En muy poco tiempo Colombia comenzará a ser un país muy diferente al que hemos conocido hasta ahora. Es previsible que se firme un acuerdo de paz y a pesar del escepticismo reinante, muchas cosas van a cambiar. Es el momento de reescribir el presente y el futuro. Debemos ser conscientes de la inmensa responsabilidad que tenemos en la construcción de un país en paz. Cada colombiano es un soldado raso en esta cruzada.

Tenemos que acordar nuevas reglas de juego en términos generales y en esa discusión estamos. Más allá de las negociaciones formales que llevarán a silenciar de las armas, los colombianos debemos preguntarnos cuál va a ser nuestro papel individual en el llamado posconflicto.

La paz se construye en todas partes. En la calle, en las esquinas de los barrios en las conversaciones de sobremesa. La reconciliación de la que tanto hablamos exige que nos reidentifiquemos como colombianos en esos espacios donde construimos nuestra realidad.

El primer deber es desarmar el lenguaje. Al presidente Santos le dieron mucho palo por hacer ese llamado, pero tiene la razón. Para solucionar nuestros conflictos de ahora en adelante hay que entender que las reglas de juego han cambiado. Tendremos que aprender a tratar como pares a los que antes fueron nuestros contradictores.

Por eso, una de las tareas principales de la reconciliación es ser solidarios, reconocer lo que antes ignoramos y reconstruirnos en un solo país. Donde todos, directa o indirectamente, hemos sido afectados. La guerra es un estado moral de excepción en el que se construyen imaginarios colectivos en los que cada una de las partes se percibe a sí misma como los “buenos” y a la contraparte como los “malos”. Al final, todos somos los mismos: colombianos víctimas de la violencia y la desigualdad.

La tarea más importante que tenemos es dejar esos prejuicios a un lado y abrir la puerta de las oportunidades para todos por igual. Honrar el compromiso del Estado de ofrecerles la posibilidad de vivir en paz a todos nuestros compatriotas no es un asunto del Gobierno, sino de Nación.

No debemos menospreciar el tamaño del reto que nos espera, que es enorme y va a necesitar del trabajo conjunto de los empresarios, los medios de comunicación, la sociedad civil y el Gobierno. El proyecto ‘Se le Tiene’ páginas blancas, que presentamos en esta edición, evidencia la voluntad de diversos sectores de convertir ese anhelo en una realidad.

Este es un directorio que busca actuar como puente entre la voluntad y la acción en la construcción de esa de paz. En estas páginas encontrarán ustedes ofertas de bienes y servicios de miembros de nuestra población vulnerable. ¿Quiénes son? Tiene muchos orígenes. Algunos son reinsertados, otros son víctimas y otras son comunidades que están buscando convertirse en microempresarios para salir de la pobreza. En todo caso, todos son colombianos que están apostándole a una nueva Colombia.

Las historias son muchas y cada una de ellas nos da una pista sobre el rumbo y las caras que toma la reconciliación.

Jhon Jairo Bucurú, joven expandillero, es hoy un empresario en Cazucá, Soacha. Donde antes era temida su presencia, ahora tiene la sede de su microempresa. Madres cabeza de hogar y jóvenes de la comuna 4 trabajan con él en la elaboración de libretas y cuadernos de material reciclado que vende a proveedores que apoyan el sentido social de lo que hace.

Una decena de personas que dejaron las armas tras abandonar las filas guerrilleras o de los paramilitares trabajan hombro a hombro por sacar adelante su empresa que vende ganchos y amarras para tejas. Recibieron la mano de la Agencia Colombia de Reintegración y de la Fundación Carvajal y hoy sus clientes son grandes empresas como Eternit.

Lo único que buscamos con esta edición es poner nuestro grano de arena para demostrar que es posible que todos los colombianos tengamos cabida en un país sin armas, político, diverso y transparente. En estas páginas están seleccionados los mejores emprendimientos de paz del país. Usted también puede poner su grano de arena. ¡Consulte este directorio, guárdelo y compre!

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