“Ceres no un cuerpo estático, sino que tiene actividad sísmica y océanos”. Esa fue una de las conclusiones de los investigadores de Nature, la revista científica que esta semana publicó un compilado de siete estudios que analizan los resultados obtenidos por Dawn: la sonda espacial enviada hace más de 10 años al planeta para estudiarlo.
Ceres -cuyo nombre es en honor a la diosa romana del maíz y las cosechas- no siempre fue planeta. En 1801 Giuseppe Piazzi lo descubrió y poco a poco empezaron a considerarlo como tal. De hecho, primero fue asteroide y posteriormente lo catalogaron como un planeta enano en 2016. Tiene un radio de 476 kilómetros, tarda casi cinco años en darle la vuelta al Sol y es el único de este tipo en el Sistema Solar.
Está ubicado en el cinturón de asteroides entre Marte y Júpiter, y siempre ha llamado la atención de los científicos. A raíz de esto, la NASA decidió enviar una sonda espacial para ampliar la información que existía sobre este cuerpo celeste.
Después de siete años y medio de viaje, la sonda Dawn llegó a Ceres en 2015. Se situó en la órbita correspondiente y se convirtió el primer planeta enano en recibir una astronave.
Desde ese momento empezó a recopilar datos y en 2018 dejó de transmitir imágenes a la NASA por problemas técnicos. Sin embargo, la información obtenida durante esos años ayudó a conocer mejor el planeta y están plasmada en los siete estudios publicados en Nature.
La fase final del viaje de Dawn fue clave: logró estar a solo 35 kilómetros del cráter Occator, uno de los más grandes de Ceres con cerca de 22 millones de años. Los científicos ya lo tenían identificado por su tamaño y por ser fundamental para entender cómo se forma el hielo allí.
Aquí se puede ver el cráter Occator desde las imágenes tomadas por la sonda Dawn. Foto: NASA/JPL-CalTech/UCLA/MPS/DLR/IDA
Uno de los hallazgos demostró que en Occator había hidrohalita, un mineral presente en el hielo del mar y del cual solo había registros en la Tierra. Esto explica la teoría de que en Ceres había agua, pues uno de los compuestos de la hidrohalita es el agua líquida y esto pudo hacerlo un planeta habitable en su momento.
Por otro lado, encontraron puntos brillantes en el piso de Occator conocidos como fáculas, el material más brillante de Ceres. Uno de los posibles orígenes de estas puede ser la erupción de salmueras (agua muy salada) entre la corteza y el manto. Probablemente el impacto que produjo el cráter Occator fracturó el suelo y allí salió el agua.
Esto significa que hay agua líquida bajo la superficie de Ceres, un mundo océanico como en las lagunas de Júpiter y Saturno”, según explicó María Cristina de Sanctis, una de las autoras del estudio.
Además, con ayuda de las imágenes de alta resolución de la sonda espacial, descubrieron que hubo un periodo reciente de actividad criovolcánica (de un volcán extraterrestre de hielo y agua) que pudo empezar hace aproximadamente nueve millones de años.
Los hallazgos de esta exploración son muy importantes para la incansable lucha de los científicos por encontrar vida fuera de la Tierra.