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Hace unas semanas un grupo de investigadores se dio a la tarea de analizar qué tan fuerte es la religiosidad en el mundo y los resultados son sorprendentes. China, el país más poblado de la tierra, es a la vez el más ateo. El 67 por ciento de los habitantes se declara en esta condición, otro 23 por ciento dice no creer en una religión, algo que apenas el 9 por ciento declara abiertamente.

Esta información proviene de una encuesta en la que participaron 66.000 personas de 68 países realizada por Worldwide Independent Network of Market Research y Gallup International que tenía como fin evidenciar el cambio de creencias y prácticas religiosas a escala mundial. En el caso de China, los expertos afirman que los resultados se explican por la implementación de medidas como la suspensión de actividades religiosas en establecimientos educativos y el llamado a los padres de evitar todo tipo de adoctrinamiento en sus hijos.

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Suecia, República Checa y el Reino Unido están en el segundo lugar en cantidad de personas ateas. En Suecia, el 18 por ciento se declara ateo y otro 55 por ciento dice no pertenecer a ninguna religión, en República Checa estos resultados son del 25 y el 47 por ciento, respectivamente, y en el Reino Unido son del 11 y el 58 por ciento.

Esto no quiere decir que la fe en el mundo esté cerca de desaparecer. Tal vez todo lo contrario. Según el estudio, el 62 por ciento de los encuestados se declaró religioso. Por países, Tailandia, con el 98 por ciento, Nigeria, con el 97 y Kosovo, India, Ghana, Costa de Marfil y Papúa Nueva Guinea, con el 94 por ciento, encabezan la lista de los países con más fieles y creyentes.

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El informe tiene otros hallazgos interesantes: muchos de los encuestados albergan pensamientos y creencias “trascendentales”, a pesar de que no se reconocen como miembros de ninguna religión. El 74 por ciento cree que las personas tienen alma, el 54 presume que hay vida después de la muerte y el 56 por ciento afirma que existen un cielo y un infierno.

Por último, el estudio muestra que algunas creencias se transforman con la edad. Mientras que el 78 por ciento de los encuestados entre 18 y 24 años cree en Dios, en la franja de 65 en adelante esta cifra cae al 67 por ciento. Esta tendencia se repite en la pregunta sobre si hay vida después de la muerte. El 60 por ciento de los jóvenes dice que sí y apenas el 45 de los ancianos tiene esa concepción. Y también existe, sin duda, un factor económico. A mayor nivel educativo y de ingresos las creencias religiosas tienden a disminuir, concluye el informe. 

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