| 2016/02/01

Responsabilidad de prensa

Los consumidores de información confiamos en que los medios de comunicación hacen su trabajo para determinar lo que van a decir y cómo lo van a hacer. ¿Realmente estos trabajan así?

 *Profesor e investigador, facultad de administración, Universidad de los Andes.
*Profesor e investigador, facultad de administración, Universidad de los Andes.

Así como la libertad de prensa es indispensable para la democracia, la responsabilidad de prensa es indispensable para la sostenibilidad social. La buena información es un ingrediente clave en las sociedades que buscan mejorar su desempeño como tales, pero rara vez oímos hablar de dicha responsabilidad. Los consumidores de información confiamos en que los medios de comunicación hacen su trabajo para determinar lo que van a decir y cómo lo van a hacer.

¿Por qué esto es tan importante? Los seres humanos debemos lidiar con un mundo muy complejo y uno de los principales efectos de dicha complejidad es la asimetría de información a la que nos enfrentamos. Los medios de comunicación son los llamados a reducir dicha asimetría y es así que con la expansión, velocidad e inmediatez de la comunicación moderna, hoy cada persona dispone de una cascada enorme de recursos para informarse, inimaginable hace unos pocos años.

Esta accesibilidad, sin embargo, no reduce por si misma los sesgos que toda persona tiene en la formación de sus juicios y opiniones. Por el contrario, los puede acentuar. La ciencia de la toma de decisiones ha mostrado que los seres humanos somos malísimos estimando la posibilidad real de los eventos que nos rodean. Dos de los sesgos más estudiados se denominan de “disponibilidad” y de “confirmación”. Así funcionan: el sesgo de disponibilidad nos lleva a pensar que lo que recordamos fácilmente es lo más probable, y el sesgo de confirmación nos lleva a darle más credibilidad a aquello que confirma lo que ya creíamos. Cuando estos sesgos operan en conjunto, pueden llevar a una espiral de creencias y convicciones cada vez más alejadas de la realidad y que terminan en comportamientos reales potencialmente peligrosos para la estabilidad social. Esto es lo que pasa por ejemplo en las crisis financieras que se aceleran por el comportamiento no racional de los agentes del mercado que caen en esta espiral de sesgos en sus opiniones.

Hoy en Colombia parece que una espiral de pesimismo trata de dispararse a partir de la caída de los precios del petróleo que ha afectado las cifras macroeconómicas y a algunos sectores en particular, generando devaluación y por esa vía inflación. Los opositores al gobierno capitalizan la situación y el mecanismo de disponibilidad y confirmación se acelera. Las personas se asustan ante las malas noticias y buscan más información sobre ellas profundizando la “disponibilidad” de lo malo. Esto forma creencias que buscan su propia confirmación lo que lleva a la gente a sobrevalorar la información consistente con la mala expectativa y a filtrar aquella que la contradiga.

En medio de esta situación, uno espera que los medios hagan uso de la responsabilidad de prensa para asegurar que la situación no se salga de control ofreciéndole a los consumidores de información una gran dosis de objetividad y análisis. Sin embargo, aparece en los noticieros una avalancha de amarillismo negativo que se regocija en la morbosidad por la tragedia, aceitada por los videos de los televidentes, que si captan algún robo, pelea o accidente con su teléfono móvil, fijo los ponen al aire. Y también aparecen columnistas que aprovechan su privilegiado espacio para desahogos personales y ofensivos. Dios nos libre de los medios que caen demasiado en la tentación comercial del rating y gastan poco tiempo en deliberar cual es el mejor uso para la sociedad de su poderoso espacio. Dios también nos libre de los columnistas que buscan aumentar sus “likes” y shares” en lugar de ofrecer a sus lectores análisis y opiniones informativas y útiles.

Un profesor en el colegio me dijo hace varios años que la libertad real no es la posibilidad de hacer lo que a uno se le dé la gana, sino la utilización responsable de la voluntad. Esperemos que los medios usen de forma responsable su capacidad para decir y publicar lo que quieran y le ayuden de verdad al consumidor de información a encontrar balance en medio de la abundancia de esta, y a cortar la espiral de sesgos. La sostenibilidad social es el precio.

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