“Cuando se trate de él… atiéndalo distinguida y deliciosamente con la champaña de las cervezas”, decía uno de los comerciales de la cerveza colombiana Dorada, ya extinta, en la década de los 50. Entonces las mujeres tenían siete hijos en promedio, no existía la anticoncepción y en su mayoría se dedicaban al hogar, a su prole y su esposo, como lo sugiere esa publicidad. 

Hoy el panorama es muy distinto, por lo menos en las mujeres que habitan en las ciudades. Ellas tienen en promedio dos hijos, tienen acceso a la anticoncepción, gozan de mayor escolaridad que los hombres y cada vez más dejan de dedicarse exclusivamente al hogar para conquistar espacios que antes eran considerados masculinos, como la política y el mundo empresarial. (Editorial: Usted no sabe quién es ella)

Los hombres, por su parte, cada día colaboran en mayor medida con la crianza de los hijos, asumen la corresponsabilidad de las tareas domésticas y algunos, hasta se convierten en amos de casa. Así lo halló la Escuela de Negocios de la Universidad de La Sabana, INALDE, que realizó recientemente un estudio para identificar cómo es percibido actualmente el trabajo doméstico en el país, quién lo realiza y qué habilidades requiere.

La profesora Sandra Idrovo, directora de la investigación, explica que “el tiempo en el que las mujeres se dedicaban solamente al hogar pasó a la historia. Ellas trabajan actualmente tanto o más que ellos, comparten los mismos gastos e incluso, tienen mejores cargos y ganan más”. 
 
Aun así, entre los encuestados persiste la idea de que hay ciertas labores que deben ser ejecutadas por ellas y otras por ellos. Respecto a cómo se reparten estas actividades por género, la cocina (17.04 por ciento) y la limpieza (10.37 por ciento) son tareas que realizan frecuentemente las mujeres y el mantenimiento y las reparaciones locales (15.56 por ciento) es responsabilidad de los hombres.

En los hogares de nivel socioeconómico alto en Colombia cambia el panorama y quien cocina, limpia, lava la ropa y hace el mantenimiento con mayor frecuencia es la empleada del servicio doméstico. La única excepción se da en el cuidado de los niños. (Vea: No más rechazo por ser mujer)

Esta es la principal actividad que las mujeres realizan al interior del hogar, más del 90 por ciento lo están haciendo, independientemente de si están trabajando o no. En contraste, solo el 12.59 por ciento de los hombres tienen a su cargo está responsabilidad. “Sin embargo, este porcentaje refleja un cambio cultural frente a los que ocurría hace 30 años”, comenta Idrovo.
 
La investigación también señala que el oficio “dedicación al hogar”, sea practicado por hombres o por mujeres, no es valorado como se debería y aun no se ha profesionalizado. “Aunque se tiene claro que la persona que dedica al hogar debe ser responsable, tener trato humano, saber comunicarse, solucionar problemas y contar con iniciativa, no se tiene un consenso en el nivel educativo que se requiere, ya que se tiene en el imaginario que solo basta con tener una educación básica”, afirma la investigadora.  
 
“Se tiene la idea que cuando se está en la casa no se hace nada. Pero una persona que se toma cuatro años de su vida para cuidar a sus hijos está desarrollando habilidades de formación y delegación porque estaba organizando su trabajo, además se centra en un microproyecto de atención de un número determinado de personas, por lo tanto su orientación al cliente se ha mejorado”, puntualiza Idrovo.

De ahí la importancia de incluir la economía del cuidado –como también se le llama al trabajo que se realiza en el hogar– al Sistema de Cuentas Nacionales, lo que permitiría medir la contribución de los amos y las amas de casa al desarrollo económico y social del país. Esta iniciativa permitiría además que a estas personas se les reconozca su seguridad social, una pensión y un salario. Por lo pronto, esta profesión, al menos en las mujeres, parece estar en vía de extinción. 

Ficha técnica:

El estudio, realizado por la profesora Sandra Idrovo de la Escuela de Negocios de la Universidad de La Sabana (INALDE) consultó 135 personas, 49 por ciento hombres y 51 por ciento mujeres, mayores de 40 años, de los principales centros urbanos, a quienes se les preguntó por la definición de las labores domésticas, si las consideran trabajo o no, qué clase de tareas forman parte de ellas, qué responsabilidad se asume sobre estas y cómo se cumplen. Igualmente se indagó por quién las hace, con qué frecuencia y si estaba satisfecho(a) o no con el trabajo doméstico que se hacía  en su casa.

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