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Aún en los lugares más remotos de los océanos se ha encontrado microplástico, en forma de bolitas mínimas o fibras sintéticas.

Pero lo más grave es que estas partículas no sólo flotan en el agua, sino que son ingeridas por peces y mejillones, ingresando así también en nuestra cadena alimenticia.

En un estudio reciente, científicos británicos informan que el microplástico también alcanza la cadena alimenticia de animales terrestres. Las partículas microscópicas viajan del agua a la tierra por medio de insectos voladores.

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Pájaros, murciélagos y arañas que comen mosquitos están también ingiriendo plástico. Las piezas diminutas de materia plástica, que los mosquitos tragaron siendo aún larvas, se encuentran aún en el cuerpo adulto de insectos voladores.

Un grupo de científicos, encabezado por Amanda Callaghan, de la británica Universidad de Reading, analizaron durante cuánto tiempo se conservan estas pequeñas bolitas de plástico en el cuerpo del mosquito común o zancudo (culicidae).

El equipo trabajó con bolitas de dos micrómetros de tamaño (un micrómetro corresponde a una milésima de milímetro). En el tercer estado larvario los insectos habían ingerido agua, que contenía 80.000 bolitas por mililitro.

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Una vez alcanzado el cuarto estado larvario, los científicos constataron un promedio de 3.000 bolitas minúsculas en cada larva. En las crisálidas se encontraban aún algo más de 1.000 bolitas y en el cuerpo adulto de un mosquito aproximadamente 40 partículas plásticas, relatan los científicos en la Biology Letters de la Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural.

Las cuentas fluorescentes se pueden ver claramente bajo el microscopio. Fue así que los investigadores pudieron localizar exactamente en qué parte del cuerpo de los insectos perdura el plástico y logra atravesar las distintas fases vitales de su "anfitrión", prácticamente inalterado.

El lugar ideal para alojar el microplástico resultaron ser los ‘tubos de Malpighi‘, que funcionan como sistema excretor de los insectos, equiparable a los riñones en el ser humano.

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Según el estudio, el tamaño del microplástico es decisivo a la hora de ser transportado o no por los insectos. Por ejemplo, las larvas de mosquitos, que habitan aguas en las que se encuentran bolitas de plástico de 15 micrómetros de tamaño, ingieren un número menor de partículas.

A través de las distintas fases vitales de estos insectos también se observó mucho menos microplástico y en el estado adulto incluso no se encontró ninguna partícula plástica más.

Pero no sólo los mosquitos transportan microplástico por el mundo. Los investigadores británicos parten de la base de que sus resultados de laboratorio son aplicables también a otros insectos.

"Mientras que nosotros nos basamos en el mosquito, como organismo modelo, es de suponerse que todo insecto de agua dulce que ingiera microplástico también pueda transportarlo hasta alcanzar el estado adulto y cambiar su hábitat acuático por el terrestre", explican los científicos en su estudio.