La Amazonia, la región más biodiversa de Colombia conformada por más de 48 millones de hectáreas distribuidas en 10 departamentos, no debería contar con una sola cabeza de ganado. Así lo indican la vocación y capacidad de sus suelos, insumos técnicos que sólo permiten actividades productivas relacionadas con las actividades forestales.

Sin embargo, los sobrevuelos a ras de selva de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible (FCDS) revelan todo lo contrario. Extensos pastizales con pocas vacas aparecen con mayor frecuencia en la vasta manigua, territorios donde árboles centenarios del bosque húmedo tropical fueron cercenados y calcinados por las mafias deforestadoras.

Esta hecatombe del bosque está concentrada en siete municipios de los departamentos de Caquetá, Guaviare y Meta: San Vicente del Caguán, Cartagena del Chairá, San José del Guaviare, La Macarena, Calamar, El Retorno y Solano, territorios que rodean al Parque Nacional Natural Serranía del Chiribiquete, área protegida declarada como patrimonio cultural y ambiental del planeta.

El verde del bosque amazónico sucumbe por la ganadería extensiva. Foto: Rodrigo Botero.

Según cifras del inventario bovino del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), el hato ganadero en estos municipios ha aumentado en cerca de un 60 por ciento durante los últimos años, al pasar de 1.078.084 cabezas de ganado en 2016 a 1.727.872 en 2019, es decir un incremento de 649.788 bovinos. 

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San Vicente del Caguán lidera el listado de los territorios más ganaderos de la Amazonia, con 853.385 bovinos en 2019 y un crecimiento de 240.812 reses desde 2016. Le siguen Cartagena del Chairá, San José del Guaviare y La Macarena.

En los últimos cuatro años, estos siete municipios perdieron 300.415 hectáreas de bosque, una devastación ambiental que sobresale en los territorios más ganaderos: San Vicente del Caguán perdió 68.687 hectáreas boscosas, Cartagena del Chairá 63.726 hectáreas, San José del Guaviare 50.587 hectáreas y La Macarena 49.830 hectáreas.

Es más que notoria la relación entre la ganadería y la pérdida del bosque en la Amazonia. Gráfico: FCDS.

Nueva alianza

Para Rodrigo Botero, director de la FCDS, la responsabilidad de las autoridades en la aplicación de la ley con los grandes deforestadores puede empezar con develar quién está metiendo el ganado en la Amazonia y los que se están quedando con las tierras.

Los acuerdos con el sector ganadero se deben orientar a reducir su avance hacia los bosques amazónicos, plasmado en 300.000 hectáreas deforestadas en los últimos años y 650.000 nuevas cabezas de ganado en los municipios del arco de deforestación. ¿Cuál es el compromiso del sector ganadero?”, trinó el experto en su cuenta de Twitter hace unas semanas.

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José Félix Lafaurie, presidente ejecutivo de la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán), respondió a los planteamientos de Botero. “El compromiso irrenunciable de Fedegán es con la ganadería verde y el bienestar animal. Como ganadero he sido vivo ejemplo de la promoción de sistemas amigables con el medioambiente. Lo invito y acompaño a develar qué hay detrás del arco de deforestación con ganadería”.

Las carreteras y hatos ganaderos son cada vez más numerosos en la Amazonia colombiana. Foto: Rodrigo Botero. 

El director de la FCDS aceptó la invitación de Lafaurie y manifestó que con un trabajo mancomunado pueden avanzar con información para la zonificación de la actividad agropecuaria en la Amazonia. “Acuerdos comerciales de cero deforestación, los certificados de origen y la trazabilidad, serán nuestra agenda”.

El compromiso de Fedegán podría ser el punto de partida para poner fin a la ganadería extensiva en la Amazonia, uno de los mayores motores de la deforestación representando en pocas reses en grandes terrenos antes repletos de bosque, y así empezar a desarrollar una actividad pecuaria que no degrade los recursos naturales. 

Hatos ganaderos donde antes se imponían los bosques abundan en la Amazonia. Foto: Rodrigo Botero.

La FCDS y Fedegán unirán fuerzas para desenmascarar lo que hay detrás de la clara relación entre la deforestación y el hato ganadero en la Amazonia. “Lafaurie dejó clara su preocupación por la región amazónica y su intención por develar quiénes están liderando la problemática. Esto es un gran avance para el futuro territorio”.

Ya está corroborado que los colonos no son los protagonistas en la devastación del bosque por la ganadería. “Por eso, este trabajo estará enfocado en establecer quiénes son los que tienen la capacidad financiera para tumbar bosque, hacer las carreteras para sacar el ganado y tranzar con los actores armados”. 

La investigación conjunta arrojará cómo están relacionados los diversos actores que participan en la ganadería amazónica. “Esta actividad no está sólo en una cabeza, como las FARC, los mafiosos, los colonos, los paramilitares o los políticos. A lo mejor el sistema funciona precisamente porque todos están engranados”, precisa Botero.

Además de acabar con el bosque amazónico, la ganadería causa certeros impactos en los suelos. Foto: Jhon Barros.

