| 2017/01/16

Trump: ¿triunfo anticlimático?

Hay un adjetivo inglés que debería existir en español: anticlimático. Se dice que un suceso es anticlimático cuando termina en desilusión: cuando en lugar del clímax del resultado esperado, hay que vivir con el desencanto del desenlace opuesto.

Trump: ¿triunfo anticlimático?

Este año ha sido anticlimático en Colombia, pues culmina con el hecho histórico del fin de una guerra de medio siglo pero en medio del desencanto generalizado. También lo ha sido en el resto del mundo, especialmente en Estados Unidos con la victoria de Donald Trump, el anticlímax de las elecciones presidenciales.

Desde el punto de vista ambiental, el gobierno de Trump puede ser anticlimático de una forma adicional. En sentido literal puede poner en peligro los avances contra el cambio climático que venía haciendo el presidente Barack Obama y la comunidad internacional, coaligada alrededor del Acuerdo de París.

¿Qué tan anticlimático será realmente Trump? Como en todos los temas, es difícil saber qué terminará haciendo el errático presidente electo. Hay tantas razones para el pesimismo como para el optimismo. Las primeras son bien conocidas. Trump ha dicho que el calentamiento global es un “cuento chino”, nombró a un prominente negacionista del cambio climático (Myron Ebell) como líder de su equipo de transición en la materia y prometió desmontar las regulaciones de Obama que desalientan la explotación de carbón y petróleo y promueven las energías limpias.

La otra cara de la moneda y de la que menos se ha hablado es que hay razones para que Trump termine siendo menos anticlimático de lo que cabría esperar con semejantes antecedentes. El electo presidente comenzó a cambiar de parecer en una entrevista reciente con el New York Times, cuando sostuvo que ahora ve “alguna conectividad” (sic) entre los humanos y el cambio climático y que mantendría “una mente abierta” acerca de permanecer o retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París.

Además, el principal motivo para moderar el pesimismo son las fuerzas económicas y políticas que limitan la capacidad real de Trump para volver al pasado. Como lo dijo la revista The Economist, el declive de los combustibles fósiles no puede ser detenido por decreto, por la sencilla razón de que el carbón y el petróleo son cada vez menos rentables, en tanto que energías como la solar y la eólica son cada vez más accesibles. En 2015, por primera vez, las renovables superaron al carbón como fuente de energía. Empresas del sector y gobiernos como China, ya han dado el giro hacia la producción de energías limpias, que obedece más a leyes económicas que a las de Washington.

Las fuerzas políticas también pueden ser diques contra las tentaciones anticlimáticas de Trump. El presidente no podrá interferir en los programas pioneros contra el calentamiento global de estados como California y Nueva York, que ya están siendo emulados por otros. En la esfera internacional, China y la Unión Europea se ven dispuestos a tomar el liderazgo para mantener el Acuerdo de París, con o sin Estados Unidos, China e incluso India pueden terminar haciéndolo, no solo para reafirmar su lugar en un mundo multipolar, sino también por puro interés nacional. Basta ver las imágenes de Beijing o Delhi –visibilidad nula, ciudadanos circulando con máscaras de protección contra el aire irrespirable– para darse cuenta de la urgencia que tieneel problema en esos países.

Existen motivos para el optimismo moderado, pero no para la complacencia. Hay que recordar que los avances económicos y políticos se deben a la presión de sectores sociales como los ambientalistas, los pueblos indígenas y los científicos independientes, que contrarrestaron el lobby de las empresas de combustibles fósiles y los políticos financiados por ellas. En los próximos cuatro años el trabajo de estos sectores en las calles, los medios, la academia y las redes sociales, será más importante que nunca.

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