Desde tiempos remotos, en los territorios del Caribe colombiano ha sobrevivido una tradición culinaria macabra para los animales silvestres. Tortugas como la hicotea son extraídas de sus refugios hídricos y boscosos para pasar a la mesa, un proceso en el que los reptiles son cercenados con seguetas y metidos en ollas de agua hirviendo para que su poca carne se afloje del caparazón.

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Por su parte, las iguanas son capturadas en plena época de desove, justo cuando tienen decenas de huevos en el vientre. Los cazadores las abren de par en par para sacarles los huevos. Algunos las rellenan con piedras, las cosen y las dejan a la deriva hasta que mueren. Por las carreteras del Caribe abundan los vendedores de huevos de iguana, quienes las exhiben como si fuera un rosario.

Las iguanas son capturadas para comercializar sus huevos. Foto: Jhon Barros.

La época de Semana Santa es la más trágica para estos animales silvestres. Debido a la prohibición católica del consumo de carne roja, muchos habitantes del Caribe ven en las tortugas e iguanas una opción para no caer en pecado. Sin embargo, este tráfico no es exclusivo del norte del país. En los terminales de transporte de grandes ciudades como Bogotá, son incautadas neveras de icopor con carne de estos reptiles durante todo el año.

El viacrucis de estos reptiles no ha encontrado quién lo erradique, es una tradición ancestral que está aferrada en la población caribeña. Ante esto, la Corporación Autónoma Regional del Magdalena (Corpamag) decidió enviar un llamado de advertencia para mermar el tráfico de fauna, revelando que la costumbre de consumir iguanas, hicoteas y otros animales silvestres, pueden acercar a los seres humanos a virus peligrosos.

“Además de representar una gran amenaza a la biodiversidad, el tráfico de especies silvestres es un grave problema de salud pública y una de las causas de la proliferación de enfermedades zoonóticas, es decir aquellas que se transmiten entre animales y seres humanos, ya sea por virus, bacterias, parásitos u hongos”, dijo la autoridad ambiental.

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En el departamento del Magdalena, las especies más amenazadas por la caza y el tráfico ilegal son las aves, iguanas, babillas y las tortugas hicoteas, de las cuales su estado de conservación es una preocupación a nivel nacional. También reciben los coletazos del ser humano el jaguar, oso perezoso y varias especies de monos, ya sea por su piel o para ser usados como mascotas.

Así llegan las tortugas hicoteas a los terminales de transporte de Bogotá. Foto: Secretaría de Ambiente.

Según Corpamag, la tenencia, transporte y consumo de fauna silvestre aumenta la posibilidad de transmisión de enfermedades zoonóticas como la fiebre amarilla, salmonelosis, rabia y hasta el coronavirus, todas de un alto riesgo para la salud humana. 

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Julieth Prieto, bióloga de la corporación, indicó que el manipular la fauna silvestre puede poner en riesgo la salud humana. “La costumbre de consumir iguana, hicotea y otros animales nos puede acercar a virus peligrosos. Todas las especies silvestres deben estar en su espacio natural, donde cumplen una función ecosistémica. Sacarlas de su hábitat y manipularlas, altera la armonía natural y pone en riesgo la vida de los seres humanos”.

El consumo de iguana puede conllevar a enfermedades para el ser humano. Foto: MinAmbiente.

Actualmente, la corporación adelanta la campaña de educación y comunicación Por nuestra salud y el bienestar del planeta, no compres ni vendas fauna silvestre, que busca informar a la comunidad sobre los riesgos de estas prácticas y las afectaciones ambientales y sanitarias que se pueden generar como consecuencia del tráfico ilegal.

"Seguiremos intensificando los controles en las carreteras y establecimientos con el apoyo de la Policía y el Ejército Nacional, además de desarrollar campañas de sensibilización en torno a este tema", dijo Corpamag.

La tradición de consumir tortugas hicotea en Colombia no ha encontrado freno alguno. Foto: Codechocó.