En 1950, Bogotá contaba con más de 50.000 hectáreas ocupadas por humedales, lagos y sus zonas de amortiguación, ecosistemas fundamentales para el control de las inundaciones, la recarga de aguas subterráneas, la mitigación del cambio climático y la vida de miles de animales y plantas silvestres. 

El boom de la construcción en la capital del país dejó a la mayoría de estas esponjas de agua bajo toneladas de concreto. Hoy en día tan solo sobreviven 726,6 hectáreas, representadas en los 15 humedales declarados en la capital; es decir que en 69 años el hombre puso fin al 98 por ciento de estos ecosistemas para dar paso a zonas urbanizadas, conjuntos residenciales y avenidas.

La reducción del agua de los humedales es aún más catastrófica. Según el concejal Juan Carlos Flórez, a mediados del siglo pasado los humedales bogotanos contaban con 1.101 hectáreas de estos espejos de agua, cifra que en 2017 quedó reducida a 72,86 hectáreas. 

La mole de cemento le ganó la batalla a los humedales bogotanos. Solo 2 por ciento de estos ecosistemas ha logrado sobrevivir. Foto: Nicolás Acevedo Ortiz. 

La fauna de estas esponjas, que también son reservorios de oxígeno, fue la gran damnificada de la mole de concreto. Tinguas como la bogotana y verde están al borde de la extinción, al igual que el cucarachero de pantano. Por su parte, comadrejas, zarigüeyas y búhos son cada vez más contados debido a la falta de terreno para conformar sus hogares.

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Las aves migratorias también se han visto afectadas por la reducción casi total de los humedales. Una de ellas es la tingua azul (Porphyrio martinica), una especie que habita en los pantanos de América, desde Estados Unidos hasta Argentina, y que entre los meses de noviembre y marzo llega a Bogotá procedente de los Llanos Orientales en busca de alimento y reproducirse.

Los humedales de Bogotá le ofrecen alimento y refugio a varias especies de tinguas, como la bogotana, verde, pico rojo y azul. Esta última es la menos acuática y más solitaria. Foto: SDA.

Antes de la llegada de los altos edificios y las grandes avenidas en los sitios gobernados por los humedales, estas tinguas solitarias encontraban refugio en los ecosistemas bogotanos para descansar de su largo viaje, para luego emprender otra travesía hacia el sur del continente. Hoy en día, con las urbanizaciones gobernando el panorama, muchas aves quedan lastimadas o mueren en el intento de buscar un humedal.

Las tinguas azules, que no miden más de 33 centímetros y tienen cuello largo, cola corta y patas de color amarillo, caen rendidas en conjuntos residenciales, patios, parqueaderos, andenes y calles donde antes había agua. Algunas, al ver el reflejo del sol en las ventanas de los edificios, lo confunden con un el espejo de agua y chocan de manera abrupta, golpes que ocasionan fracturas o hasta su muerte.

Dos décadas rescatando tinguas

Ante la cantidad de aves que caían heridas cerca a los humedales de la capital del país, desde 1999 la Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) cuenta con una campaña para salvar a la tingua azul, ave que en edad adulta tiene un plumaje azul oscuro o violeta brillante con destellos dorados y pico rojo escarlata con la punta amarilla. 

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Con la población aledaña a los 15 humedales que a la fecha hay declarados en Bogotá, ubicados en localidades como Suba, Usaquén, Engativá, Kennedy, Fontibón y Bosa, la SDA hace jornadas de sensibilización para que identifiquen la especie y reporten la presencia de aves malheridas o caídas para poder curarlas y luego liberarlas.

La Secretaría de Ambiente cura a las tinguas que caen cerca a los humedales de Bogotá para luego liberarlas en estos ecosistemas. Foto: SDA.

El objetivo de la campaña es rescatar a todas aquellas aves que se desorientan después de realizar largos recorridos migratorios, quienes vienen a la ciudad en busca de mejores condiciones para su alimentación y reproducción. Los humedales de la capital resultan ser un ecosistema apropiado para su refugio y recuperación fisiológica”, aseguró la SDA.

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Según la entidad, la tingua azul es una de las 140 especies de aves que hacen presencia en los humedales de la ciudad. “Durante su vuelo, casi siempre nocturnos, caen cansadas y desorientadas en sitios como tejados, patios de casas y parques de la ciudad, quedando heridas y vulnerables. Por eso la participación ciudadana es fundamental para salvarlas”.

En los 20 años de la campaña para salvar a esta ave, el Distrito ha logrado recuperar cerca de 10.000 tinguas azules por medio de los reportes ciudadanos, de las cuales más del 70 por ciento logró curar sus heridas y regresar a los humedales urbanos.

La SDA hace un llamado a la ciudadanía para que reporten las tinguas azules que encuentren heridas cerca a los humedales. Foto: Daniel Bernal (Humedales Bogotá).

Todas las tinguas rescatadas por la SDA son llevadas al Centro de Recepción y Rehabilitación de Fauna Silvestre, donde biólogos, veterinarios y zootecnistas les brindan la atención médica y cuidados que necesitan para su liberación.

