La última Niña llegó al país hace 10 años y difícilmente se va a olvidar. Porque dejó un saldo dramático: 323 muertos, 312 heridos, 66 desaparecidos, 568.438 viviendas afectadas, 1.642.108 hectáreas inundadas y 2.350.207 personas damnificadas, en 998 municipios, de 28 departamentos, según el Reporte final de áreas afectadas por inundaciones del Dane, Igac e Ideam.

Se trató, según los expertos, de la ola invernal más devastadora de los últimos 50 años, que puso al descubierto la debilidad del país frente a la preparación y respuesta ante los desastres naturales.

Hoy, el fantasma vuelve a rondar. Todas las condiciones meteorológicas y atmosféricas están dadas para que este año este fenómeno regrese y se extienda hasta marzo de 2021, de acuerdo con los pronósticos del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), que advierten que existe un 75 por ciento de posibilidades que esto suceda. 

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A través de sus entidades el Gobierno ha sido más que cauto al momento de hablar del tema pese a que el país enfrenta ya un coctel de condiciones que prevén meses de alto riesgo. 

Omar Franco, ex director del Ideam, dice que Colombia está en una alta condición de riesgo por la acumulación de lluvias de los últimos meses lo que ya saturó los suelos e incrementó el flujo de ríos y quebradas. Esto genera mayores posibilidades de deslizamientos y crecientes súbitas. 

Saturación de suelos

Julio y agosto, que tradicionalmente son meses más secos, en 2020 estuvieron lluviosos. Adicionalmente, según los pronósticos del Ideam, la segunda temporada de lluvias, que inició a mediados de septiembre, tendrá volúmenes superiores a los que se registran normalmente para esta época del año.

Las lluvias en esta segunda temporada del año estarán entre 40 y 60 por ciento por encima del promedio normal para esta épica del año. 

Yolanda González, directora del Instituto, dijo que en octubre y noviembre se podrían registrar lluvias entre 40 y 60 por ciento por encima de lo normal y que las regiones Caribe, Andina, Pacífica (norte) y Orinoquia, así como el norte de Chocó, el occidente de Antioquia, el Golfo de Urabá, la Sierra Nevada de Santa, Santander, el Eje Cafetero y Norte de Santander serán las más impactadas por riesgo de inundaciones, deslizamientos, vendavales y crecientes súbitas.  En otras palabras, todo el país.

A estas condiciones se suma la alta probabilidad de que se consolide La Niña entre octubre y noviembre, que adicionará más lluvias, independiente de que sea débil, moderada o fuerte.

Franco, que estuvo al frente del Ideam en la pasada Niña, considera que el país debe activar ya el sistema de gestión del riesgo, pues todas las modelaciones de las agencias internacionales apuntan a que este fenómeno climático se consolidará en los próximos meses y - según él - no estamos preparados para eso. 

“Se ha dicho que habrá mayores niveles de lluvia en los meses que vienen, pero no se ha afirmado con certeza que existe otra condición que incrementa los riesgos”, dice el experto quien cree que alguien debe tomar la vocería y mandarle al país un mensaje claro, efectivo, técnico y con certidumbre de cuál es la realidad. 

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“Se tiene que hacer un ejercicio de prevención desde ahora, es la única manera de mitigar los efectos que pueden generar las nuevas condiciones climáticas. No se puede esperar. Todos los sectores deben activarse ya para enfrentar la nueva temporada con unos protocolos definidos”, plantea Franco al insistir en que con estas decisiones no se puede ser políticamente correcto, pues la vida de muchas personas está en juego y lo mejor ante estas realidades climatológicas es la prevención.

Christian Euscátegui, director de la maestría en Gestión del Riesgo y Desarrollo de la Escuela de Ingenieros Militares y asesor de la Unidad Nacional para la Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD) en temas de  tiempo y clima, coincide con estas apreciaciones y añade que a las condiciones de amenaza por deslizamientos, inundaciones, avenidas torrenciales y demás, se suma la problemática socioeconómica, especialmente asociada la pobreza que abunda en el país, lo cual da lugar a que sea “inevitable”.

Información basada en monitoreo

Por esta razón considera importante la difusión continua de información basada en el monitoreo y seguimiento no solo de los parámetros oceánicos y atmosféricos que definen La Niña, sino de acumulados de lluvia antecedente para tener señales de saturación en los suelos. “La interacción constante entre el Ideam y las entidades territoriales será fundamental para que se amortigüen los efectos desastrosos que pudiese ocasionar un evento de origen hidrometeorológico”, indica.

Las regiones Caribe y Andina serán las más afectadas por las fuerte lluvias de esta última parte del año. Foto: Archivo Semana

“En este momento, Colombia enfrenta un periodo de transición en el que se registran mañanas soleadas y tardes pasadas por lluvias intensas y hasta granizo y tormentas eléctricas, en algunas regiones. En octubre se adicionará otro componente: los fuertes vientos que llegarán acompañados de lluvias más intensas como consecuencia de que las precipitaciones comienzan a desplazarse desde la región Caribe hacia el centro del país”, explica la directora del Ideam.  

