Los pronósticos en torno al incremento en la cantidad de personas obesas en el mundo no es alentador, pues según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), hay proyecciones que indican que el número de personas obesas superará muy pronto al de aquellas que padecen hambre en el mundo, que ascendía a 821 millones en 2017. Actualmente el número de adultos con esta condición es es de 670 millones.

Así lo indica el director de esta organización, José Graziano da Silva, para quien mientras el hambre está circunscrita a áreas específicas, en particular a zonas de conflicto y aquellas afectadas por el cambio climático, la obesidad está en todas partes.

“Estamos siendo testigos de la globalización de la obesidad. Por ejemplo, ocho de los 20 países del mundo con las tasas más rápidas de aumento de obesidad adulta se encuentran en África”, añadió.

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Precisa que la obesidad está asociada con muchas enfermedades crónicas, como la diabetes, las enfermedades cardíacas, la hipertensión y algunas formas de cáncer, y que cuesta cerca de 2 billones de dólares anuales en atención médica directa y pérdida de productividad.

“Esto equivale al impacto del tabaquismo o al de los conflictos armados en la actualidad. De manera que para que los alimentos estén recomendados para el consumo humano, no solo deben ser seguros sino también ser saludables”.

De ahí que la inocuidad de los productos que consume la humanidad no puede consistir únicamente en evitar que las personas se intoxiquen o enfermen debido a virus o bacterias transmitidas por los alimentos, sino que también se deben tener en cuenta las múltiples amenazas para la salud asociadas con una dieta inadecuada.

De acuerdo con los análisis de la FAO, el consumo de alimentos ultraprocesados es el principal motivo detrás de los alarmantes crecimientos en los niveles de obesidad en el mundo, pues se trata de productos con poco valor nutricional, pero con un alto contenido de grasas saturadas, azúcar refinada, sal y aditivos químicos.

Es por esta razón que el comercio internacional juega un papel determinante en estos procesos, pues si bien es una herramienta clave para combatir el hambre, pero los países deben también garantizar que los alimentos que se comercializan en el contexto global sean de calidad, inocuos y saludables, aseguró el directivo.


Alimentos ultraprocesados

Muchos países dependen en gran medida de las importaciones para garantizar la disponibilidad de alimentos para sus habitantes; sin embargo, lo preocupante es que este tipo de bienes ultraprocesados, que en su mayoría son poco saludables responden mejor para el comercio internacional en términos de transporte y conservación que la comida fresca y no procesada, manifestó el directivo.

Por ello señaló que el comercio de esos productos ha contribuido a un aumento sustancial de la proporción de personas obesas en los países que importan la mayor parte de sus alimentos, como sucede en las islas del Pacífico y del Caribe.

Por estas razones es que para la FAO es tan importante que la comunidad internacional promueva el establecimiento de normas y reglamentos comerciales que fomenten el consumo de alimentos sanos y nutritivos.

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“La inocuidad alimentaria traspasa las fronteras nacionales. Los alimentos que se producen hoy en un país pueden estar, en 24 horas, en el otro extremo del planeta y de camino a tiendas, restaurantes y hogares”, ha dicho, por su parte el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Para el directivo, no existe una inocuidad alimentaria para ricos y otra para pobres. Consideró que la salud de todas las personas, sin importar dónde vivan o qué coman, debe ser protegida por igual.

Estos expertos coinciden en que los alimentos inocuos son cruciales para el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Es por ello imperativo debatir cómo las políticas alimentarias sanitarias y de comercio pueden alinearse para contribuir a lograr estos objetivos compartidos.

Ante la importancia del tema, el director de la FAO destacó el papel de las normas unificadas de inocuidad de los alimentos para garantizar prácticas comerciales equitativas. “Si cada gobierno aplicara normas alimentarias diferentes, el comercio sería más costoso y más difícil garantizar que los alimentos comercializados sean inocuos”.

Insistió en que la entidad que preside está muy comprometida a trabajar con todos los países y asociados para promover sistemas alimentarios sostenibles y garantizar que los alimentos comercializados sean inocuos, saludables y nutritivos.