Para el 2030, al menos 50 % de la tierra y de los océanos debe estar protegido, restaurado y aprovechado de manera sostenible. Tenemos diez años para lograr que, al menos, la mitad de la producción y patrones de consumo sean sostenibles si se quiere mantener los beneficios que la naturaleza nos brinda y el equilibrio natural del planeta. Así lo planteó Kavita Prakash-Mani, encargada de abrir la sesión de WWF y la Coalición para la Alimentación y Uso del Suelo (FOLU) durante la reunión anual de la TFA que concluyó esta semana.

El llamado es contundente y urgente. Lo mínimo que podemos hacer es conservar lo que queda, proteger lo que se está perdiendo y restaurar lo que perdimos. Los objetivos son claros y la evidencia científica irrefutable, pero los países aún no plantean compromisos lo suficientemente ambiciosos para hacer de estas metas una realidad cada vez más cercana.

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La directora de conservación de WWF-Internacional habló con Semana Sostenible sobre algunos de los desafíos más apremiantes para lograr que los países sean conscientes de que deben transformar sus economías y entiendan y aprovechen el vínculo que existe entre la forma en los sistemas de producción alimentarios, los patrones de consumo, la biodiversidad y el clima.

Semana Sostenible: Antes de convertirse en la directora de conservación de WWF internacional, lideraba la práctica global de mercados. ¿Cómo resumiría la importancia del sector privado para lograr un planeta más sostenible?

Kavita Prakash-Mani: Debemos aprovechar el poder y las acciones de las compañías, de los pequeños productores y de los grandes empresarios; nos hemos dado cuenta que la producción y el consumo sostenible son dos de los grandes cambios que necesitamos para ser exitosos en la labor de la conservación. La comida que comemos, la ropa que usamos, nuestros carros, nuestras neveras, todo tiene una huella; ya sea a través del agua o la energía que usa, las emisiones que produce o los materiales que fueron necesarios para fabricarlos.

Es muy importante que las empresas conozcan el origen de su materia prima, cómo se transporta, dónde la están vendiendo y hemos notado un interés creciente por esto; claro, por una parte, hay mucha presión desde la perspectiva del negocio, pero también desde la ambiental, los recursos se están agotando. Muchos aseguran que los empresarios también necesitan ser ciudadanos responsables, y claro que sí, pero también debemos pensar en los que están en los territorios, creando medios de subsistencia para los habitantes locales, que viven en el extremo opuesto de la conservación. ¿Cómo nos aseguramos de que sean conscientes del valor de conservar los bosques y que sus productos sean sostenibles? Por último, cada uno de nosotros debe pensar en lo que compra, cómo lo compra, para qué lo usa y por qué lo compró en primer lugar. Todas nuestras decisiones cuentan a la hora de conservar.  

SS: Usted es muy clara al decir que la mayoría de las compañías no lograrán a tiempo su meta de cero deforestación, ¿qué sigue entonces, cuál es la prioridad más urgente en este escenario?

KP: Sabemos que adquirieron compromisos de cero deforestación en sus cadenas productivas para 2020, pero estamos a solo siete meses del próximo año y no estamos ni cerca de frenar la acelerada pérdida de nuestros bosques, de hecho, los números siguen incrementándose; ya alcanzamos la cuarta tasa más alta de perdida de bosque tropical más alta desde el 2001. Esto no significa que debemos rendirnos, o que este no es un objetivo correcto. Por el contrario, deberíamos hacer más y más rápido para lograrlo. Ya hemos aprendido que no hay una solución mágica, solíamos pensar que las certificaciones eran todo lo que necesitábamos para lograr esta meta y ya sabemos que no es así. Necesitamos mirar toda la canasta de enfoques y probarlos.

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Sí, ya existen más de 550 compañías comprometidas con lograr las metas basadas en la ciencia -como reducir sus emisiones para mantener la temperatura global por debajo de 2°C-, pero también necesitamos que rastreen sus cadenas de suministro y observen de dónde vienen los productos que están comprando, se trata de que inviertan directamente en estos paisajes que necesitamos conservar. Esto es precisamente lo que busca el nuevo acuerdo por la naturaleza y las personas: tener objetivos globales con gobiernos comprometidos a cumplirlos, compañías comprometidas con todo lo que puedan hacer para lograrlos, individuos comprometidos de igual manera; si no, no lograremos.

SS: Según el reciente informe del IPBES, si la tendencia de pérdida continúa no lograremos cumplir con el 80 % de los objetivos propuestos en la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible. ¿Qué implicaciones tendría?

KP: Sería una catástrofe. Significaría continuar en la pobreza, con millones de personas pasando hambre y viviendo inequitativamente; significaría que no beberemos agua limpia, que no tendremos peces en el océano. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están absolutamente ligados a restaurar el equilibrio natural que necesitamos y sin el que nuestra calidad de vida se ve amenazada. Ya sabemos que un millón de especies desaparecieron, que ya hemos alterado el 75 % de la superficie terrestre y el 66 % de los océanos. Ya transformamos el sistema que soporta nuestra vida y, si seguimos haciéndolo, nuestros estándares de vida nunca podrán ser los deseados.

SS: La gente aún no comprende que su comida está completamente relacionada con la pérdida de la biodiversidad y el cambio climático, ¿cómo hacerlos mas conscientes en su vida diaria?

KP: Si haces el ejercicio de preguntarle a los niños de dónde viene su comida, seguramente la respuesta de muchos será: de la nevera. Así que lo primero es difundir el mensaje, explicarles que nuestros alimentos vienen del campo, que hay unas especies que proveen la carne que consumimos; ser conscientes de que todo proviene de la naturaleza, que los cultivos existen en lugares dedicados a la productivo y que estos son vulnerables a las condiciones climáticas es fundamental para nosotros y para las próximas generaciones.

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No creo que hayamos alcanzado ese punto, de alguna manera perdimos la conexión con la naturaleza y la gente no siente que sus elecciones cotidianas acumulan impactos para la naturaleza que estamos tratando de proteger; y que, si no la protegemos no tendremos esa posibilidad de elegir se acabará. Necesitamos reconocetamos, especialmente, porque la tendencia es un mundo urbanizado; ya tenemos a la mitad de la población viviendo en ciudades y esto se convertirá en el 75% en las próximas décadas. Tenemos que encontrar la manera de garantizar elecciones cotidianas más sostenibles.