Se trata de otro de los avistamientos que se da en el país en plena cuarentena para evitar el contagio por la covid-19.  De manera tranquila dos dantas de la montaña, tan inusuales de ver, pasan en medio de la carretera que conduce de Ísnos a Paleterá. Al percatarse de la presencia de los humanos uao coge camino hacia los arbustos y la otra, que bebía agua de un pozo en la vía, se queda estupefacta y sin mayor reacción.

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La danta de la montaña se encuentra entre los mamíferos más amenazados en el país. Es una de las cuatro especies de tapir que existentes en América Latina y se distingue por su denso pelaje negro. Mide en promedio 1,8 metros de longitud, su altura puede llegar al metro y puede alcanzar un peso de 250 kilos.

La caza y su enorme dependencia de los ecosistemas altoandinos y de páramo han hecho que esta especie se encuentre en peligro de extinción. De hecho, este herbívoro que se alimenta de plantas y tallos es afectado principalmente por la ganadería extensiva, la ampliación de la frontera agrícola y la deforestación.

La preservación de esta especie es fundamental ya que cumple la función de dispersor de semillas gracias a las grandes distancias que recorre. Estas son esparcidas a través de sus excrementos y así se permite el crecimiento de los bosques. 

Pueden vivir cerca de 20 años años y se reproducen muy lentamente. En Colombia la danta de la montaña puede verse en departamentos como Nariño, Huila, Cundinamarca, Tolima y Quindío. Sin embargo, la información sobre su población y distribución es muy escasa.