El norte del departamento de Caldas, conformado por los municipios de Aranzazu, Pácora, Salamina y Aguadas, es una de las zonas más transformada en Colombia durante los últimos 350 años. Cultivos como café y aguacate y el desarrollo de pasturas para el ganado, hicieron palidecer el bosque andino de la zona.

El territorio se convirtió en una de las zonas de mayor alto desarrollo agrícola del Eje Cafetero, pero perdió cerca del 80 por ciento de sus sus ecosistemas naturales. Hoy en día sólo sobrevive una quinta parte de lo que había originalmente, la mayoría concentrada en las reservas forestales protectoras de Tarcará y El Diamante y el distrito de conservación de suelos El Gigante. 

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A pesar de los impactos agrícolas y ganaderos, la fauna y flora sigue dando certeras muestras de resiliencia en el norte de Caldas. Así lo reveló un proceso de identificación de la estructura ecológica de la subregión adelantado por la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre (Wildlife Conservation Society - WCS) en Colombia y la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas).

24 especies de anfibios fueron registradas en el norte de Caldas. Foto: Julián Rojas.

Durante 31 días de recorridos y expediciones, las entidades identificaron 382 especies de animales silvestres (24 de anfibios, 227 de aves, 14 de reptiles, 53 de mamíferos y 64 de abejas) y 439 especies de plantas, números que para WCS no son definitivos y que seguramente aumentarán si se realizan nuevos monitoreos. 

“Toda estas cifras se recolectaron en un gradiente altitudinal que va desde los 550 metros sobre el nivel del mar, en el cañón del río Cauca, hasta los 3.750 metros en las cumbres de la cordillera central, que incluye zonas de páramos”, informó la sociedad.

El estudio sobre la biodiversidad de la subregión norte de Caldas se convierte en un insumo para que las comunidades conozcan la flora y fauna con quienes comparten el territorio, afirmó Silvia Álvarez, investigadora de WCS Colombia y líder del trabajo.

La perlita tropical (Polioptila plumbea), una de las 227 especies de aves que hacen presencia en la zona. Foto: Deivy Gómez.

“Al entender cuáles son los elementos biofísicos que hay en la región, se consolida un soporte para priorizar unas zonas por encima de otras a la hora de tomar decisiones de conservación. La estructura ecológica que hemos identificado ocupa 50 por ciento de la subregión norte de Caldas. La biodiversidad es la base para hacer cualquier plan de ordenamiento territorial, ya sea municipal o regional”, relata Álvarez.

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La experta considera que con estos datos biodiversos sobre la mesa, las autoridades podrán aclarar desde el ordenamiento territorial cómo suplir las necesidades de las comunidades en la región, “sin olvidar el peso ecosistémico que permite la vida en un territorio. El reto para esta región de Caldas será construir un paisaje funcional donde cada parte, ya sea un grupo de plantas o animales, adquiera importancia a la hora de diseñar o crear un entorno viable que nunca olvide a sus habitantes”.

En la identificación de la biodiversidad de la subregión norte de Caldas participaron los investigadores Víctor Rincón, Andrés Bohórquez, Eliana Rincón, Julián Rojas, Mónica Rodríguez, Tatiana Velásquez y Yuli Ramírez.

Seis especies endémicas

En cuanto a aves, el municipio más diverso fue Aguadas con 145 especies registradas. Le siguen Pácora con 100, Aranzazu con 93 y Salamina con 68. Estas estimaciones fueron posibles a través de los cantos, recorridos de observación o capturas en redes de niebla para luego regresarlas a su hábitat.

“De las 227 especies de aves identificadas en los cuatro municipios, 14 son migratorias continentales y tres sólo pueden verse en esta parte del país en todo el mundo, es decir son endémicas: el hormiguero de Parker (Cercomacroides parker), la guacharaca colombiana (Ortalis columbiana) y el carpinterito punteado (Picumnus granadensis)”, dijo WCS Colombia.

Otras 22 aves son casi endémicas de Colombia, como  el tucán celeste, gorrión montes cabeciblanco, tucán culirojo, esmeralda de los Andes, urraca de pecho negro, arrendajo de cuello negro y tinamú cabecirojo.

A pesar de la transformación del territorio, la biodiversidad sobrevive. Foto: Julián Rojas.

“Los análisis muestran que la diversidad de aves de la subregión es alta, con un 16 por ciento de especies dominantes. Estas cifras además dan una señal sobre el estado de las coberturas forestales de la región”, dice el informe de WCS.

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De los 53 mamíferos identificados, la mayor diversidad la tienen los murciélagos del orden Chiroptera, con 32 especies, y los pequeños roedores del orden Rodentia. “Encontramos tres mamíferos endémicos, una de ellas la musaraña de orejas pequeñas (Cryptotis medellinius) y el ratón de Handley (Handleyomys intectus)”.

Frente a los anfibios, que fueron analizados a través de recorridos diurnos y nocturnos, los expertos evidenciaron que en la zona vive cerca del 3,5 por ciento de la diversidad total de este grupo faunístico en el país.

Los datos de biodiversidad son insumos claves para el ordenamiento territorial de la zona. Foto: Julián Rojas.

“La familia más rica fue Craugastoridae (11 especies), todas pertenecientes al género Pristimantis, que representan 45,8 por ciento de los 24 anfibios registrados. Este es un grupo de vertebrados terrestres muy diversificado, que incluye ranas cuya reproducción no requiere de cuerpos de agua y pueden vivir en la vegetación de páramos, bosques altoandinos o incluso en bosques húmedos tropicales”, menciona la organización.

Le siguen en representatividad las ranas arborícolas de la familia Hylidae con cuatro especies y la Centrolenidae, donde están reunidas las ranas de cristal. “Tres anuros fueron reportados por primera vez para Caldas: Pristimantis parectatus, P. scoloblepharus y Trachycephalus typhonius, este último llamado como la rana lechera común”.

El estudio en el norte de Caldas identificó 64 especies de abejas de 31 géneros. La familia Apidae, con 41 especies, fue la más representativa, grupo que incluye a la abeja doméstica, también llamada como la de las orquídeas.

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De los 14 reptiles registrados, 57,1 por ciento fueron serpientes y 42,9 por ciento restante lagartos. Entre las plantas hay una especie casi amenazada: Geonoma undata, y una en categoría vulnerable: el roble andino.

Se registraron dos helechos arbóreos y 62 morfotipos de orquídeas, varios citados por el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), los cuales poseen una veda nacional para su conservación, reproducción y fomento en todo el país”, manifestó la organización.