Los ecosistemas que componen la Amazonía tienen una dimensión e impacto global: su extensión —cerca de 7 millones de kilómetros cuadrados— representa cerca del 40% del territorio de Suramérica y 5% de la superficie terrestre total del planeta. Tan solo ese espacio, reducido frente al 95% restante de la Tierra, concentra 10% de la reserva de carbono almacenado, 10% de la biodiversidad, aproximadamente 15% del agua dulce y 53% de los bosques tropicales del mundo.

Además, las riberas del río —que también es el más caudaloso, con 240.000 metros cúbicos de agua vertidos cada segundo al Atlántico— son hogar de 456 pueblos indígenas y 28 millones de habitantes de diferentes orígenes. Su rol es determinante en el bienestar actual y futuro de su gente e incluso de la humanidad: evitar su deforestación es el mejor modo de luchar contra el cambio climático y la pérdida global de biodiversidad; alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y erradicar la pobreza. La selva amazónica tiene una influencia decisiva en el clima de Suramérica: modera las épocas de lluvias y sequías y, por ende, impacta concretamente la producción agrícola y la seguridad alimentaria.

Conscientes de que lo que sucede en la Amazonía también tiene un efecto directo sobre la calidad de vida en su continente, al otro lado del Atlántico, la Unión Europea se ha empeñado en contribuir al uso sostenible y la conservación de este bioma estratégico a través de un apoyo diversificado pero consistente, que involucra diferentes actores y se desarrolla en varios ámbitos.

Por eso, su apuesta por la Amazonía se da en escenarios que van desde el diálogo político, el fomento de políticas públicas y acciones de terreno para el uso sostenible de su biodiversidad, hasta el comercio justo y la cooperación científica. Esto implica trabajar en bilateral y también en acciones multi-país con gobiernos nacionales de los 8 países amazónicos, en absoluto respeto a su soberanía; así como con organizaciones internacionales, gobiernos locales, sector privado y sociedad civil.

“Para lograr la sostenibilidad, tenemos que trabajar en equipo. Los europeos hemos entendido que somos más fuertes juntos. La Unión Europea está convencida de que Colombia puede mostrarle al mundo que ese desarrollo sostenible e inclusivo sí es posible, que sí se puede crear prosperidad al mismo tiempo que se conserva la biodiversidad y se crean soluciones duraderas para las comunidades locales”, explica Patricia Llombart, embajadora de la Unión Europea en Colombia.

Foto: Proyecto IAPA-Visión Amazónica/Sergio Garrido.

Este apoyo se verá renovado en el marco del ‘Pacto Verde’ (Green Deal), el mayor compromiso político de la Unión Europea, adoptado en diciembre de 2019. “Busca promover el crecimiento en una Europa climáticamente neutra, en beneficio de todas las personas y generaciones futuras. Se trata de una estrategia integral, con una agenda transformadora que cubre todos los sectores de la economía —energía, transporte, industria, comercio, agricultura, etc.— en la que la economía circular y la protección de la biodiversidad son elementos centrales”, explica Diego Mellado, embajador de la Unión Europea en Perú.

Los esfuerzos de la Unión Europea no han mermado pese a la repentina emergencia global causada por la COVID-19. De hecho, se multiplican bajo un enfoque de recuperación verde. “El compromiso de responder a los desafíos globales de deterioro ambiental y clima cambiante es claro y enfático. Este compromiso sigue plenamente en vigor a pesar de la pandemia. No existe ni va a existir una vacuna contra el cambio climático”, asegura Mellado. De hecho, el uso controlado del bosque y la fauna silvestre son elementos claves para la prevención de futuras pandemias.

Los esfuerzos realizados por la Unión Europea en favor de la Amazonia vienen desde hace décadas y se direccionan en tres frentes interrelacionados entre sí: conservación y uso sostenible de sus ecosistemas; apoyo a los comunidades que los habitan, en particular los pueblos indígenas; y lucha contra delitos ambientales. En ese sentido, los objetivos generales se mantienen invariables en todo el bioma amazónico: proteger la biodiversidad, generar medios de vida e ingresos para comunidades locales, incrementar opciones de actividades económicas legales y sostenibles, y mitigar el cambio climático.

Foto: Proyecto IAPA-Visión Amazónica.

Para lograrlos, actualmente la Unión Europea trabaja simultáneamente con múltiples aliados en 56 proyectos específicos en toda la región —cuya inversión ronda los 170 millones de euros— en los que la dignidad humana está en el corazón de cada planteamiento. Esto se debe a que la dimensión ambiental no puede desasociarse de la humana: las problemáticas del entorno físico se relacionan estrechamente con realidades sociales como pobreza generalizada, ilegalidad y corrupción, abusos de derechos humanos, inestabilidad e inseguridad. La Amazonía también es quienes la habitan, culturas que albergan una sabiduría ancestral sobre la protección de su territorio. El respeto por los pueblos indígenas es parte fundamental de las soluciones apoyadas por la Unión Europea.

En Colombia, por ejemplo, las iniciativas impulsadas le apuestan a reparar el tejido social, profundamente afectado por un conflicto interno de más de cinco décadas, la construcción de paz y el desarrollo integral en la Amazonía. A través del Fondo Europeo para la Paz, un instrumento con labores focalizadas en Caquetá, Putumayo y Guaviare, se promueven alternativas de producción ambientalmente amigables e incluyentes que generan empleos e ingresos, reconciliación y reincorporación de excombatientes, y empoderamiento femenino. Como en todas las demás iniciativas que promueve la Unión Europea, convergen aquí el desarrollo económico, la protección medioambiental y el bienestar humano. “Desde Europa nos sentimos agradecidos por el trabajo y empeño de las comunidades rurales y étnicas, quienes preservan el bosque Amazónico a través de iniciativas de desarrollo sostenible. Ellos protegen el pulmón del planeta, y para ellos va nuestro reconocimiento y apoyo”, concluye la embajadora.