La Cordillera de los Picachos fue declarado Parque Nacional Natural en 1977, cuando el entonces Inderena decidió proteger más de 447.000 hectáreas de los departamentos de Caquetá y Meta por ser un punto estratégico y único en el país que conecta los biomas de la Orinoquia, Amazonia y los Andes. Su ubicación geográfica lo convierte en uno de los sitios más completos y biodiversos del país.

Aunque lleva más de 42 años como una de las 59 áreas protegidas del territorio nacional, esta figura solo lo ha blindado en el papel. Los Picachos es uno de los Parques Nacionales más afectados por la deforestación, un flagelo que convierte a sus bosques húmedos tropicales en extensas sabanas para la cría de ganado. 

La caída de sus bosques viene marchando a paso galopante. En 2015, tan solo 39 hectáreas boscosas desaparecieron por el accionar de la motosierra, cifra que pasó a 137 en 2016, 1064 en 2017 y 2045 en 2018. Es decir que en cuatro años, esta zona estratégica para la biodiversidad perdió casi 3.290 hectáreas.

Los Picachos figura entre los cuatro Parques Nacionales Naturales más deforestados en Colombia. La ganadería es su mayor verdugo. Foto: Rodrigo Botero.  

La ganadería es el principal motor de la deforestación en Los Picachos. Dentro del Parque ya hay hatos ganaderos de gran tamaño, además de vías y trochas utilizadas para el ingreso y salida de vacas y familias que llevan habitando en el sitio desde antes de su declaratoria como territorio intocable. El año pasado, un operativo del gobierno arrojó la extinción de dominio de 600 reses de ganado.

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Los Farallones de Cali, otro de los Parques Nacionales Naturales más antiguos en el país, declarado en 1968, cuenta con las formaciones rocosas más jóvenes de la cordillera Occidental de los Andes. Es el área protegida más grande en el Valle del Cauca, donde habitan más de 540 especies de aves y nacen más de 30 ríos.

En este tesoro biodiverso del Pacífico, conformado por más de 196.000 hectáreas, las principales problemáticas son la minería ilegal, la disposición de residuos sólidos y desperdicios sanitarios por parte de los turistas y los incendios forestales en época de sequía.

Pico Pance en los Farrallones de Cali, uno de los sitios más mágicos de esta área protegida. Foto: PNN. 

Con el fin de mitigar los impactos ambientales causados por las actividades del hombre, Parques Nacionales Naturales (PNN) ha firmado acuerdos de restauración participativa con varias familias campesinas de ambas áreas protegidas, las cuales se han comprometido a frenar la frontera agropecuaria y conservar los recursos naturales presentes.

48 acuerdos en Picachos

Desde 2017, 48 familias de Los Picachos han firmado acuerdos con Parques Nacionales, quienes hoy en día adelantan trabajos de conservación y restauración ecológica participativa e implementan acciones como la liberación de áreas de interés ambiental del bosque húmedo andino, procesos de enriquecimiento y aislamiento, sistemas silvopastoriles y apicultura.

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En la más reciente firma, llevada a cabo esta semana en la inspección Guayabal del municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá), 15 familias campesinas se comprometieron a realizar una producción sostenible en la Zona de Reserva Campesina Cuenca del Río Pato y Valle de Balsillas.

Según Parques, estos acuerdos, financiados por la Unión Europea mediante el programa de apoyo presupuestario, desarrollo local sostenible, están encaminados a recuperar zonas de interés ambiental en áreas aledañas al Parque Nacional y favorecer así la conectividad ecosistémica y la protección de las fuentes hídricas.

Firma de los acuerdos de conservación en la inspección Guayabal del municipio de San Vicente del Caguán. Foto: PNN.

Cordillera de los Picachos posee gran importancia para la conexión ecológica entre las regiones Andina, Amazónica y Orinocense. Su riqueza biológica es incalculable y alberga los únicos ecosistemas de páramos húmedos del país”, aseguró la entidad.

Los ecosistemas de Picachos son variados: páramos inaccesibles, bosques altoandinos, zonas de piedemonte, selvas inundables, humedales de tierras bajas y morichales, los cuales le brindan refugio a 50 especies de mamíferos como churuco, danta de páramo, armadillo gigante y oso hormiguero. Por la zona sobrevuelan 290 especies de aves. 

A proteger la magia

En los Farallones de Cali, 21 familias campesinas del corregimiento de VillaCarmelo, que hace parte de las cuencas Meléndez y Pance, accedieron a firmar acuerdos de restauración ecológica para la conservación con Parques Nacionales.

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Luz María Ante, una de las habitantes que firmó, aseguró que acuerdos son una gran responsabilidad para la comunidad, “ya que permitirán conservar la magia de esta área del Pacífico. Nosotros como colectivos somos conscientes de que estamos viviendo en una zona protegida, por lo cual hay que cuidarla y conservarla. Estos esquemas deben hacerse en toda Colombia”.

Campesinos de los Farrallones de Cali suscriben acuerdos para frenar la deforestación. Foto: PNN.

Los campesinos de los Farallones se comprometieron a no seguir ampliando la frontera agropecuaria, cuidar y proteger las áreas liberadas y aisladas para restauración y participar en las jornadas de capacitación concertadas con los funcionarios de Parques, además de ser multiplicadores de sus experiencias adquiridas en el proceso de restauración.

Esta área protegida del Valle del Cauca alberga mamíferos como murciélagos, pumas, panteras, tigrillos, zorros, osos de anteojos, cinco especies de primates (mico maicero, mono colorado, chongo, marteja o mico de noche y marimonda), osos hormigueros, perezosos, ardillas, conejo sabanero, nutrias, pecaríes, tatabro, venados, guaguas, guatines, armadillos y cusumbos.

Las aves más representativas son el paraguero del Pacífico, tángara multicolor, montero verdeamarillo, pava caucana y gallito de roca.

Una de sus especies insignia es la rana venenosa lehman, la cual solo habita en la cuenca del Anchicayá, entre los municipios de Dagua y Buenaventura. Mide aproximadamente 3,5 centímetros y es de colores amarillo, rojo o naranja con franjas negras.


Rana venenosa lehman, que solo habita en la cuenca del Anchicayá entre los municipios de Dagua y Buenaventura. Foto: PNN.