Durante las últimas horas, el material particulado PM 2.5, catalogado como uno de los contaminantes del aire más perjudiciales para la salud, aumentó sus niveles de concentración en las dos principales ciudades de Colombia.

El ingreso de vehículos particulares luego del puente festivo, detonado por el desacato del aislamiento voluntario por parte de algunos habitantes para contener el covid-19 en el país, contribuyó a que se presentaran aumentos en la polución de Bogotá y Medellín.

A esto se suman factores como la dirección de los vientos y el arrastre del humo de los incendios forestales en el oriente y norte del país y la Orinoquia venezolana, material particulado que incrementa el deterioro de la calidad del aire. 

Bogotá volvió a incrementar sus niveles de polución del aire luego del puente festivo. Foto: Guillermo Torres.

Según la Red de Monitoreo de Calidad del Aire de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA), Bogotá amaneció hoy martes con 11 de sus 13 estaciones bajo niveles de contaminación regulares, panorama que el domingo pasado arrojó índices moderados en toda la red.

Por su parte, la Red de Calidad del Aire del Valle de Aburrá reporta que los 43 puntos de monitoreo arrojan concentraciones de PM 2.5 catalogadas como dañinas para grupos sensibles, como niños y personas mayores.

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Ante esto, 11 académicos de varios centros de investigación del país le hicieron un llamado de alerta al Gobierno nacional para que adopte medidas urgentes para disminuir la contaminación atmosférica, en especial en las fuentes regionales como la quema de biomasa e incendios forestales.

El Parque Nacional La Macarena es uno de los más afectados por los incendios forestales. Foto: Mauricio Ochoa.

La calidad del aire en varias ciudades se ha visto severamente deteriorada en las últimas semanas. Las redes de vigilancia y monitoreo, en las urbes donde existen, han mostrado concentraciones de material particulado que exceden los niveles salubres para la población”, cita el comunicado sobre la contingencia atmosférica de la academia.

Aunque los científicos anotan que ésta es una situación recurrente en los primeros meses de cada año, el panorama durante 2020 ha sido particularmente desfavorable en la mayor parte del territorio nacional.

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“La contaminación del aire en las ciudades se debe a la suma de emisiones de vehículos de todo tipo, de industrias y comercios, resuspensión del polvo de vías y aportes regionales como los incendios forestales, humos de las quemas de biomasa provenientes del Caribe y la Orinoquia colombo-venezolana transportadas por los vientos que, este año, han sido particularmente intensas”.

El humo de las quemas en varias regiones de Colombia y Venezuela no ha permitido que mejore la calidad del aire de Bogotá. Foto: Guillermo Torres.

El grupo de académicos precisa que las autoridades locales pueden imponer medidas para controlar las fuentes de emisión en su jurisdicción, tales como limitar el flujo de transporte de carga, la actividad de las industrias que usan combustibles sólidos y líquidos, y reducir la actividad de vehículos de todo tipo. 

“Estas medidas se adoptan con el fin de reducir las emisiones para impedir que los niveles de contaminación empeoren en las ciudades. Sin embargo, el manejo y control de incendios forestales requiere de la intervención del gobierno nacional e incluso de la interacción con países vecinos”.

El pronunciamiento fue hecho por los docentes Luis Belalcázar, Beatriz Aristizábal, Néstor Rojas y Andrea Hernández (Universidad Nacional); Jorge Pachón y Boris Galvis (Universidad de La Salle); Ricardo Morales y Jorge Bonilla (Universidad de los Andes); Miryam Gómez (Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid); Omar Ramírez (Universidad Militar Nueva Granada); y Dayana Agudelo (Universidad del Norte).

Cerca de 20 incendios forestales fueron identificados recientemente en un sobrevuelo en el resguardo Nukak (Guaviare). Foto: Mauricio Ochoa. 

Crisis por incendios

Luis Belalcázar, profesor de la Universidad Nacional e investigador de calidad del aire, basado en la plataforma Copernicus Atmospheric Monitoring de la Unión Europea, asegura que Colombia y Venezuela atraviesan por su mayor pico de incendios forestales.

“La cantidad de registros reportados en sitios como el Caribe, Orinoquia y Amazonia colombianas y en el territorio venezolano, indican que ambas naciones pasan por su punto más álgido. El Gobierno nacional realmente no ha hecho nada para atender la situación. Solo reacciona cuando la situación se vuelve mediática, como los incendios en los Parques Nacionales Chiribiquete o La Macarena. Todo el oriente y norte del país están bajo las llamas y ninguna entidad reacciona ante eso”.

Guaviare es otro de los departamentos más perjudicados por las quemas. Foto: Archivo.

Además de afectar la calidad del aire de Bogotá, Medellín y Bucaramanga, el humo proveniente de los incendios forestales también causa impactos en departamentos como Caquetá, Meta y Putumayo.

“Pero como estos lugares carecen de redes de monitoreo de calidad del aire, no se han tomado medidas para disminuir el impacto. Si ciudades como Florencia, Villavicencio y Mocoa tuvieran monitoreo de calidad del aire, hoy estarían por lo menos en alerta amarilla”, precisa Belalcázar.

Fuentes móviles y fijas

El llamado de la academia al Gobierno destaca que la restricción de vehículos pesados y la extensión del pico y placa a particulares y motos en las ciudades, pretende mitigar las concentraciones de material particulado en el aire. 

En el caso de los pesados, que suelen usar diésel, son los mayores emisores de partículas por cada kilómetro recorrido. El impacto de los livianos, mayoritariamente a gasolina, se relaciona con el gran número de vehículos y la distancia que recorren a diario. Los vehículos y motos, como los camiones y buses, contribuyen a las emisiones por desgaste de frenos, llantas y vías, y también a la resuspensión de polvo”.

Para los docentes, el impacto de todas las fuentes de emisión en la calidad del aire es un ejercicio complejo. “Algunas ciudades colombianas han dado pasos importantes en cuantificar sus emisiones, en implementar modelos fotoquímicos y en caracterizar de forma más precisa su problemática”.