*Gerente Medio Ambiente – Tetra Pak Colombia

La protección ambiental en Colombia, como todas las tendencias empresariales, ha evolucionado enormemente desde la década de 1970 cuando se comenzó con el enfoque de control de la contaminación y las primeras normas legales se crearon. Posteriormente, llegó la oleada de la prevención de la contaminación generada en la década de 1990 después de la conferencia de Rio y los programas de ‘Producción Más Limpia’ empezaron su apogeo en diversas industrias. Hoy en día se habla de enfoques integrales, donde ya no solo se habla del medio ambiente como un elemento separado, sino de un concepto integrado a lo que muchos denominan la Responsabilidad Social o Sostenibilidad Empresarial.

¿Qué nos depara entonces el futuro? Es claro que Colombia aún se encuentra rezagada en temas ambientales por lo que solo basta dar una mirada a lo que está pasando en otras latitudes, más desarrolladas, para adivinar hacia dónde nos dirigimos. Incluso, para mayor precisión, simplemente podemos leer lo que la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE) ha recomendado que el país implemente en materia ambiental de aquí al 2018. Es así como los retos a superar en los próximos años van desde garantizar el cumplimiento legal de las normas que hoy en día existen, pasando por la vigilancia adecuada al ordenamiento territorial, hasta la consideración de los efectos que los programas de desarrollo post-conflicto puedan generar en el medio ambiente.

Las empresas no seremos ajenas a estos cambios y tendremos que desarrollar mecanismos de adaptación en temas tan complejos como la gestión de la minería, la ampliación de programas de responsabilidad extendida del productor a empaques y envases, el desarrollo de programas de manejo seguro de sustancias químicas, las actividades de compensación por pérdida de biodiversidad o incluso el fomento de la ganadería intensiva (en vez de la extensiva), por mencionar solo algunos. 

No obstante lo anterior, aún queda un reto más importante y es involucrar a los mayores impulsores de estos cambios: los consumidores colombianos, quienes usualmente no están dispuestos a pagar un valor adicional por un beneficio ambiental mientras no tenga un efecto inmediato y significativo para sí mismos, por ejemplo el efecto en la salud del consumo de un producto certificado como orgánico. Incluso, cuando se tiene un efecto inmediato, los compradores de este tipo de beneficios siguen perteneciendo a un nicho de mercado bastante reducido en el país.


Por lo tanto, el siguiente paso de la evolución de la sostenibilidad corporativa es comenzar a mirar hacia los compradores, usando mensajes más tangibles donde no solo se hable de los programas ejecutados o las toneladas de emisiones de CO2 reducidas en el año, sino también de cómo estos conceptos se traducen en términos aplicables a la vida cotidiana, como por ejemplo, el número de árboles o hectáreas sembradas equivalentes o la cantidad de estadios de fútbol que se pueden llenar con los residuos reciclados. Buscar la comprensión e involucramiento del consumidor se hace indispensable a la hora de hacer rentable la sostenibilidad. 

Igualmente, será necesario dejar de trabajar aisladamente y comenzar a pensar en estrategias en conjunto entre diferentes empresas o incluso con otras entidades gubernamentales y no gubernamentales con el fin de encontrar soluciones comunes, innovadoras y de mayor impacto, de forma tal que los proyectos se conviertan en programas completos con resultados de gran alcance. Un ejemplo claro de esto son las coaliciones industriales para implementar la responsabilidad extendida del productor, la cual finalmente deberá traducirse en una responsabilidad compartida entre todos los actores de la cadena de valor de un producto (incluyendo al estado, la industria y el consumidor) que permita lograr aumentar los índices de reciclaje adecuados para el país.

Los próximos años traerán nuevas reglas que redefinirán la forma como hemos entendido y trabajado la sostenibilidad, donde los departamentos de medio ambiente deberán buscar alianzas internas y externas, trabajando en conjunto con departamentos de ventas y mercadeo, con clientes e incluso con el gobierno, de forma tal que las nuevas imposiciones legales ambientales puedan ser transformadas en promotores de decisión e influenciadores del comportamiento del consumidor. Ya no se trata solamente de generar una imagen positiva alrededor de la empresa, ahora hay que convertir a la sostenibilidad en una herramienta transversal generadora de nuevos negocios y cautivadora de nuevos clientes. 

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