“Cada año, entre noviembre y abril, recibimos en promedio 400 llamadas de ciudadanos que advierten sobre la presencia de estos animales. La tingua es un animal que, debido a su alto desgaste energético, sufre accidentes contra estructuras urbanas, depredación de otros animales y en algunas ocasiones es capturada por inescrupulosos para conservarlas como mascotas”, afirmó la SDA. 

¿Y si encuentro una tingua?

Si algún ciudadano encuentra a una tingua herida, lo primero que debe hacer es comunicarse con la Secretaría de Ambiente para que el grupo de fauna silvestre vaya a recogerla. 

Mientras los expertos llegan, la SDA recomienda recoger el ave con cuidado e introducirla en una caja de cartón libre de residuos y olores, la cual debe contar con varios orificios para que el ave pueda respirar.

Las tinguas azules son liberadas en los humedales mejor conservados de Bogotá, como Córdoba y La Conejera. Foto: Fundación Dodo Colombia.

Hay que suministrarle agua potable con un poco de azúcar, arroz crudo o cocinado y vegetales. Si en el lugar donde fue encontrada hay presencia de perros o gatos o está sobre una vía pública, hay que retirarla de inmediato y ponerla a salvo”, anotó la SDA.

La entidad cuenta con los siguientes canales de comunicación para reportar tinguas azules heridas: al teléfono fijo 3778800, al celular 317-4276828 o escribiendo al correo electrónico fauna@ambientebogota.gov.co 

No todas son azules

Cuando no han alcanzado su madurez, esta especie de tingua no tiene una gota de azul en sus plumas. Las aves juveniles tienen la espalda de color café habano con algunos tonos verdes, al igual que las alas. El cuello, pecho y vientre son blancos y su pico luce verdoso.

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Según la Asociación Bogotana de Ornitología, al parecer, tanto las adultas como las jóvenes, hacen movimientos nocturnos entre humedales, y no tienen una ruta migratoria definida. 

La Guía de Aviturismo de la Alcaldía de Bogotá menciona que la tingua azul es un ave solitaria que permanece especialmente cerca de la vegetación dentro del cuerpo de agua de los humedales. “Arranca las hojas y busca insectos entre las raíces. Camina con facilidad entre los juncos. Tiene movimientos locales y se ve con mayor frecuencia entre noviembre y febrero”.

La tingua azul habita en los pantanos y zonas húmedales de todo el continente americano. Foto: Jorge Escobar (Humedales Bogotá).

Por su parte, Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, que también rescata a tinguas azules en su época migratoria, informó que esta ave, también llamada polla azul o gallareta morada, es la tingua menos acuática de todas las que hay en los humedales bogotanos. “Pocas veces están en el agua. Comen insectos, vegetación, semillas, otros invertebrados, ranas pequeñas, peces y huevos de otros ejemplares juveniles. Se mueven de noche”.

SOS tingua

En 2012, esta organización juvenil creó la campaña SOS Tingua, proyecto que nació como una iniciativa ciudadana en consecuencia al frecuente reporte de tinguas azules desorientadas en Bogotá.

“Generamos canales de información y comunicación por medio de nuestra página web y redes sociales para que las personas conocieran las rutas de atención, cuidados inmediatos y las entidades que tienen el aval para su atención. También realizamos estrategias educativas y de investigación sobre las causas de afectaciones de desorientación de estas aves en época migratoria”, anotó Escobar.  

Los habitantes cercanos a los humedales de Bogotá cuidan y protegen a las tinguas azules. Foto: Daniel Bernal (Humedales Bogotá).

Jasbleaidy Castañeda, una de las jóvenes de la fundación, creó una cartilla didáctica llamada ‘El vuelo de la tingua azul, relatos de la migración’, la cual informa generalidades de la especie, como que pone entre 5 y 10 huevos, los cuales incuba por 25 días. También cuenta con una ruta migratoria por la ciudad y sus principales amenazas: tejados y ventanas brillantes, industrias, animales domésticos, torres de energía, cuerdas de alta tensión, carreteras, edificios grandes y alumbrados (http://humedalesbogota.com/2018/12/21/cierre-de-el-vuelo-de-la-tingua-azul/).

SOS Tingua no realiza actividades de rehabilitación ni liberación de especies. Pero sí recibe llamadas de los ciudadanos para recoger las tinguas heridas y luego llevarlas ante la entidad competente, que en este caso es la Secretaría de Ambiente. Esta semana hemos recibido cinco casos. La población puede comunicarse a los números 311-5009192 o 314-4074889, o escribiendo al correo info@humedalesbogota.com”, concluye Escobar.

SOS Tingua fue reconocido en 2016 por los Premios Latinoamérica Verde como una de las iniciativas de mayor importancia para la región en la categoría de biodiversidad y fauna, y en 2017 el Instituto Humboldt la seleccionó para hacer parte de la Beca Curso Monitoreo Participativo en Biodiversidad.

La tingua azul también es la más llamativa de las tinguas que hacen presencia en Bogotá por su colorido plumaje. Foto: Darwin Ortega (Humedales Bogotá).