@esp_ambiental / Directora de la especialización y línea de Investigación en Derecho Ambiental de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario.

El poeta Gary Snyder dice que “la naturaleza no es un lugar para visitar. Es el hogar”. Esto es algo importante cuando hablamos de turismo y mucho más, cuando este se plantea en los Parques Nacionales representativos de nuestro patrimonio natural y cultural.

Y es que que acabo de retornar a la capital después de pasar algunos días en el Caribe, lugar donde pude disfrutar de lindos paisajes y de la gran biodiversidad existente en esta región. No obstante, el espectáculo que presencié me generó el siguiente interrogante: ¿Cuánto tiempo debe pasar para que seamos consientes del gran valor de la diversidad de nuestro país, para que dejemos de ser indiferentes al deber de protección de nuestro patrimonio natural?

Las razones de este cuestionamiento tienen relación con lo que evidencié a mi paso por el Parque Nacional Natural Corales del Rosario y en especial en mi visita a Playa Blanca en la Isla de Barú. Lo que observé me permitió reflexionar sobre la importancia de la actividad turística debido a su gran potencial para el desarrollo del país y en contraste, sobre la necesidad de proteger el ambiente y los recursos naturales.

Inicio por mencionar que, de acuerdo con el Sistema de Información sobre Biodiversidad de Colombia, en el país se encuentran alrededor de 54.871 especies, siendo el primero a nivel mundial en aves y orquídeas; el segundo en plantas, anfibios, peces dulceacuícolas y mariposas; el tercero en reptiles y palmas; y el cuarto en diversidad de mamíferos. Adicionalmente, los principales ecosistemas marinos costeros estratégicos de Colombia, arrecifes coralinos, manglares, pastos marinos, litorales rocosos, playas, estuarios y, los recién conocidos arrecifes de profundidad, constituyen las principales fuentes de vida y productividad en los litorales costeros del país. Por su parte, la diversidad de especies marinas está reconocida en el ámbito mundial como excepcional. Los países que forman parte de la cuenca del Caribe, Colombia entre ellos, están reconocidos como un hot-spot de biodiversidad marina, asegura el Instituto Von Humboltd.

Pero el uso que estamos haciendo de esta riqueza, nos está llevando a poner en riesgo estos ecosistemas, al punto que el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) ha planteado que una de las causas de la pérdida de la diversidad marino-costera está relacionada con el turismo y que los archipiélagos Nuestra Señora del Rosario y San Bernardo son sitios críticos y prioritarios de intervención.

Preservar estos ecosistemas implica dar una mirada a lo que acontece actualmente con el turismo que se está desarrollando y preguntarnos si esta situación responde a las políticas y programas de conservación, además de la obligación que tenemos de proteger las riquezas naturales de la Nación . Sumado a lo anterior, hay que dar una mirada a la situación de las personas que se dedican a esta actividad, pues también tienen derecho a una vida digna.

La gran afluencia de gente que llega a este lugar y por la falta de control y de saneamiento básico en Playa Blanca, son algunos de los motivos que generaron mi preocupación. El tema se ha tornado tan complejo que, el Ministerio Ambiente junto con Parques Nacionales, MinComercio y la Alcaldía de Cartagena, han tenido que intervenir porque  la cifra de visitantes diarios no debería superar los 3.200, pero el pasado Viernes Santo pasó los 7.000 (en otras ocasiones ha llegado hasta 15.000). Ya se encuentran preparando una disposición para controlar el ingreso a Playa Blanca.

La carencia de saneamiento básico no solo afecta a los visitantes sino que genera impactos ambientales al área marina protegida, debido a las aguas residuales y los desechos que se generan, poniendo en riesgo los servicios ecosistémicos asociados a este lugar. Las tortugas marinas ya no pueden anidar en esta zona, las zonas de manglar se ven afectadas e incluso la belleza escénica pierde su magia.

Turismo sí, pero no así

Durante esta semana he podido reflexionar sobre la política pública que propone el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MinCIT) relacionada con el establecimiento de un procedimiento para el desarrollo del ecoturismo, la preservación de los recursos turísticos naturales y la creación de una coordinación para administrar las áreas que integran el Sistema de Parques Nacionales Naturales. Esta propuesta tiene el reto de sentar las bases de un eventual turismo en las 59 áreas naturales que ocupan 14.268.224 hectáreas (142.682 kilómetros cuadrados) de la superficie nacional marina y terrestre, dónde según información oficial hacen presencia en 26 de estas zonas comunidades indígenas y afrodescendientes.

La propuesta quiere promocionar el ecoturismo, etnoturismo, agroturismo, acuaturismo y turismo metropolitano, para lo cual se crea el “Comité Nacional de Turismo Naturaleza”, encargado de aprobar la política formulada por el Ministerio de Ambiente en conjunto con el Ministerio de Comercio (sin la participación de Parques Nacionales). De esta forma, se incluyen actividades, que pueden ser desarrolladas por personas de naturaleza pública o privada, como las de diseño, promoción, comercialización y operación de paquetes turísticos, creación de plantas turísticas, alojamiento y servicio de hospedaje, entre otras.

