Colombia es el país con mayor cantidad de aves en el planeta, con un total de 1.999 especies de avifauna registradas, de las cuales 82 son endémicas o únicas y 158 hacen presencia en su ruta migratoria, según el Sistema de Información sobre Biodiversidad (SiB).

Uno de los principales insumos para llegar a este dictamen biodiverso, cifra que varía constantemente debido a los avistamientos de ornitólogos y ciudadanos amantes de las aves, se registró hace más de 100 años, cuando el Museo Americano de Historia Natural de los Estados Unidos realizó la primera gran expedición sobre la avifauna en el país.
 
Entre 1911 y 1915, el ornitólogo Frank M. Chapman lideró ocho expediciones por 74 localidades colombianas, en las cuales fueron recolectadas cerca de 16.000 especímenes de 1.300 especies de aves que hoy en día reposan en las colecciones ornitológicas del museo y la Universidad de Cornell.

 Algunos de los expedicionarios en Honda. Foto: Expediciones BIO Alas, cantos y colores

Según Natalia Ocampo, ecóloga y experta en conservación de aves del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, el trabajo liderado por Chapman fue, para la época y pese a las limitaciones de tiempo, una de las más completas que se haya realizado en territorio colombiano. Chapman y su equipo, quienes destinaron cerca de cuatro años al análisis de lo que encontraron, generaron una base de datos que aún se mantiene.

Para recolectar las aves, los expedicionarios norteamericanos hacían uso de escopetas. “Es difícil saber qué tanto se movían en el terreno, ya que esos datos no hacen parte de los textos de la expedición. Llegaban al sitio, reportaban el tiempo y recolectaban las aves. Luego preparaban las pieles para que se pudieran conservar y las llevaban al museo para estudiar y describir las especies y su distribución; todo ese conocimiento se iba del país y era publicado por los expertos extranjeros”, aseguró Ocampo.

 

Colibrí amazilia de cola rufa (Amazilia tzacatl) en los bosques del Tolima. Foto: Sebastián Didomenico.


 
Con el paso de los años, los expertos han realizado diversas expediciones sobre aves en el territorio nacional, como las lideradas por el Programa Colombia BIO recientemente.
 
Un siglo después del trabajo realizado por los expedicionarios norteamericanos, el Instituto Humboldt y el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia le dieron marcha a una nueva expedición.

Se trata de BIO: Alas, Cantos y Colores, una alianza con la Universidad de los Andes, la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, la Universidad de Cornell y el Museo de Historia Natural, que cuenta con la financiación del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación en el marco de Colombia BIO.

El objetivo de esta nueva expedición es estudiar los cambios presentados en la avifauna durante los últimos 100 años en cinco lugares del país que fueron recorridos por Chapman y su equipo: Fusagasugá (Cundinamarca), Honda (Tolima), San Agustín (Huila), Morelia (Caquetá), y Barbacoas (Nariño), además de informar sobre prácticas de desarrollo sostenible como el ecoturismo.

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“Estamos estudiando las aves a profundidad y repitiendo los recorridos realizados hace más de un siglo. Esa manera estandarizada y juiciosa de hacer expediciones en varios lugares con el mismo método no había pasado desde la llegada de Chapman y su equipo. Estamos creando la nueva historia de las expediciones de aves, un nuevo hito para la ciencia”, precisó Ocampo, coordinadora de BIO: Alas, Cantos y Colores.
 
Diez expedicionarios hacen parte de este viaje al pasado: cinco ornitólogos expertos del proyecto y cinco ornitólogos invitados locales, como estudiantes de biología y personas de la comunidad con conocimiento sobre las aves.

 

Picumnus olivaceus (carpenterito oliváceo?) en los bosques tolimenses. Foto: Sebastián Didomenico.
 
No es cuestión de azar

Los cinco municipios que hacen parte de las nuevas expediciones sobre aves no fueron escogidos al azar. Cada uno cuenta con ecosistemas distintos e historias de trayectoria de cambio del paisaje.
 
Morelia hace parte de las tierras bajas de la Amazonia y Barbacoas de las bajas del Pacífico. Los municipios andinos, Fusagasugá y San Agustín, albergan bosque alto andino y andino respectivamente, mientras que Honda es el único con bosque seco que fue visitado por Chapman.
 

Poecilotriccus ruficeps encontrado en los bosques de Fusagasugá. Foto: Andrés Cuervo.

“Hay regiones que antes tenían mucho bosque, un recurso que han perdido a gran escala en el último siglo. Tal es el caso de Morelia en Caquetá, un lugar que los expedicionarios del Museo Americano de Historia Natural describían como un bosque que no tenía fin y ahora hace parte de la frontera de deforestación en Colombia”, informó la coordinadora de Alas, Cantos y Colores.
 
Barbacoas en Nariño es un sitio donde ha sobrevivido gran parte de la cobertura boscosa que fue apreciada por Chapman y su equipo, mientras que en San Agustín el bosque ahora cuenta con paisajes productivos de café.
 
“Fusagasugá es un lugar bastante habitado y fragmentado donde es difícil encontrar bosque. Cada sitio tiene una historia diferente que nos permitirá entender cómo las aves responden a los cambios en el paisaje de los últimos 100 años”, dijo Ocampo.

