En épocas de marea baja, las mujeres pasan horas agachadas palpando las raíces de los manglares, en medio de la tierra fangosa, buscando pianguas: pequeños invertebrados que tradicionalmente han sido su sustento. Su esfuerzo es arduo, ya que al estar inmersas dentro del barro se exponen a las picaduras de algunos insectos u otros animales como el pez sapo, el camarón bravo y algunos cangrejos.

Su oficio es ancestral y en medio de sus largas jornadas de trabajo ellas aprovechan ese momento íntimo para conversar, cantar y contar diferentes anécdotas e historias. Aunque su atención está centrada en encontrar la piangua, también pueden extraer otras especies como el piacuil, el oroño y la jaiba haragana.

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Para las comunidades costeras del Pacífico colombiano, la piangua representa un ingreso clave en los hogares, además de que es uno de los alimentos emblema de la zona. Pero en los últimos años tanto la piangua hembra (anadara tuberculosa), de mayor pedido en el exterior, como la piangua macho (anadara similis), usado para el consumo local, se han visto afectados por su alta demanda.

En busca de más rentabilidad se comenzaron a sacar moluscos de los manglares sin respetar los tamaños exigidos (en Colombia 5 centímetros y en Ecuador 4,5 centímetros) y a venderlos a intermediarios que a su vez los exportan.

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Otra de las prácticas para evadir la normatividad colombiana es la de ‘desconchar’ las pianguas y sacar su carne para venderla por libras, estrategia que permite esconder los tamaños al momento de ser comercializados. Estos hábitos han hecho que el alimento se reduzca y que ahora los tiempos de recuperación sean inciertos.

Conservando la piangua y la cultura

Hace algunos meses en El Encanto de los Manglares del Bajo Baudó, uno de los Distritos Regionales de Manejo Integrado (DRMI) situado en Chocó, se adelantó la Caracterización participativa de los objetos de conservación liderado por WCS Colombia junto con el Consejo Comunitario Concosta y Codechocó. Las mujeres piangüeras reconocieron que los volúmenes de captura han disminuido desde hace 20 años y que el esfuerzo para extraer los moluscos ahora es mayor.

Para Paola Mejía, líder marina de WCS Colombia, “es necesario generar insumos que permitan ordenar esta actividad en el DRMI, basados en estudios de las poblaciones de piangua a nivel local. Así mismo, definir acciones que busquen establecer un equilibrio entre quienes ejercen la actividad dentro del DRMI, sus condiciones socioeconómicas y el potencial que tiene el recurso en el mercado.

"De esta forma, se podría pensar en buscar los mejores beneficios ecológicos, económicos y sociales de las comunidades en esta área protegida, manteniendo los lazos culturales que genera la actividad entre las piangüeras”.

Dentro de las estrategias para la conservación del ecosistema y para recuperar la población de piangua se propuso rotar las áreas de extracción dentro de las zonas establecidas de uso sostenible.

Las mujeres que asistieron al taller de caracterización manifestaron estar dispuestas a realizar vedas voluntarias. “Esta sería una de las acciones que se podrían aplicar, para lo cual se deberán establecer fechas en las que el recurso no pueda ser extraído, basado en información biológica de las especies”, agregó Diego Amariles, biólogo de WCS Colombia.

Para poner en práctica esta iniciativa WCS Colombia viene desarrollando un estudio sobre la reproducción de la piangua, con la colaboración de las piangüeras.