| 2012/07/05

Ellos cambiaron su suerte

El combate a la pobreza va de la mano de las mismas comunidades. Así lo han entendido aquellas que con un empujón del sector privado, el sector público y las ONG, lograron darle un nuevo rumbo a su vida. Para la muestra tres ejemplos, de cientos que existen en todo el país.

La siembra de jatropha curcas genera ingresos para los agricultores de Mapiripán, que reemplazaron la coca y la amapola por esta planta. Con el aceite vegetal de su fruto, se alimenta la planta de energía para llevar luz al casco urbano de la zona.
La siembra de jatropha curcas genera ingresos para los agricultores de Mapiripán, que reemplazaron la coca y la amapola por esta planta. Con el aceite vegetal de su fruto, se alimenta la planta de energía para llevar luz al casco urbano de la zona.

Nashira, Aldea solidaria y sostenible Los padres de María Rocío Lizcano no tuvieron otra alternativa que tocar a las puertas de la casa de su hija, en el Barrio Popular de Cali, cuando fueron desplazados de El Hobo (Huila). La mujer no pasaba por un buen momento.

 “Mi esposo no trabajaba por un accidente de tránsito que lo obligó a estar en cama. Como auxiliar de enfermería, solo tenía contratos por meses y lo que ganaba era para sostener a mis hijos y pagar el arriendo. Y ahora, debía acoger a mis padres y cinco hermanos menores en los escasos 60 metros cuadrados de mi casa”, recuerda.Con el apoyo de Ángela Cuevas de Dolmetsch quien les donó un predio en el corregimiento de El Bolo y la Asociación de Mujeres Cabeza de Familia, María Rocío y 87 mujeres más empezaron a comer-cializar papel y otros productos reci-clados. Después, ellas mismas cons-truyeron 41 casas.

 El municipio de Palmira y la Gobernación del Valle les brindaron la asesoría de maes-tros e ingenieros, más un subsidio para los materiales de las plaquetas de las casas; el resto de la obra fue realizada a partir de escombros reci-clados de otras construcciones. Así nació Nashira.Pero tener dónde dormir no era suficiente. Necesitaban dinero para sostener a sus familias. Entonces se organizaron en grupos de ocho casas para pensar en proyectos que genera-ran ingresos.

Uno de ellos es la venta de huevos de 2.500 codornices, que deja más de 600.000 pesos por fami-lia. Otros negocios son la producción y la venta de pollos de engorde, gallinas ponedoras, compuestos de lombrices y plantas ornamentales. Con huertas caseras que crecen bajo estándares sostenibles (establecidos por la Uni-dad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (Umata), se autoabastecen de mandarina, limón, cebollas, lechuga, fríjol, frutos y verduras.“El baño comunal lo hicimos con botellas de agua llenas de arena que recogimos en las marchas por la paz. Las gradas son llantas recicladas y el techo es de tejas hechas a base de escombros.

Tenemos una fuente que construimos con desechos reci-clados, rodeada por ‘biciduchas’ que se activan por la fuerza al pedalear”, comenta Lizcano.

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