BlaThca IThés CaThpo nació hace 54 años en la vereda Las Merce- des del municipio de Puerto Boyacá. En 1984, en la vereda apa- recieron grupos paramilitares y guerrilleros que acabaron con la tranquilidad del lugar. Cuando Blanca huyó, faltaban 15 días para que su hija cumpliera dos años. Ella tenía 20 y al padre de su hija lo habían asesinado.

Durante 14 años Blanca vivió de un lado para otro. Trabajó en varias fincas en Tolima, en una tienda de calzado en Ibagué, en una fábrica de tapas en Bogotá, fue mesera y también cui- dó los hijos de otros. Algunos fines de semana iba a Las Merce- des, pero su familia vendió el terreno por presión de los mis- mos grupos que la hicieron huir.

En 1998, Blanca y su familia llegaron a La Dorada, lugar que los acogió. Trabajó en la venta de productos de belleza por ca- tálogo, al mismo tiempo que hacía rifas y vendía tamales en la calle. Así estuvo por un tiempo.

La Dorada, Caldas, limita al oriente con el río Magdalena y es conocida como‘el Corazón de Colombia’. Su ubicación es estra- tégica, tanto para el transporte fluvial, férreo y vial, por lo que personas de todo Colombia se establecen ahí. Años atrás fue una zona de disputa entre actores armados legales e ilegales, con el predominio de grupos paramilita- res. También fue receptora de desplaza- dos de otros municipios de la región, co- mo es el caso de Blanca Inés. El futuro de la ciudad, aunque parece prometedor, se ve empañado por problemas como el mi- crotráfico, el desempleo y los altos niveles de violencia contra las mujeres.

 La casa de todas

La Corporación Casa de la Mujer nació en 2012, cuando cuatro organizaciones de La Dorada vieron la necesidad de tener un espacio propio donde pudieran brindar el apoyo necesario en casos de violencia contra las mujeres. Blanca era una de las líderes. Había sido maltratada física y psi- cológicamente por el padre de sus dos hi- jos menores y quería que nadie más pa- sara por lo mismo. “La Casa de la Mujer no es el espacio, no son las paredes, so- mos nosotras; es decir, las mujeres que transmitimos un mensaje de apoyo a las que nos necesitan”, dice Blanca, quien es la directora desde 2017.

Las 25 mujeres que conforman la Ca- sa desarrollan una ruta de atención pa- ra cada caso que reciben y promueven, entre otros temas, la Ley 1257, que trata sobre las formas de sanción de violencia contra las mujeres.

Por otro lado, también es un espacio en el que continuamente se hacen capa- citaciones con el apoyo de distintas enti- dades. En 2017, 2800 mujeres alternaron aprendizajes centrados en la recupera- ción de la autoestima y el autocuidado, así como distintos saberes para el em- prendimiento y la productividad; entre ellos, la manipulación de alimentos, sis- temas, protocolo, repostería y belleza.

La Casa también es un espacio pro- tector, ya que cuenta con ‘el Cuarto de Abrigo, en el que se albergan mujeres que han sido violentadas e incluso expulsa- das de sus hogares por sus compañeros sentimentales; allí reciben alojamiento por 72 horas mientras deciden qué ac- ción tomar mientras son acompañadas con asesoría integral de otras mujeres.

El proyecto es una iniciativa del Programa Desarrollo para la Paz del Magdalena Centro (PDP Magdalena Centro), el cual tiene varias líneas de gestión entre las que se destaca ‘Cultura de paz y reconciliación’, que busca construir convivencia, confianza y condiciones para una sociedad más justa, humana y solidaria, por medio de la promoción de una cultura de los derechos hu- manos que beneficie la prevención y la transformación de los conflictos; además también favorece los procesos de reconci- liación que hacen posible una paz positiva, estable y duradera.

Este programa, y las diversas iniciativas que lidera, reciben el apoyo de ISA y su filial  ISA Intercolombia, empresas que desarrollan proyectos de infraestructura lineal de energía que recorren la geografía nacional y conviven con las dinámicas ambientales, sociales, económicas y políticas de los territorios donde hacen presencia. Esto hace que su contribución a la transformación social sea un componente estratégico, en tanto las empresas selegitiman como un actor relevanteen el desarrollo local yre- gional desde su prestación de un servicio público esencial co- mo es la transmisión de energía.

La gestión social de ISA y su filial ISA Intercolombia en las diversas regiones del país donde se adelantan PDP, como el del Magda- lena Centro, ha contribuido al empoderamiento de las comu- nidades, la cohesión social y el fortalecimiento de las organiza- ciones sociales de base, para que las iniciativas que estas lideran sean sostenibles y transformadoras. La gestión se realiza bajo un enfoque integral que procura la protección de comunida- des vulnerables y el respeto por la identidad étnica y cultural.

Los resultados construidos por la Casa de la Mujer materia- lizan el propósito de ISA y su filial ISA Intercolombia de promover co- nexiones que inspiran y articulan el esfuerzo de diversos ac- tores, como es el caso de Blanca y muchas otras mujeres que trabajan por la superación de conflictividades y la transfor- mación sostenible de sus propias comunidades. “La Casa me cambió completamente, ahí he aprendido a valorarme, a te- ner autoestima, a quererme, empoderarme, conocer mis dere- chos. Hoy somos otras mujeres. Hemos logrado un aprendiza- je entre todas y no queremos quedarnos con él, sino replicarloa otras”, concluye Blanca.