De un momento a otro lo perdieron todo. La tristeza los agobia y eso se ve reflejado en sus rostros.

El río, ese del que se abastaecían de agua, enfureció, recuperó su memoria, llevándose a su paso todas las rústicas construcciones que, legalmente o ilegalmente, habían sido edificadas en su ribera.

Ahora claman por ayuda en los albergues temporales que fueron abiertos por las autoridades para atender la emergencia.

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Algunos culpan al Gobierno, y en algo tienen razón; otros más conscientes, asumen con conformismo el costo de su imprudencia.

Esta dura escena se ha vuelto común en Colombia. Todos los años en temporada de lluvias miles de personas se ven afectadas por el deborde de ríos, quebradas o lagunas que terminan destrozando sus casas, enseres, cultivos y animales.

En Mocoa el desborde de los ríos Los ríos Mulato, Sangoyaco y Mocoa, así como las quebradas Taruca y Taruquita, provocó el pasado 12 de agosto una nueva inundación. Foto: Juan Pablo Otálvaro 

En 2018 la cifra de damnificados ya llega a cerca de 54.000, debido al intenso invierno que viene registrando desde hace unas semanas en 20 municipios, de ocho departamentos.

El incremento de las precipitaciones ha generado el desbordamiento de ríos en Vichada, Putumayo, Meta, Casanare, Arauca, Córdoba, Magdalena y Boyacá, afectando a poblaciones como Cumaribo, Santa Rosalia, Primavera, Puerto Carreño, Mocoa, Puerto Inírida, entre otras localidades.

El común denominador en todos estos casos es que la mayor parte de los damnificados son personas humildes, que han construido sus viviendas en inmediaciones a los afluentes sin importar los riesgos.

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La falta de planificación y ordenamiento territorial aparece entonces como una de las principales causas por las que este tipo de fenómenos termina generando emergencias entre las comunidades. 

"Se requiere una nueva planeación de los asentamientos ubicados en zonas de riesgo, lo cual significa su relocalización definitiva y evitar que sean ocupadas nuevamente", señala Rodrigo Botero García, director General de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible.

La incontrolada construcción de viviendas en las riberas de los ríos y zonas de alto riesgo es uno de los principales factores para la ocurrencia de emergencias. Foto: archivo/Semana.com

Para el experto la condición climática seguirá incrementando, al igual que los eventos extremos, por lo que se requieren acciones rápidas, pero sobre todo contundentes. 

"Creo que hay omisión y en algunos casos negligencia de parte de las autoridades tanto locales como departamentales y nacionales para contrarrestar este tipo de amenazas. Omisión, en el sentido en que existen las herramientas de ordenamiento territorial que han indicado el conflicto entre la ocupación existente y el riego de inundación o avalancha; sin embargo, se ha omitido tomar una decisión estructural frente a la relocalización de asentamientos", apunta.

García afirma que en algunos casos las autoridades ambientales han señalado esta situación, pero en los concejos o asambleas no han tomado la información con el rigor que se requiere.

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El Director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible considera además que las comunidades son responsables de lo que sucede con el manejo de las cuencas que llevan una alta carga de sedimentación.

"También lo son los medianos y grandes agricultores, y otros agentes de deforestación y sedimentación. Son responsables por ubicarse en zonas de riesgo cuando tienen la información previa; aunque también son victimas cuando se permiten los asentamientos, se los proveen servicios y se generan negocios de venta de inmuebles en zonas que están en inminente peligro", manifiesta.

García denuncia además, que existe un negocio oscuro en la venta de inmuebles en estas zonas.

"De ello hay ejemplos en Mocoa, Puerto Carreño, Chía y Cota, en la sabana de Bogotá", afirma.

Las inundaciones o avenidas torrenciales generan la pérdida de los enseres, cultivos y animales en las comunidades ribereñas. Foto: Juan Pablo Otálvaro 

Por su parte, Germán Bermúdez, director del Consejo Departamental de Gestión del Riesgo de Desastres de Boyacá, resalta que la Ley 1523 de 2012 estipuló que a todas las personas naturales o jurídicas les corresponde adoptar las medidas necesarias en su ámbito personal con miras a salvaguardar sus vidas.

"Es poner en práctica el principio de autoconservación ya que realmente en todo el país muchas comunidades no previenen el riesgo por desconocimiento, falta de socialización o conveniencia", expresa.

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Al crecimiento urbano desorganizado se suma otro factor determinate: la deforestación. 

La tala de árboles para la industria maderera, la expansión de la frontera agrícola, la gandería o la minería pueden generar cuencas ineficaces, es decir, que no tienen la capacidad de regular los flujos hídricos, pues son los árboles los que permiten este proceso.

Esto repercute para que se generen, además de erosión y desertificación en los suelos, sedimentación en los ríos, lagos o quebradas. A su vez, propicia la disminución de la profundidad del agua, así como de la capacidad de embalse y, en últimas, se pueden provocar deslizamientos que terminan por obstaculizar el afluente, generándose un alto riesgo de avalancha o avenidas torrenciales.


La deforestación y la sedimentación son otras las causas que repercuten para la generación de inundaciones en Colombia. Foto:archivo/Semana.com

De igual forma, la no regeneración de los árboles y la falta de implementación de un sistema de alertas tempranas eficaz pueden convertirse en otro de los componentes que aumenta el riesgo de inundaciones, al igual que la no ejecución de obras e infraestructura que permitan contrarrestar este fenómeno de una u otra manera.

"El vertimiento de residuos y aguas no tratadas en los ríos y quebradas, así como las malas prácticas agrícolas, generan sedimientos y movimientos en masa que redundan en represamientos tras los cuales vienen las avalanchas o las avenidas torrenciales", manifiesta Camilo Barrera, geólogo.


Biodiversidad también se afecta


Pero no solo las comunidades se ven damnificadas con las inundaciones, avalanchas o avenidas torrenciales, también las especies vegetales y animales que se ubican en la zona.

Silvia Gómez, directora de Greenpeace en Colombia, considera que cuando ocurren este tipo de fenómenos poco preocupa el impacto sobre la biodiversidad.

"Los árboles que se caen dejan de absorber dióxido de carbono y muchas especies de animales mueren o se ven obligadas a emigrar debido a la inundación de su hábitat, lo que genera una descompensación ambiental y la muerte de ecosistemas estratégicos", señala Gómez.

Los animales y su hábitat tienden a sufrir graves impactos tras las inundacionaciones. La mayoría debe emigrar. Foto ilustración: archivo/Semana.com 

La Directora Greenpeace en Colombia agrega que los peces y demás animales acuáticos también sufren como consecuencia del desplazamiento de plantas, invertebrados e insectos del lecho de los ríos, haciéndolos mucho más suceptibles a padecer enfermedades.

"Esto también puede acarrear problemas sanitarios como consecuencia de la contaminación que producen los cuerpos de los animales en el agua o en la tierra", apunta.


Las tareas


Para los expertos lo más importante es ajustar los planes de ordenamiento territorial, fortalecer los sistemas de alertas tempranas, reubicar definitivamente a las familias que se encuentran en zonas de riesgo, organizar las cuencas hidrográficas, adelantar planes de reforestación efectivos, estructurar adecuadamente los comités locales de gestión del riesgo, organizar más organismos de socorro  y ejercer un mayor control sobre licencias de construcción cerca a la ribera de los cauces.