Pese a los esfuerzos que se vienen haciendo, las cifras de hambre en el mundo siguen siendo dolorosas. Según el informe unificado de la ONU sobre los avances para erradicar el hambre y la malnutrición, 815 millones de personas padecían hambre en 2017.

Increíblemente, los hábitos alimenticios y la relación de las personas con la comida son una de las causas que aportan a esta problemática global. Un tercio de los alimentos del mundo se pierden. Es decir, de los millones de productos que son cultivados, recolectados, procesados, empacados y llevados al supermercado, 1.300 millones de toneladas no llegan ni siquiera a consumirse.

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La falta de conciencia y los hábitos inadecuados de compra e ingesta de la comida no solo son una ofensa para el hambre de otras personas. Significan, también, una pérdida económica. Las 1.300 millones de toneladas de comida tiradas a la basura representan 940 mil millones de dólares (tres veces el PIB de Colombia). El desperdicio de alimentos es, a la vez, un desperdicio de recursos como tierra, energía y agua, lo que equivale al 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero.

En todos los sentidos, botar comida no solo es un mal negocio, sino también una práctica que va en detrimento del planeta y de la humanidad misma.

No acabaremos con el hambre y todas las formas de malnutrición para 2030 a menos que abordemos todos los factores que socavan la seguridad alimentaria y la nutrición”, afirmaron en ese momento los autores del informe.

Para hacerle frente a un fenómeno como estos, central en la apuesta por el desarrollo, existe una serie de iniciativas alrededor del mundo para concientizar sobre el consumo de alimentos para que cada persona se anime a hacer de su gasto en comida, uno más sostenible. Las posibilidades que brindan estas tecnologías fue el objeto de la presentación de Santiago García, especialista de sostenibilidad de Nutresa, en la Cumbre de Sostenibilidad, que organiza Semana Sostenible.

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Food Cloud es uno de ellos. Esta iniciativa funciona en Inglaterra y es un ejemplo para otros países. Lo que busca es conectar a tiendas de comida que tengan productos a punto de vencer con organizaciones de caridad que pueden disponer mejor de ellos. Food Cloud funciona como una aplicación: los oferentes comparten la descripción de los alimentos, luego las organizaciones de caridad reciben una notificación que les avisa que los productos están disponibles. Al final, las personas pueden acercarse al local donde está distribuida la comida y comprarla a precios mucho menores. Es un gana- gana para diferentes acortes de la cadena de consumo.

Esta aplicación conecta a negocios de comida que tienen altas cantidades de alimentos a punto de ser desperdiciados con organizaciones que pueden hacer uso de ellos.

Good Guide es otra propuesta que pretende revolucionar el sector verde. La herramienta le ofrece a los consumidores información sobre productos de diversa naturaleza, entre ellos alimentos, para conocer su impacto ambiental y comprar a conciencia. Good Guide se denomina como una forma para “impulsar el desarrollo de productos más seguros, más saludables y más sostenibles”.

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Por último, está Daily Table, una cadena de tiendas estadounidenses que vende alimentos a punto de vencerse a precios muy bajos. La empresa propone que la comida debería ser un bien disponible para todos: “nuestra misión es crear opciones de comida fáciles de elegir, saludables y convenientes”. Hasta ahora, esta cadena de tienda de abarrotes cuenta con 11 aliados que hacen uso de la comida que venden, y más de 30 proveedores de alimentos.

Pese a que el número de negocios de esta naturaleza son aún pocos, comparados con la oferta global, poco a poco aparecen más. Sin embargo, a menos de que este tipo de iniciativas se conviertan en tendencia y en prioridad, la seguridad alimentaria y los recursos del planeta estarán, cada vez más, en un riesgo inminente.