En septiembre del año pasado arrancaron las expediciones en Fusagasugá, municipio donde el Humboldt y la Universidad Nacional ya culminaron el proceso social. A finales del 2020 los expedicionarios terminaron el estudio de aves en Honda, y este año el turno será para San Agustín, Morelia y Barbacoas.

Ojo de Piaya cayana (cuco ardilla común) fotografiado por Sebastián Didomenico.
 
 
Primeros resultados de Fusa y Honda 

Aunque los datos de los dos primeros municipios donde ya culminaron las expediciones aún son procesados por los expertos, ya Ocampo tiene algunos resultados preliminares. En Fusagasugá van 170 especies de aves reportadas y en Honda 167, algunas de las cuales no aparecen en la expedición de Chapman, situación que es posible que tenga quue ver con el abandono del lugar al necesitar grandes cantidades de bosque.
 
Sin embargo, también aparecieron nuevas especies que no estaban incluidas en la expedición histórica, algo que la experta relaciona con los nuevos métodos utilizados para los registros. “En el pasado sólo utilizaban una escopeta para la recolecta de aves. Nosotros hacemos censos de observación, estudiamos los datos que ya existen y realizamos una expedición de colecta más exhaustiva”, complementó la ecóloga.

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Uno de los principales resultados en Fusagasugá fue una gran cantidad de especies de aves generalistas que se caracterizan por habitar en zonas abiertas o de cultivos, las cuales fueron identificadas en los fragmentos boscosos del municipio.

 


Saltator striatipectus en los bosques de Honda. Foto: Sebastián Didomenico.

 
En Honda, donde este año se llevará a cabo la socialización con las comunidades, uno de los sitios más estudiados fue la hacienda El Triunfo, predio que ha pertenecido a la misma familia durante 130 años y la cual fue recorrida por Chapman.
 
“Esta hacienda, ubicada en el Magdalena Medio, cuenta con una de las manchas más grandes de bosque seco en Colombia. Analizando muy por encima los datos recolectados podemos ver que sí aparecieron muchas de las especies de aves registradas hace más de 100 años, lo que está relacionado a la estabilidad de la cobertura boscosa”, indicó Ocampo.
 
Participación ciudadana
 
En las diversas expediciones BIO realizadas por el Instituto Humboldt en el país, uno de los grandes aprendizajes es la importancia de la participación de las comunidades y los expertos locales.
 
Según Ocampo, las expediciones históricas empezaron con un equipo de expertos que estudiaba la especies en el territorio sin interactuar con la comunidad. “Aunque se descubrían nuevas especies, este trabajo tenía poco impacto en el territorio. A medida que aumentó el programa Colombia BIO fue incorporándose el componente social, como sucedió en Boyacá BIO y Santander BIO”. 

Alas, Cantos y Colores tomó esos aprendizajes, tanto así que dos de los tres componentes del proyecto son sociales. “Uno de ellos es sobre aviturismo, algo innovador que pretende utilizar la información científica para generar una alternativa económica a las poblaciones rurales donde habitan las aves. La mitad de nuestro equipo en cada expedición es local”.

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Los científicos locales son protagonistas en las expediciones, profesionales que tienen un gran conocimiento sobre las aves de los territorios. “En Fusagasugá y Honda contamos con ornitólogos de Cundinamarca y Tolima. Esto nos aporta mucho en términos de biodiversidad y en la relación con las comunidades”, afirmó Ocampo.
 
Antes de cada expedición, el Instituto Humboldt realiza una pre-salida de campo al territorio para conocer a las autoridades locales, juntas de acción comunal, líderes ambientales y dueños de los predios. Luego, en varias reuniones, los expertos socializan a la comunidad los detalles del proyecto y los guías locales que participarán.

 


El doctor Daniel Cadena observando aves en la Hacienda El Triunfo, en Honda. Foto: Sebastián Didomenico.

 
“Cuando culminan las expediciones y analizamos todos los datos recolectados, regresamos al territorio para realizar los talleres de diálogo y apropiación social con la comunidad. Con las personas que tienen el conocimiento sobre las aves estamos haciendo mapeos comunitarios tanto visuales como sonoros. Esto nos permitirá construir un mapa interactivo con el sonido de las aves identificado por la población”, informó la experta.
 
Además de conocer los cambios en la avifauna durante el último siglo, las comunidades de los cinco municipios que hacen parte de Alas, Cantos y Colores contarán con una nueva alternativa: una ruta nacional de aviturismo.
 
Según Ocampo, esto será posible a través de alianzas estratégicas con guías o proveedores comunitarios que hacen aviturismo en las zonas y diversas organizaciones de nivel nacional como Procolombia y la Sociedad Estadounidense Audubon.
 
“Queremos crear un tour único en el mercado con un componente de historia y ciencia a medida que se observan las aves. Es decir que narre, por ejemplo, que un pájaro fue descubierto por Chapman hace 100 años y hoy le están secuenciando el genoma para ver cómo ha cambiado su población. Esto no existe actualmente en el mercado”.
 


Juliana Soto, coordinadora de las expediciones, sosteniendo una hembra de Sporophila intermedia.  Foto: Sebastián Didomenico.