La carta de navegación

La futura alianza entre la FCDS y Fedegán podría partir en un estudio detallado de las zonas más ganaderas de los siete municipios del arco de deforestación, un análisis que les permitirá identificar quiénes son los dueños del ganado y las arandelas de la actividad.

Así podremos saber de quién es el ganado, las personas que han llegado al territorio y las inversiones. También evidenciará cómo es el comportamiento del mercado, es decir quién compra la leche y el ganado, si las vacas son para ceba o levante, hacia dónde lo llevan y cuál es el lugar en que son sacrificadas”, expresó Botero.

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Las políticas de responsabilidad empresarial de los compradores finales de la carne también serán parte de la investigación. “Hay que dialogar con las grandes superficies que venden carne, las cuales deberán contar con una certificación de origen de los productos, es decir que no vengan de una zona que fue deforestada”.

Los sobrevuelos de la FCDS revelan la hecatombe ambiental causada por la ganadería. Foto: Rodrigo Botero.

Con todos estos insumos sobre la mesa, Botero le apuntará a la creación de una agenda legislativa que obligue a los centros de comercialización a contar con la trazabilidad de los productos y el certificado de origen, los cuales indiquen de dónde viene la carne y la leche.

Esta agenda legislativa también deberá frenar la construcción legal de carreteras en la selva amazónica. El legislativo no puede seguir permitiendo la estimulación de la ganadería con la llegada de las carreteras. El Estado es el que le da confianza a ciertos ganaderos para que se metan hasta el último rincón de la selva. Las reglas deben ser claras”, aseguró Botero.

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Todo esto requerirá de un periodo de transición establecido por el legislativo. “Si tenemos medio millón de cabezas de ganado en la Amazonia, no vamos a poder sacarlas de un momento a otro. Pero si es posible pensar que en cinco años podría hacerse una reconvención de estos sitios, por medio de metas y seguimientos puntuales”.

Los suelos de la Amazonia no cuentan con una vocación ganadera, algo que solo se cumple en el papel. Foto: Jhon Barros. 

Fedegán no puede ser el único aliado contra la ganadería devora bosques. “El compromiso también debe llegar a las autoridades departamentales y municipales, que son los primeros en poner todas las garantías al desarrollo de estas actividades. Como lo dijo el Procurador, las aguas negras de la democracia están en las formas de financiar las campañas de los mandatarios”.

Por ejemplo, explica Botero, si tres ganaderos poderosos logran montar a una persona como alcalde o gobernador, este no podrá oponerse a favorecerlos con desarrollos como la construcción de carreteras. “Tiene que haber un mecanismo legislativo que evite que el mismo Estado haga estas calaveradas”.

La tala del bosque hace parte de la cultura de los habitantes de San Vicente del Caguán. Foto: Jhon Barros.

La ruta de la carne

Los acuerdos para una zonificación productiva que no atente contra los recursos naturales y la biodiversidad de la Amazonia, serán una de las principales estrategias del trabajo mancomunado con Fedegán.

“La ganadería en la región no es un asunto de buenas prácticas. Esta actividad no debe ser el elemento para ampliar la frontera agropecuaria, por lo cual tenemos que reducirla, retraerla, concentrarla y trabajar en una zonificación ambiental”, menciona Botero.

Para el experto, esa zonificación esclarecerá de dónde proviene la carne que consumen los colombianos y la que sale del país. “Los grandes almacenes deberían certificar de dónde viene la carne, si fue sacada sin deforestación o si tienen certificado de origen o trazabilidad, al igual que hacia el mercado internacional. Las buenas prácticas empiezan por ese componente de zonificación ambiental”.

El Bajo Caguán, en Cartagena del Chairá, es uno de los sitios más ganaderos en la Amazonia. Foto: Jhon Barros.

Botero recalca que el propósito no es erradicar de tajo la ganadería la Amazonia. “El ideal es concentrar la actividad en ciertas áreas, para así reducirla, transformarla y volverla más amigable. Esto es posible a través de buenas prácticas como la protección de los bosques, los desarrollos silvopastoriles, el mejoramiento de suelos y los corredores biológicos”. 

Los diseños de paisajes con ganadería pueden contribuir a mitigar los impactos en la biodiversidad y los servicios ambientales. “Toda la ganadería en la Amazonia tendrá que pasar al desarrollo silvopastoril, pero en algunas zonas sí tendrá que desaparecer. No podemos seguir pensando que si un territorio ya cuenta con ganadería, la actividad debe permanecer allí, como el ganado metido en Chiribiquete o las invasiones en los resguardos indígenas”.

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La proliferación del ganado en la Amazonia tiene su raíz en la ilegalidad. Según Botero, esta actividad se vuelve rentable cuando las tierras del Estado son robadas para desarrollar ganadería en grandes extensiones. “A esto se le suma los dineros provenientes del narcotráfico y las inversiones del Estado en la construcción de carreteras, factores que vuelven rentable a la ganadería”.

En la zona, muchos de los desarrollos ilegales utilizan los servicios de las federaciones como vacunación, guías y asistencia técnica. “No podemos seguir vacunando ganado en los resguardos, Parques Naturales o reservas forestales invadidas. Ese es un aspecto que debe ser tratado de manera urgente”.