Es esbelta, mide más de 55 centímetros y tiene un cuello y pico largos. Habita en las zonas costeras tropicales del norte de América del Sur, en países como Venezuela, Colombia y Brasil, sitios donde el color rojo escarlata de sus plumas brilla con intensidad bajo los rayos del sol, una característica que le evita pasar por desapercibida.

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Se trata del ibis escarlata (Eudocimus ruber), ave también conocida como corocoro rojo, corocoro colorado, corocora, garza roja, sidra o guará. Todo su cuerpo está pintado de rojo, incluso sus delgadas patas y el pico, que son de tonos más oscuros. Su peculiar pigmento está ligado a la dieta alimenticia, que incluye los crustáceos que encuentra en los cuerpos de agua salinos.

Esta ave endémica de Sudamérica, es decir que no habita en ninguna otra parte del planeta, también ha aparecido en sitios puntuales de la costa sureste de Brasil, al igual que en las extensas llanuras de la Orinoquia colombo venezolana, en departamentos como Casanare y Meta.

En 2019, en el humedal Juan Amarillo de Bogotá, apareció una ibis escarlata. Foto: ©secretariadistritaldeambiente en la plataforma Naturalista. Julián Segura.  

En el Caribe, sus sitios predilectos son las zonas costeras, lagunas, manglares y pantanos, humedales y marismas, mientras que en los llanos predomina en las sabanas y praderas tropicales. En Trinidad y Tobago fue declarada como el ave nacional y hace parte del escudo del país.

La ibis escarlata no hacía parte del inventario de las cerca de 180 aves registradas en los humedales de Bogotá, ramillete que incluye especies residentes, endémicas y migratorias como las tinguas bogotana, pico verde, pico rojo, pico amarillo, monjitas, cucaracheros, rapaces, búhos, alcaravanes, patos canadienses y patos turrios.

La mancha roja brillante de esta especie no había sido registrada en las 726,6 hectáreas que conforman Juan Amarillo, Jaboque, Torca-Guaymaral, La Conejera, Córdoba, El Tunjo, Tibanica, Capellanía, El Burro, Meandro del Say, Techo, Santa María del Lago, La Vaca, La Isla y Salitre, posiblemente por estar ubicados a más de 2.600 metros sobre el nivel del mar.

En los humedales de Bogotá habitan cerca de 180 especies de aves. El ibis escarlata no hacía parte de este ramillete. Foto: ©secretariadistritaldeambiente en la plataforma Naturalista. Julián Segura.

Apareció en la nevera

Jorge Emmanuel Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, lleva más de una década defendiendo y estudiando estos ecosistemas hídricos que, además de estar conectados con el río Bogotá en la cuenca media, sirven como refugio para la biodiversidad, controlan y previenen inundaciones, producen oxígeno y recargan los acuíferos.

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En los recorridos semanales por alguno de los cuerpos de agua del Distrito, los jóvenes ambientalistas de la organización nunca se habían topado con el cuerpo escarlata de esta ibis. Todo cambió en octubre de 2019, cuando un individuo apareció en la chucua de los curíes del humedal Juan Amarillo, también llamado Tibabuyes, ubicado en las localidades de Suba y Engativá.

En octubre de 2019, un ibis escarlata apareció en Juan Amarillo junto a un alcaraván. Foto: Olga Patricia González - Fundación Humedales Bogotá.

“Olga Patricia González, una de nuestras colaboradoras, la pudo fotografiar y hacerle un video en la chucua de Juan Amarillo. La ibis escarlata estaba compartiendo espacio con otras especies de aves como el alcaraván (Vanellus chilensis), que también habita en los Llanos Orientales de Colombia”, recuerda Escobar.

Luego del hallazgo, el director de la fundación empezó a indagar más a fondo sobre la extraña presencia de la ibis escarlata. Al revisar todos los censos y monitoreos que ha adelantado la ABO y otros pajareros durante los últimos 30 años, no encontró ningún reporte de esta ave en los humedales bogotanos.

Esta especie no estaban registrada en los humedales de Bogotá. Antes de 2019 no había antecedente alguno sobre su presencia. Ese mismo año, varios ciudadanos subieron fotografías de la ibis de Juan Amarillo en la plataforma Naturalista, al igual que expertos de la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) y Aguas de Bogotá”, afirma Escobar.

Julián Segura, del grupo de monitoreo de la SDA, y Jorge Enrique Galeano, la reportaron en el tercio bajo de Juan Amarillo, cerca al barrio Prados de Santa Barbara en la localidad de Suba, en 2019. “Cuando fuimos a la zona, la vimos con otro ibis de la especie Phimosus infuscatus, ya residente en los humedales de Bogotá”, dice el experto.

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En enero de 2020, la Fundación Humedales Bogotá volvió a ver a la extraña ave de color rojo encendido en la chucua de los curíes de Juan Amarillo. Según Escobar, lo raro de este avistamiento es que la especie habita en las costas del norte del continente y algunas zonas de los llanos colombo venezolanos, y no en los territorios de la sabana de Bogotá.

“Así está descrito en la mayoría de las literaturas científicas y académicas. Este nuevo registro en Bogotá nos sirve como alerta para seguir monitoreando esta ave, para así establecer si se trata de un caso excepcional o que la especie está empezando a subir a los territorios de climas más fríos como la capital del país, algo que ya ha sucedido con otras nueve aves de clima cálido que ya habitan en los humedales de la ciudad”, anota Escobar.

El hecho de que estas aves calentanas ahora hagan parte de las tierras frías de la capital, puede estar asociado a varios factores como el calentamiento global, especies invasoras, cambio de uso del suelo y transformación de ecosistemas.

Bogotá alcanzó la mayor temperatura en los últimos 60 años, 25 grados centígrados, lo que sin lugar a duda es otro de los síntomas del cambio climático y uno de los factores por los que estamos viendo con mayor frecuencia estas aves calentanas”, precisó Escobar.

Tiene alimento

Según el experto, antes se creía que la dieta del ibis escarlata estaba basada solo en camarones, gambas y otros crustáceos. Sin embargo, estudios posteriores demostraron que su principal alimento son los insectos, especialmente escarabajos y otros coleópteros, animales que encuentra en humedales como Juan Amarillo. 

A pesar de las obras en concreto, el humedal Juan Amarillo presenta una gran variedad de aves. Foto: EAAB.

“Esto lo diferencia del ibis blanco americano, que come mayormente peces y crustáceos. El consumo de camarones y otras especies de marisco rojo es lo que proporciona los componentes que dan la pigmentación característica de la especie, es decir su tono rojo. Consume en menor medida semillas, frutas, serpientes pequeñas, reptiles, anfibios y materia vegetal”.

La ibis escarlata camina lentamente en busca de alimento. Para esto escarba y hurga en el fango con su pico curvado y largo, en zonas poco profundas y bancos de arena de ríos, playas, manglares y pantanos. “También se alimenta de forma parecida a la espátula, llevando su pico de lado a lado en el agua”, anota Escobar.