El año pasado, Daniel Gómez, un hijo del Valle de Upar de 49 años, fue reconocido por la Gran Alianza contra la Deforestación como uno de los tres héroes de los bosques colombianos, proyecto de la Revista Semana, el gobierno de Noruega y el Ministerio de Ambiente al que se presentaron más de 100 iniciativas.

Desde hace seis años, Gómez ha hecho hasta lo imposible por lograr mantener en pie los árboles del bosque seco tropical con más de 25 metros de alto que habitan en 14 hectáreas de su finca El Jardín, ubicada en la vereda Guardapolvos del municipio de Codazzi (Cesar), en las estribaciones de la Serranía del Perijá, donde además tiene cinco nacederos de agua.

Su terruño boscoso es uno de los pocos relictos del bosque seco tropical que queda en el país. Según el Instituto Humboldt, de las más de 9 millones de hectáreas que estaban ocupadas por este ecosistema, hoy no sobrevive más de un millón de hectáreas, su mayoría, en departamentos de la región Caribe.

Daniel Gómez lleva seis años defendiendo a capa y espada las 14 hectáreas de bosque seco de su finca. Foto: Jhon Barros.

Sin embargo, su finca cuenta con varios enemigos a su alrededor. Además de cazadores de animales como iguanas, monos, armadillos, zainos, tigrillos y jaguares, y aserradores de madera de especies como carreto, guáimaro, ceiba y guarumo, algunos de los vecinos del predio hacen constantes quemas sin control para eliminar los rastrojos y cultivar maíz, incendios forestales provocados que ponen en peligro a este hervidero de biodiversidad del Cesar.

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El fin de semana pasado prendieron candela en varias zonas aledañas a su finca para empezar a cultivar maíz, pero debido a los fuertes vientos característicos de la mayor temporada de sequía, las llamas siguieron su curso hacia el predio de Gómez. 

En un cenicero quedaron convertidas dos hectáreas por la quema de árboles de más de cuatro metros de altura. Foto: Daniel Gómez.

Dos hectáreas de mi finca, que contaban con árboles de más de cuatro metros de alto, quedaron totalmente calcinadas. Aunque el fuego no alcanzó a afectar la zona boscosa más importante de mi finca, el impacto fue grave. Quedó desprotegido de vegetación uno de los nacederos, sector estratégico de conservación”, dijo Gómez, quien vive con su familia en Valledupar.

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Cuando el cuidador de la finca lo llamó para contarle que el fuego se había metido en el predio, Gómez tuvo que suspender su aislamiento voluntario por el coronavirus y viajar desde Valledupar a Codazzi. "El panorama que encontré fue dantesco: más de dos hectáreas calcinadas en un área lineal de 383 metros, lo que mide la cerca que divide ambos predios. Fue una incineración total”.

Este costeño intentó dialogar con su vecino, pero no le dio la cara. “Hablé con su señora y le dije que, a diferencia de los campesinos y ganaderos de la zona, yo protegía al medioambiente y a mi bosque, y que esta situación no la iba a tolerar más. Por eso pienso poner una denuncia con las autoridades pertinentes. Si no no hago me van a quemar todo”.

Los vecinos que hacen quemas no controladas para sembrar maíz tienen en riesgo este pedazo de bosque seco. Foto: Daniel Gómez.

Crimen reincidente

No es la primera vez que las acciones del vecino de Gómez causan estragos en su finca, uno de los pocos relictos del bosque seco tropical que ha sobrevivido en Codazzi. Según el propietario, el año pasado, para esta misma fecha, también quemaron dos hectáreas de rastrojos, con palmas y árboles de mediano porte.

“Esa vez divisamos una humareda como de 25 metros de alto que venía de un predio vecino. Con mi ayudante logramos ahogar las llamas  abriendo líneas con machete para que el fuego no siguiera su curso. Pero lo ocurrido hace pocos días fue mucho peor. Todo quedó como un cenicero. Insectos, reptiles, mamíferos y aves quedaron sin hogar”, dice este hijo de valle de Upar.

Gómez demandará a su vecino por atentar contra el bosque que tanto a cuidado. Foto: Daniel Gómez.

Gómez se siente impotente ante la depredación de la naturaleza. “Llevo seis años luchando por el bosque de Codazzi, tiempo en el que me he dedicado a cuidar el bosque. Duele el corazón que en cuestión de minutos todo se pierda por una acción nefasta para sembrar maíz como es la quema. Para recuperar lo que este personaje ha dañado se necesitan más de 20 años”.

Este costeño con alma boscosa afirma que es muy difícil estar rodeado de personas a las que el medioambiente les vale nada. “El fin de semana pasado, en toda la zona fueron arrasadas como 10 hectáreas por el fuego. Las autoridades municipales y departamentales poco hacen. Mi finca está rodeada de incendios y nadie me ayuda a controlarlos”.

Cuando recorría las zonas quemadas de su finca, encontró puntos de cacería de ñeques y otros animales. “Las personas se montan en las palmas para esperar que llegue un animal y matarlo. A cada rato se meten a mi finca para cazar iguanas, una de las especies más consumidas y vendidas en la región”.

Son pocos los relictos del bosque seco que han sobrevivido en Codazzi. La finca de Gómez cuenta con 14 hectáreas de este ecosistema. Foto: Jhon Barros.