Durante las últimas semanas, los movimientos estudiantiles a favor del planeta han tomado magnitudes inesperadas. Liderados por la carismática estudiante sueca Greta Thunberg, los jóvenes nacidos en la era del cambio climático le quieren hacer ver a las generaciones actualmente en el poder que su respuesta ante el desafío ambiental que afronta la humanidad es, irónicamente, muy “tibia”. Apuestas como la inversión en energías renovables y las estrategias para preservar los bosques han sido incrementales y solo le han añadido un toque verde a la lógica del crecimiento económico. Los estudiantes piden acciones contundentes e inmediatas.

El movimiento se ha vuelto viral a través de las redes sociales y se han registrado manifestaciones en decenas de países en todos los continentes. Vale la pena resaltar que el movimiento nació en Suecia, uno de los países más desarrollados y conocido por el compromiso de su gobierno y de su sociedad con el medio ambiente.

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En China, al contrario, durante décadas el pacto social implícito ha estipulado que los ciudadanos confían plenamente en el Partido Comunista, renuncian a algunas de sus libertades políticas y civiles, el Partido moviliza al país en un solo sentido, hacia el crecimiento económico.

Este pacto ha funcionado bien durante décadas y prueba de ello es el milagro económico chino. Sin embargo, desde hace años el medioambiente le está pasando la factura de este crecimiento acelerado a los chinos. La polución del aire se ha vuelto un tema político de la mayor relevancia. Si un tema moviliza hoy en día a la sociedad china para presionar a sus gobernantes, se trata del tema ambiental. El Presidente Xi declaró la guerra contra la polución en 2014 y si bien se han visto progresos en las principales ciudades del país, el smog, palabra de que no tenía traducción en mandarín hasta hace un par de décadas, sigue siendo un problema mayor, especialmente en el norte del país. En semanas anteriores el Primer Ministro Li Keqiang afirmó que, ante la desaceleración de la economía china, la prioridad es el empleo y no el medio ambiente.

En uno de sus últimos twits, Greta asegura que China es uno de los países donde se ha presentado apoyo hacia la causa. Vivo en Pekín y me causó curiosidad saber si en efecto se están dando manifestaciones similares. La cultura china donde la jerarquía y la edad juegan un papel preponderante y donde las libertades cívicas de manifestación en la vía pública, de expresión y de prensa están muy restringidas no parece compatible con este movimiento social.

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Como bien es sabido, el ecosistema digital en China es completamente diferente al del resto del mundo, dada las restricciones de acceso a las redes sociales no controladas por el gobierno chino. Sin embargo, la información fluye y en la red de micro blogs Weibo se ha hablado del tema. Un vistazo a a este portal basta para darse cuenta de que el tema no ha recibido tanta atención como en otros países. Sin embargo, se encuentran puntos de vista divergentes a la vez de cuentas personales y de cuentas de medios de información.

Por un lado, algunos comentarios, incluidos los de China Daily -periódico propiedad del gobierno chino- son muy similares a los que se puede leer en twitter: resaltan el coraje de la niña y todo el abanico de problemas que la inacción frente al cambio climático puede traer. Por otro, ciertos usuarios, apunta que la huelga por el clima difunde ansiedad e incita a personas sin conocimiento a participar en discusiones científicas, lo cual es deshonesto y antiético. Existe una expresión en mandarín que literalmente significa “traficar con la ansiedad”, ampliamente usada por instituciones públicas en desacuerdo con ciertos temas tratados en la prensa.

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El cambio climático no le es ajeno a los ciudadanos chinos. Si bien movimientos como el de la huelga por el clima no se pueden dar en China dada la cultura y las leyes del país, problemas como el de la calidad del aire, de actualidad en Colombia por estos días, han llevado a los chinos a pedirles cuentas a sus gobernantes como nunca antes.