Cada 12 de agosto se conmemora la existencia de uno de los animales más imponentes del mundo: el elefante. Por desgracia y a pesar de su importancia, cada vez hay menos ejemplares de este mamífero en el mundo y una eventual extinción podría ser fatal para los lugares donde habitan. 

Les dicen ingenieros del ecosistema porque son dispersores de semillas y con esto promueven la estructura y diversidad de los bosques o sabanas en las que viven. “Nos gusta decir que son nuestros mejores aliados para combatir el cambio climático porque como son herbívoros, se alimentan y mueven las semillas de los frutos a otros sitios y nos ayudan a reforestar ciertas áreas donde se ha deforestado”, explica Antonio de la Torre, explorador de National Geographic, biólogo y experto en mamíferos. 

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Elefantes en un santuario de Laos, uno de los lugares donde el explorador mexicano hizo sus investigaciones. Foto: National Geographic

De la Torre ha trabajado casi toda su vida para preservar los jaguares en México, su país de origen. Pero recientemente tuvo la oportunidad de viajar a Asia con National Geographic para estudiar los movimientos de los elefantes. Esto con el fin de mejorar las estrategias de conservación de la especie y buscar mecanismos para mitigar el conflicto entre humanos y elefantes en este lugar del mundo. 

Durante su travesía pudo ver que las dos subespecies que tanto los elefantes africanos como los asiáticos, están amenazadas. La caza para traficar ilegalmente las partes del cuerpo de estos animales, la destrucción masiva de su hábitat con la deforestación, por ejemplo, y el adiestramiento para fines económicos, son los embates que viven los elefantes.

Antonio de la Torre, biólogo y experto en mamíferos. Foto: National Geographic

Se dice que a principios del siglo XX había unos cinco millones de elefantes africanos en el mundo. Pero hoy en día esta cifra puede estar por debajo de los 600.000 ejemplares. En cuanto a los asiáticos los datos tampoco son alentadores pues en los últimos 200 años han perdido 95 por ciento de su distribución histórica y sólo están en algunos sectores de su área de distribución: el Sudeste Asiático. Según explica De la Torre, los segundos están en mayor riesgo de extinción que los primeros. 

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Lo que más preocupa es que es una especie muy difícil de repoblar pues tiene una tasa de natalidad muy baja. Las hembras maduran sexualmente a los 10 u 11 años y los machos a los 15. Además, el periodo de gestación puede ir de los 18 a los 22 meses, y pueden tardar hasta cinco años en volver a quedar embarazadas.

El adiestramiento y cautiverio de estos animales los ha llevado a sufrir graves daños no solo a nivel físico sino psicológico. Diana Muñoz, la colombiana que protege animales en Tailandia, contó hace algunos días en entrevista con SEMANA SOSTENIBLE, que los bebés elefantes en cautiverio muchas veces se suicidan pisándose su trompa porque no soportan los niveles de estrés a los que son sometidos en estos lugares. 

El documental Love and Bananas, de National Geographic, muestra el rescate de un elefante asiático ciego de 70 años que estaba en cautiverio. Además evidencia el maltrato al que son sometidos durante el adiestramiento. Foto: National Geographic 

“Es muy violento, se los quitan desde que son pequeños a sus madres y crean un daño psicológico tanto a los bebés como a las elefantas. Los encierran en una jaula de madera hasta que el animal obedece. Cuando el mahout -persona que los adiestra- logra montarse sobre él, lo castiga con un gancho de hierro para que obedezca. El proceso es muy violento y muchos elefantes mueren”, cuenta el biólogo mexicano.

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Por eso una de las mejores formas en las que los ciudadanos podemos ayudar a los elefantes, desde cualquier parte del mundo, es evitar ir a estos lugares. Especialmente en el Sudeste Asiático donde hay muchos lugares que ofrecen paseos encima de elefantes, fotos con ellos y hasta verlos hacer piruetas. Muchos turistas acceden a hacerlo porque no están conscientes del maltrato por el que los elefantes pasaron para ser adiestrados. 

En su lugar es mejor informarse y apoyar a los santuarios en donde velan por el bienestar y felicidad de estos animales. De hecho estos lugares son claves para los elefantes, porque muchos no se logran adaptar a la vida libre y es ahí donde los santuarios son la solución para sacarlos de cautiverio.

Un ejemplo reciente es el de la elefanta Mara, a la que en plena pandemia trasladaron de un zoológico en donde vivía en condiciones precarias, a un santuario de elefantes en Mato Grosso, Brasil. El viaje de 2700 kilómetros y varios días fue complejo, pero valió la pena pues ahora la elefanta asiática vive en un lugar seguro y adecuado para ella.

De otro lado, consumir productos que provengan de plantaciones de palma de aceite sustentable, es decir con sello verde, también puede ayudar a preservar los elefantes. “En el Sudeste Asiatico la mayor amenaza para los elefantes es la industria de palma de aceite. Cada año se pierde muchísima selva por su siembra. Entonces podemos reducir nuestro consumo de productos que contengan palma de aceite como algunos chocolates o galletas, la crema de dientes y hasta shampoos”, dice Antonio de la Torre. 

Humanos versus elefantes

Uno de los retos más difíciles es aquel entre los humanos y los elefantes. El hombre ha destruido masivamente el hábitat de este mamífero, se ven obligados a moverse a otros lugares, más cerca de los humanos como zonas de cultivo de arroz, palma de aceite u otros cultivos. “Los elefantes se alimentan de eso y muchas veces destruyen las plantaciones, generando pérdidas económicas para las comunidades locales. Muchas veces lo que pasa es que la gente en venganza les pega, envenena o los mata”, explica el experto. 

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Elefante de vida libre en la Península de Malasia, durante el trabajo de Antonio de la Torre. Foto: National Geographic

El conflicto, sin embargo, no se detiene ahí porque los elefantes también suelen reaccionar de manera muy agresiva contra los humanos. Según cifras de De la Torre, en India, por ejemplo, mueren 400 personas al año por conflictos con los elefantes, y cerca de 100 paquidermos y en Sri Lanka, 60 personas mueren al año. 

Por eso es tan importante solucionar estos enfrentamientos de una forma que asegure el bienestar de las personas y de los elefantes para que puedan coexistir. Pero que el hombre deje de destruir el hábitat de esta especie podría ser un primer gran paso. 

La mayoría de elefantes en cautiverio no se adaptan a la vida libre. Es por eso que los llevan a santuarios para que vivan en las mejores condiciones, como este elefante en un santuario de Laos, en el Sudeste Asiático. Foto: National Geographic