Con esta iniciativa se estaría realizando un cambio para el que no se ha tenido en cuenta a la institucionalidad que actualmente tiene la función de administrar el Sistema de Parques Nacionales Naturales y a las comunidades asentadas en dichas áreas.

La preocupación por las actividades turísticas a gran escala está en los impactos que puedan tener en las áreas que constituyen un escenario ideal para la conservación de la biodiversidad, garantizar el agua, promover la investigación, contribuir al uso sostenible de los recursos naturales, utilizar adecuadamente los recursos biológicos y compartir equitativamente los beneficios derivados del uso de los recursos genéticos. Por eso es importante que todos, de manera conjunta y coordinada, trabajemos de forma planificada en el manejo de estos territorios, en pro de su protección.

Para ello es indispensable el desarrollo de planes y estrategias de la actividad turística, además del establecimiento de programas y proyectos que sean concertados con los diferentes actores involucrados. Lograr el consenso sobre el turismo en estas áreas requiere de un proceso de discusión a través del cual sea posible establecer, no solo los fundamentos conceptuales sino también las bases científicas que logren identificar la forma más acertada para realizar actividades de recreación y turismo que no pongan en riesgo estos ecosistemas.

Lo anterior debe servir para avanzar hacia el desarrollo del país y promover una economía sostenible que no afecte los recursos existentes y que además no ponga en riesgo la integridad cultural, social y económica de quienes habitan y protegen ancestralmente dichas áreas.

La promoción de un futuro económico, social y ambientalmente sostenible debe tener como prioridad la conservación, el manejo adecuado y la restauración de los recursos naturales, con el objetivo de obtener un equilibrio ecológico, garantizar la protección y el derecho a gozar de un ambiente sano, como lo promulga la Constitución Política. Es así como una propuesta para el ecoturismo en los parques nacionales debe contar con condiciones para lograr una vida en armonía con la naturaleza y que permita contar con elementos suficientes para garantizar el equilibrio y la satisfacción de las necesidades de los seres vivos.

El turismo responsable y sostenible en el Sistema de Parques Nacionales Naturales podría promoverse después de un diálogo en el cual se logren identificar las necesidades y oportunidades de este tipo de actividad, no solo pensando en el ingreso de recursos económicos sino desde una visión que reflexione a largo plazo sobre el uso, conservación, recuperación y mejoramiento de estos ecosistemas de inmenso valor, que además prestan importantes servicios ambientales para el país.

Impulsar el desarrollo local y nacional conlleva grandes retos en lo ambiental y lo social. El objetivo de un turismo responsable y sostenible debe ser abordado desde la experiencia obtenida hasta hoy. Una forma de hacerlo es fortalecer la actual institucionalidad -sobre todo a Parques Nacionales-, garantizando los recursos humanos y financieros para una gestión eficaz.

Adicionalmente, un adecuado proceso de gestión y manejo de estos parques implica también tener en cuenta la necesidad de generar conocimiento sobre los ecosistemas y culturas existentes. En estas áreas habitan diversas comunidades que a través de los tiempos han cuidado de estos lugares y de las cuales tenemos mucho que aprender.

Desde Río+20 se viene promueve el turismo bien concebido y bien gestionado como un motor del desarrollo sostenible. Este ideal puede ser alcanzado siempre que la gestión del turismo se dirija a fortalecer la capacidad de crear conciencia ambiental, conservar y proteger el ambiente, respetar la fauna y la flora silvestres, la diversidad biológica, los ecosistemas y la diversidad cultural, además de, aumentar el bienestar y mejorar los medios de vida de las comunidades apoyando a las economías locales y el medio humano y natural en su conjunto.

En este contexto, retomo los planteamientos del Instituto Humboldt que señala que Colombia, como país megadiverso, tiene grandes responsabilidades en la conservación y uso sostenible de estos recursos, lo que deriva en retos cada vez mayores frente al avance acelerado de pérdida de biodiversidad y un financiamiento cada vez más escaso. En consecuencia, la respuesta ante estas problemáticas debe darse de manera urgente, para lograrlo se viene alentando a los países al fomento de las inversiones en el turismo sostenible y a establecer directrices y reglamentos apropiados, de conformidad con las prioridades y leyes nacionales para promover y apoyar esta actividad.

Todo lo anterior incluye acciones concretas del Gobierno Nacional y la voluntad de los organismos internaciones para apoyar los esfuerzos que se realizan en esta materia, además de consolidar las áreas protegidas yestablecer una legislación coherente con las tareas de conservación.

En consecuencia, consideramos que ecoturismo sí, pero no de cualquier forma. Nuestros parques no son un lugar simplemente para visitar, son mucho más, son nuestro patrimonio, nuestra biodiversidad, nuestra agua y nuestro futuro.

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