colombia necesita aplicar medidas urgentes para aportar al cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. A estas alturas, está claro que la tarea de erradicar la pobreza tiene mayores probabilidades de éxito si va aparejada con el uso racional de los recursos naturales. Colombia es un país privilegiado que en esta coyuntura tiene la gran oportunidad de demostrar que esta combinación es posible. 

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