| 2012/05/07

La historia de Hilda y Suane

En diciembre pasado, la Agencia Nacional para la Pobreza Extrema (ANSPE) declaró oficialmente a Sopó (Cundinamarca) como la primera Zona Libre de Pobreza.

Sopó es la primera Zona Libre Pobreza
Sopó es la primera Zona Libre Pobreza

Las Zolips, como se conoce esta iniciativa del Gobierno, busca que más colombianos dejen esta condición gracias a la gestión de Red Uni-dos, la empresa privada y la autogestión de las mismas familias.En este momento, 18 municipios de diferentes zonas del país están en la tarea de lograr esa certificación. Tocancipá es uno de ellos. A esta población, ubicada a una hora de Bogotá, llegó hace seis años Suane Molina, con su esposo y sus dos hijos. Llegaron huyendo de la violen-cia que se estaba tomando su pueblo, Chiscas (Boyacá).

Al comienzo vivieron con la cuñada de Suane y como pudieron arrendaron un sitio.Después, gracias a un programa de la Alcaldía, unos ahorros y un préstamo que consiguieron, Suane y su esposo —los dos empleados de cultivos de flores—, consiguieron tener una casa en obra gris, de dos cuartos, un baño, cocina y patio. “Imagínese, logramos nuestra casita. Fue difícil porque lo que ganábamos al-canzaba para pagar el préstamo y la comida, pero con esfuerzo lo conseguimos”.Suane hizo hasta tercero de primaria y su es-poso hasta primero de primaria. “Él sabe firmar su nombre, pero no más. Yo sí me defiendo leyendo”, cuenta ella. Por más de que la co-gestora les ha insistido en que participen en el programa de validación de estudios, no lo han hecho.

“Mi esposo porque tiene una catarata y no ve bien, yo porque he preferido hacer otros cursos”. Suane ha participado en cursos del Sena de manejo de alimentos, lácteos y mani-cure, pero afirma que no le han servido porque sigue desempleada desde febrero. Su esposo tiene empleo por tres meses con la Alcaldía construyendo unas calles, después no sabe qué pasará.En cambio a Hilda Rojas, quien también llegó desplazada de su tierra (Gutiérrez, Cundinamarca) hace 19 años, sí le ha servido la ca-pacitación del Sena. Desde hace un año tiene un empleo fijo cocinando en un restaurante donde gana 20.000 pesos diarios. Logró me-jorar el presupuesto de la familia gracias a la certificación del curso de manejo de alimentos, porque antes, en otros restaurantes, le paga-ban mucho menos, a veces solo 10.000 pesos el día.

Su esposo ahora está desempleado por-que la obra de construcción en la que estaba trabajando paró. “Nos dijeron que hasta nueva orden”, dice con desesperanza.Esta familia, compuesta por los tres hijos de Hilda con su primera pareja (sus hijas ahora viven con sus esposos), está a la espera de que la Alcaldía defina qué va a pasar en el terreno en el que edificó un ranchito con latas y ladri-llos. “No se ha podido legalizar –cuenta Sandra Niño, la cogestora- porque tiene un proceso de sucesión, pero además dicen que está en un terreno de alto riesgo. Hasta que eso se arre-gle no pueden entrar al programa de mejora-miento de vivienda”.

 Ellos igual no se resignan y esperan que la Alcaldía los ayude.Ciento ochenta y nueve familias fueron identi-ficadas en pobreza extrema en esta población. La Fundación Bavaria, Belcorp, Peldar, Exxon Mobil y Kimberly, entre otros aliados, están en la tarea de cambiarles esa condición. “La Fundación Bavaria tiene como misión dar em-pleo a las comunidades donde operamos o a comunidades vecinas. Nos acercamos con al Gobierno para ofrecer cooperación. Vamos a estar en cinco proyectos piloto”, señaló Cata-lina García, directora ejecutiva de la Fundación Bavaria.Un total de 45 municipios de diferentes zonas de Colombia están a la esperan ser Zolips para que puedan decir con orgullo que en ellos ya no hay pobreza extrema

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