Unos días antes de que comenzara la cumbre del clima en Madrid (COP25), el Parlamento Europeo declaró emergencia climática y ambiental y les exigió a los Estados miembros, a la Comisión Europea y a las instituciones globales que tomaran medidas concretas para contener esa amenaza antes de que fuera demasiado tarde.

Europa se convirtió entonces en el primer continente en tomar una medida de ese tipo y solo dos semanas después, mientras transcurría la recta final de la cumbre del clima y los países intentaban formalizar sus compromisos en la lucha climática, la Comisión Europea -recién asumida por la alemana Ursula von der Leyen- anunció desde Bruselas la primera gran estrategia para lograrlo: el Pacto Verde Europeo.

Esta ambiciosa hoja de ruta plantea una nueva estrategia de crecimiento económico basada en grandes inversiones en tecnologías verdes, soluciones sostenibles y nuevos negocios que le permitan a Europa alcanzar en 2050 la meta que desde años viene persiguiendo: ser neutral climáticamente. En otras palabras, no emitir más CO2 del que es capaz de absorber en su territorio.

Los embajadores de Bélgica, Finlandia, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Polonia, Rumania, Suecia, La Unión Europea y el Consejero político de España durante la visita que hicieron a la Ciénaga de Santa Marta en noviembre. 

Durante su anuncio, la presidenta de la Comisión Europea dejó claro que la transición hacia un modelo de desarrollo coherente con el medioambiente es un mandato global, que involucra a todos los países. De ahí que en aquellos lugares donde la Unión Europea hace presencia, contribuir a crear oportunidades económicas dignas, inclusivas y sostenibles sea una manera concreta de responder a las necesidades que plantea esta nueva estrategia. Y eso viene haciendo la delegación en Colombia desde hace años.

Desde que llegó al país a comienzos de la década de los noventa, la Unión Europea le ha apostado al campo colombiano y en los últimos años ha sabido aprovechar la ausencia del conflicto armado para potencializar aún más su aporte. Desde 2014, con apoyos presupuestarios que hoy van en 121 millones de euros de cooperación bilateral con el gobierno nacional y otros 120 millones de euros para el Fondo para la Paz, esta delegación apoya proyectos del ministerio de Agricultura, del ministerio de Ambiente y del ministerio de Comercio, Industria y Turismo, de la Alta consejería para la Estabilización, así como de otras instituciones.

Gracias a los programas que la Unión Europea apoya cerca de 120.000 familias ya formalizaron sus tierras y más de 200.000 personas lograron acceder a negocios productivos. Se han promovido 400 negocios verdes en comunidades vulnerables (exhibidos en la octava versión de Bioexpo en Cali en octubre de este año) y se han generado unos 6.500 empleos, de los cuales el 35 por ciento corresponde a mujeres en programas de crecimiento verde, desarrollo territorial inclusivo, equidad de género, sostenibilidad ambiental, apoyo al sector lácteo y desarrollo económico y local. En los próximos años se espera que 42.000 colombianos más formalicen sus predios, 32.000 accedan a proyectos productivos y 65.000 pequeños productores agropecuarios accedan a créditos, entre otros.

A mediados de noviembre por primera vez diez embajadores y diplomáticos de la Unión Europea acreditados en Colombia visitaron Santa Marta y el departamento del Magdalena para fortalecer la agenda ambiental y conocer proyectos de cooperación en la región. Uno de ellos es la construcción de un bote con fondos de vidrios que sirve para que las personas que no saben nadar o bucear, puedan hacerlo sin necesidad de irse a lo profundo del mar. Así, los pescadores de Taganga que entraban al Parque Tayrona y llevaban a cabo actividades nocivas para el ecosistema, tendrán una alternativa de ingresos digna y sostenible.

Hoy más que nunca la coherencia entre desarrollo y medioambiente es un mandato global. Una respuesta urgente a la amenaza ambiental que declaró hace unos días el Parlamento Europeo. Y construir un campo con equidad, legalidad y emprendimiento, así como generar oportunidades económicas sostenibles, es una forma de cumplirlo.