El plástico es uno de los elementos más contaminantes y las bolsas plásticas (tan comunes en muchos de nuestros comportamientos cotidianos) siguen siendo un gran problema. De ahí que en muchos países se implementen regulaciones para su uso.

Según Mette Wilkie, directora de implementación de política ambiental del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), “cada año, hay entre 10 y 20 millones de toneladas de residuos plásticos (en los océanos), que constituyen una gran amenaza para la vida marina”. Además, se calcula que el costo económico anual de estos residuos llega a los 13.000 millones de dólares.

Como propuesta a esta problemática la empresa indonesia Avani Eco Bags presentó una ingeniosa solución.  Se trata de unas bolsas hechas con fibras vegetales de yuca y resina natural. Sirven como abono, son biodegradables y no son tóxicas. Además, se descomponen en cuestión de meses pero si se sumergen en agua caliente a más de 80 grados centígrados, se disuelven rápidamente, convirtiéndose de manera natural en C02, agua y biomasa.

Incluso los insectos y otros animales  terrestres y acuáticos pueden alimentarse de las bolsas sin correr ningún tipo de riesgo. Otras bolsas biodegradables solo se descomponen gracias a un compostaje industrial, mientras que estas no necesitan un tratamiento especial.

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