El instinto curioso de Bruno, un perro criollo con un pelaje negro y carmelito, lo llevó a explorar más allá de lo que debía. En diciembre del año pasado, cuando paseaba con sus dueños por el centro de Bogotá, huyó de su familia humana tal vez atraído por el olor de otro can.

Johanna Soto, quien llevaba 11 años con el perro, desde que era un cachorro, lo buscó incansablemente por las transitadas calles del centro capitalino. Pero no encontró rastro alguno de su hijo perruno, situación que le partió el corazón y le arrugó el alma, ya que era su mejor amigo y confidente.

Bruno emprendió una larga travesía por la capital. En enero, el equipo de rescate de OPAIN lo vio deambulando en inmediaciones del Aeropuerto Internacional ElDorado, es decir que mínimo recorrió los 13,6 kilómetros que hay entre el centro y esta zona de la localidad de Fontibón.

Bruno recorrió más de 13 kilómetros desde el centro hasta el aeropuerto ElDorado. Foto: IDPYBA.

El caso fue reportado inmediatamente a la línea 123, llamado que fue direccionado al equipo de urgencias veterinarias. Luego de valorarlo en el aeropuerto, se evidenció que el perro sufría de fuertes dolores y problemas en sus articulaciones debido a su avanzada edad, por lo cual era necesario trasladarlo al Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (IDPYBA).

Le puede interesar: Adopción de perros y gatos se disparó durante la cuarentena

En la unidad de cuidado animal de la entidad, su nuevo hogar, fue nombrado como Edipo, ya que no contaba con algún collar o placa que revelara su verdadera identidad. Allí, los profesionales iniciaron un proceso de rehabilitación y recuperación con el can, brindándole los mejores cuidados para que pudiera ingresar al programa de adopciones.

En marzo, el Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal lanzó la estrategia de adopciones virtuales, logrando que más de 100 perros y gatos fueran entregados a nuevas familias. La entidad lleva más de 3.000 solicitudes de adopción durante el aislamiento preventivo obligatorio por el coronavirus.

Johana Soto nunca perdió la esperanza de volver a abrazar a su perro. Foto: IDPYBA.

Pero Edipo y otros 21 perros a cargo de la entidad, no llamaron la atención de la ciudadanía. La razón, hacen parte del grupo de perros gerontes, es decir los más viejos, animales considerados de difícil adoptabilidad. “La mayoría de las familias prefiere perros más jóvenes”, dijo el IDPYBA.

Le puede interesar: Proyecto colombiano para alimentar perros callejeros en medio la pandemia recibe reconocimiento mundial

Un medio de comunicación nacional quiso llamar la atención de las familias bogotanas para que les brindaran un nuevo hogar a estos perros mayores. “El pasado 15 de mayo, Johanna Soto y su familia vieron la nota emitida en el canal televisivo y se dieron cuenta de que Edipo era realmente Bruno, perro que los había acompañado durante 11 años”, afirmó la entidad.

Bruno y su dueña no ocultaron la felicidad por volverse a encontrar. Foto: IDPYBA. 

El reencuentro

Al ver a su mejor amigo en la pantalla del televisor, Johanna se comunicó de inmediato con la unidad de cuidado animal del IDPYBA. Al acudir al hogar de paso de los animales domésticos, presentó varias pruebas para verificar que se trataba del mismo animal de compañía que había visto crecer.

Le puede interesar: El amor que salva a los animales de la calle durante el confinamiento

Sin embargo, la prueba más fehaciente fue la reacción de Bruno, quien al ver a su dueña y a su familia, cambió sus ojos llenos de tristeza por una expresión cargada de felicidad. Johanna aseguró que nunca había perdido la esperanza de encontrar a su perro. “Antes de ver la nota en el canal, habíamos acordado irnos ese mismo día en la tarde al centro a buscarlo, porque sabíamos que las calles estaban solas por la cuarentena”.

Bruno salió de su hogar de paso meneando la cola de alegría por regresar al hogar que lo acogió desde que era un cachorro, mientras el equipo de profesionales de la unidad de cuidado animal expresó una enorme satisfacción por el deber cumplido.

Johana y su mamá no se cansaron de abrazar a Bruno. Foto: IDPYBA. 

“Fue una grata sorpresa para todos los que trabajamos en la unidad. Hicimos la devolución a la familia con un compromiso de tenencia responsable: llevarlo siempre con traílla y placa de identificación con número de contacto, que reciba periódicamente los servicios veterinarios, que se le suministren los medicamentos que necesita, proporcionarle comida apta para su edad y que cuente con un lugar cómodo para descansar,” comentó Carolina Alaguna, etóloga y médico veterinario del IDPYBA.

No fue el único

Abuelita, una beagle de 11 años, y Lulú, una french poodle de 10 años y a la que le hace falta una pata, conquistaron el corazón de dos familias bogotanas, quienes les abrieron las puertas de su hogar para cuidarlas por el resto de sus días.

Bruno regresó al hogar en donde sólo ha recibido cariño. Foto: IDPYBA.

En la unidad de cuidado del IDPYBA, otros 19 caninos gerontes siguen a la espera de una oportunidad de vida para recibir los cuidados que se merecen. “Invitamos a la ciudadanía a salir de los estereotipos y adoptar uno de estos animales, para que así experimenten los grandes beneficios de la compañía de un perro de edad avanzada”, anotó la entidad.

Los ciudadanos que quieran adoptar a alguno de estos perros pueden ingresar a la página www.proteccionanimalbogota.gov.co/adopciones y seguir las indicaciones.