La pérdida de su hábitat por la deforestación, la caza furtiva y el comercio ilegal para traficar sus exóticos pelajes, tienen en peligro a una de las especies más enigmáticas y emblemáticas de América Latina: el jaguar (Panthera onca), un animal con manchas negras y amarillas que tiene la mordida más poderosa entre todos los felinos.

Todo indica que en los densos bosques y selvas de los 19 países del continente donde habita, no quedan más de 64.000 ejemplares en estado salvaje, razón por la cual está catalogado dentro de la la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una especie casi amenazada.

La UICN estima que la población de jaguares ha disminuido entre 20 y 25 por ciento en los últimos 21 años, aunque su pérdida podría ser mucho mayor debido a la dificultad de evaluar a las poblaciones aisladas. Por su parte, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) asegura que en los últimos 100 años ha perdido más del 50 por ciento de su rango de distribución, en especial en la cuenca del Amazonas. 

La deforestación es la mayor amenaza para los jaguares. Foto: Julio Larsen-WCS.

En la 13 Conferencia de las Partes (COP13), realizada a finales de febrero en Gandhinagar (India), varios países y organizaciones lograron incluir al jaguar en los apéndices I y II de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres de las Naciones Unidas (CMS), también conocida como la Convención de Bonn, decisión que lo protegerá sin importar las fronteras de los países donde habita, incluído Colombia.

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“La inclusión del jaguar en la Convención de Bonn acelerará los esfuerzos de conservación transfronteriza y estimulará la cooperación regional en beneficio de esta especie carismática. Es importante destacar que la decisión proporcionará una plataforma acordada a nivel mundial para que los estados del área de distribución puedan mantener y restaurar los corredores de migración para la especie", dijo Amy Fraenkel, secretaria ejecutiva de la CMS.

La medida fue propuesta por Costa Rica con el apoyo de Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay, al igual que varios organismos no gubernamentales como Wildlife Conservation Society, Humane Society International, Panthera e International Fund for Animal Welfare.

La Amazonia es el principal hábitat del jaguar, un territorio agobiado por la deforestación. Foto: cortesía ISA. 

Las 19 naciones donde transita por zonas boscosas con movimientos meticulosos y silenciosos, priorizarán la conservación y restauración de la conectividad de los hábitats y buscarán una acción concertada para frenar el aislamiento de las poblaciones de jaguares.

“Esta medida abre una nueva etapa en los esfuerzos de conservación de la región. Así como compartimos la admiración y el respeto por el jaguar, debemos unirnos para garantizar la conectividad de su hábitat en nuestras áreas naturales”, expresó el ministro de Ambiente y Energía de Costa Rica, Carlos Manuel Rodríguez.

Jaguares en movimiento

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), los cachorros de jaguar permanecen con su madre durante dos años. Luego emprenden un viaje para encontrar su propio territorio para reproducirse y encontrar presas. En esa emancipación, un jaguar macho puede recorrer hasta 70 kilómetros, como se ha documentado en Brasil.

Tras haber encontrado un nuevo territorio, el felino realiza desplazamientos continuos dentro de su área de distribución, la que puede variar ampliamente entre un ejemplar y otro, dependiendo del tamaño de su cuerpo, las condiciones del hábitat y la disponibilidad de presas y parejas. 

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“Los científicos han registrado rangos de solo 33,5 kilómetros cuadrados en Belice, y otros de más de 1.200 kilómetros cuadrados en Brasil. En Costa Rica se han reportado rangos de 25 kilómetros cuadrados en el Parque Nacional Corcovado y hasta 80 kilómetros cuadrados en la provincia de Guanacaste”, indicó PNUMA.

El jaguar es un felino con habilidades para cazar en tierra y agua. Foto: cortesía ISA.

Durante muchos de estos viajes, los felinos cruzan las fronteras internacionales, especialmente en áreas como Pantanal, Chaco, sur de Brasil, norte de Paraguay, sureste de Bolivia y istmo centroamericano. “Se han identificado 26 áreas transfronterizas en las Américas”.

Si los ecosistemas continúan reduciéndose, los jaguares pueden aislarse o viajar incluso distancias más largas para interactuar y sobrevivir.

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“Con la inclusión del felino en el apéndice II de la convención, se abre la puerta a la firma de acuerdos internacionales para garantizar medidas de conservación coordinadas para esta especie”, aseguró el programa.

En 2018, 14 naciones lanzaron la Hoja de Ruta 2030 para el jaguar y designaron el 29 de noviembre como su día internacional, esfuerzos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, organizaciones no gubernamentales, comunidades locales y sector privado para garantizar la conectividad en los corredores del jaguar.