*Director de Compartamos con Colombia.

A lo largo de diez años he tenido la posibilidad y el privilegio de conocer a profundidad organizaciones en múltiples sectores. He tenido la oportunidad de trabajar con empresas de diferentes industrias, de varios tamaños, con diversos niveles de consolidación y enfocadas en una gran variedad de mercados. Al ser asesor de entidades públicas de orden nacional, regional y municipal he conocido en detalle la forma de trabajo y operación de las entidades del Estado y, al participar en múltiples proyectos con objetivos de impacto social, he logrado estudiar una amplia variedad de entidades sin ánimo de lucro, incluyendo fundaciones empresariales, organizaciones comunitarias; entes multilaterales, gremiales y organizaciones de economía solidaria.

En este amplio espectro de organizaciones disímiles he encontrado entidades obsoletas, otras estáticas, muchas paquidérmicas y burocráticas; algunas muy competitivas y unas pocas innovadoras y revolucionarias. Todas las organizaciones, independientemente del sector al que pertenezcan, han sido creadas para cumplir algún propósito, para crear valor económico, social o ambiental; para el desarrollo de un colectivo, para el beneficio de unos pocos o para el bien común. Pero pocas son las que realmente logran diferenciarse y ser extraordinarias en el cumplimiento de su propósito superior. Y lo sorprendente es que el único factor común entre todas es lo que verdaderamente diferencia a unas de otras: la gente, el talento humano.

Puedo afirmar sin temor a equivocarme que lo que hace exitosa a una organización es contar con talento excepcional y promover a cada individuo desde sus capacidades diferenciadas, con el objetivo de consolidar equipos de alto desempeño con personas comprometidas y motivadas. Es sorprendente que los directivos sigan concibiendo a su gente como un recurso más dentro de muchos otros y que no comprendan que el eje central de una organización innovadora y revolucionaria es su gente.

¿Cómo innovar, crear valor extraordinario y generar resultados excepcionales con gente desmotivada, sin autonomía, mal remunerada y poco comprometida? Me sorprendo todos los días al ver organizaciones que aunque tienen la posibilidad de contar con el mejor talento, que tienen el potencial de convertirse en lugares extraordinarios para trabajar y que podrían transformar el talento individual en conocimiento organizacional y colectivo de alto valor, prefieren aferrarse a prácticas arcaicas de liderazgo, a modelos obsoletos de trabajo, a estructuras deficientes de compensación y se encasillan en enfoques que resaltan las restricciones y no habilitan las posibilidades. 

Las organizaciones exitosas en la era del conocimiento son las que promueven el liderazgo transformador, las que se centran en la gestión y desarrollo de su talento humano, que entregan grandes retos, responsabilidades y autonomía a su gente. Las que buscan diferenciarse por su conocimiento colectivo que sobrepasa las barreras tradicionales y que entienden que, para ser competitivas y tener la capacidad de reinventarse y evolucionar constantemente su principal prioridad y ventaja competitiva, debe ser su talento humano.

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