A la funcionaria le preocupa que crezcan ríos y quebradas en la región Andina porque transportan altos volúmenes hacia grandes afluentes como el Magdalena o el Cauca que llegarán a sus máximos niveles a finales de noviembre y a principios de diciembre a la Costa Caribe, en donde pueden presentarse graves inundaciones. 

Ante este panorama surge la pregunta: ¿Colombia está preparada para otro fenómeno de La Niña? 

Desde el Ideam y la UNGRD aseguran que sí. No obstante, los expertos opinan lo contrario. En la UNGRD dicen que desde el 2011 hasta ahora se ha avanzado en diferentes frentes a nivel normativo, operacional, logístico, institucional y técnico. Destacan, por ejemplo, la adopción de la política nacional de gestión del riesgo de desastres y el establecimiento del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SNGRD), así como la creación de esa entidad, al igual que del Fondo Adaptación y el Batallón de Ingenieros de Atención y Prevención de Desastres.

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Sostienen que hay una articulación entre las entidades que conforman el SNGRD y se ha venido realizando un arduo trabajo educativo en función de la prevención, que sumado a las obras de mitigación han permitido reducir el riesgo en zonas que históricamente eran de desastre. 

“Solo entre 2012 y 2017 se realizaron más de 5.490 obras de mitigación, con una inversión superior a los 12 billones de pesos. En esa medida y teniendo como base las lecciones aprendidas de los eventos pasados, pensamos que estamos preparados para afrontarlo”, señaló la UNGRD. 

La entidad recalcó que ya se cuenta con un plan nacional de contingencia para atender la segunda temporada de lluvias. Aseguraron, además, que en los 1.103 municipios de Colombia existen organismos operativos de socorro, representados en Bomberos, Cruz Roja, Defensa Civil, Policía, Ejército, Fuerza Aérea y Dirección General Marítima.

Informaron que el país cuenta con dos sistemas de alertas tempranas nacionales para fenómenos hidrometeorológicos (La Niña y El Niño, y ciclones tropicales), al igual que 12 sistemas territoriales para inundación, ubicados en 10 departamentos, seis sistemas para avenidas torrenciales en igual número de departamentos y uno de movimientos de masa situado en Boyacá. También señalaron que se cuenta con tres sistemas de alertas tempranas multiamenaza situados en Antioquia, Bogotá y Sucre. 

Alertas multiamenaza

“Es necesario seguir en esta línea y apostarle a la implementación de sistemas de alertas tempranas multiamenaza, donde podamos atacar diversas amenazas con comunidades comprometidas y preparadas, y con gestores del riesgo a nivel municipal y departamental que tengan pleno conocimiento de su territorio y de sus diferentes actores”, explicaron. 

Expertos lacen un llamado para que se adopten las medidas de precaución para evistar inundaciones. Foto: Archivo Semana

Para esta entidad la condición de riesgo va muy de la mano con la problemática socioeconómica, pues sostienen que “el riesgo se construye”.

“El hecho de que llueva no es el problema, en realidad tiene que ver más con la forma cómo habitamos el territorio. Si hay protección de las rondas hídricas, si no hay deforestación, si se respetan los planes de ordenamiento territorial, si se hacen las obras basadas en estudios bien elaborados, si se toman decisiones con criterio basado en el conocimiento del riesgo de desastres, habrá menores amenazas”, apuntaron. 

Carlos Fonseca, exdirector del Ideam y de Colciencias, sostiene que, aunque el país ha avanzado en materia de gestión del riesgo, todavía tiene carencias fuertes de conocimiento que le permitan dar mejores respuestas.

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“Necesitamos asumir como propósito nacional restaurar cuencas y ciénagas e innovar en el ordenamiento territorial para habilitar zonas que permitan actividades socioeconómicas en situación normal y sean fusibles cuando haya exceso de agua, conteniéndola temporalmente”, afirma. Para él es fundamental parar de desecar las ciénagas.

El Gobierno nacional, junto a los mandatarios regionales y locales, así como las comunidades aún tienen muchas tareas pendientes. Ajustar los planes de ordenamiento territorial, fortalecer los sistemas de alertas tempranas, reubicar definitivamente a las familias que se encuentran en zonas de riesgo, organizar las cuencas hidrográficas, adelantar planes de reforestación efectivos, mejorar los organismos de socorro y ejercer un mayor control sobre licencias de construcción cerca de la ribera de los ríos, son solo algunas. 

Porque lo cierto es que La Niña está a punto de llegar. Y esta vez las lluvias no pueden ahogar a Colombia.