Es un ecosistema propio de las tierras bajas y cálidas. En la época de sequía, sus árboles pierden las hojas para ahorrar agua y en Colombia está distribuido en el Caribe, los valles interandinos de los ríos Cauca y Magdalena, la región Norandina en Santander y Norte de Santander, el valle del Patía, Arauca y Vichada.

Se trata del bosque seco tropical, uno de los tesoros naturales más fragmentados y afectados en el país por la deforestación, la sobrecarga agropecuaria y la minería. Según el Instituto Humboldt, actualmente queda menos del ocho por ciento del área original cubierta por este ecosistema, al pasar de más de nueve millones de hectáreas a cerca de 720.000 hectáreas, de las cuales sólo cinco por ciento está protegido.

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Este bosque alberga un sinnúmero de especies únicas en el mundo que logran adaptarse a las condiciones de extrema sequía, una de las particularidades por la que es llamado el bosque de los mil colores. El Humboldt ha registrado hasta el momento 1.342 especies de árboles y arbustos, 195 de lianas y 25 de cactus, de las cuales 54 son únicas del bosque seco (36 bajo algún grado de amenaza). 

87 por ciento de las especies len~osas del bosque seco son raras y están muy vulnerables a desaparecer. Foto: Jhon Barros.

La rápida transformación del paisaje en el territorio nacional ha obligado a las autoridades a correr contra reloj para generar un conocimiento útil sobre el ecosistema y así orientar las estrategias para su conservación, “pues solo hasta hace pocos años se ha empezado a vislumbrar su abundante biodiversidad”, dice el Humboldt.

En 2014 fue creada la Red de investigación y monitoreo del bosque seco tropical en Colombia, de la cual hace parte el Instituto Humboldt, una estrategia que determinó que un primer paso para ampliar el conocimiento de este ecosistema es el establecimiento de parcelas permanentes, plataformas útiles para monitorear la biodiversidad en los trópicos creadas desde hace décadas pero poco desarrolladas para el bosque seco.

Monitoreo clave

Natalia Norden y Roy González, expertos del Humboldt y coautores del artículo construcción de una plataforma de monitoreo socioecológico para la gestión integral de los bosques secos tropicales, plantean varias alternativas para salvar al bosque de los mil colores en el país.

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Norden, investigadora del programa ciencias de la biodiversidad del Instituto Humboldt, conoció el bosque seco muchos años después de graduarse, luego de haber trabajado por un buen tiempo en ecosistemas húmedos. “Después de haber recorrido algunos de los bosques secos del país, no dejo de sorprenderme por su magia y características particulares. Muchas de las cosas que lo hacen tan singular, también lo hacen vulnerable”.

Natalia Norden y Roy González llevan varios años estudiando el bosque seco tropical de Colombia. Fotos: Instituto Humboldt y Jhon Barros.

Para la experta, con las plataformas de monitoreo de la biodiversidad se han podido censar miles de árboles, información que ha arrojado varios datos como que la diversidad de plantas disminuye cuando el ambiente se torna muy seco. “Sin embargo, las especies de la familia del frijol (leguminosas) muestran una respuesta diferente, pues incluso en lugares muy áridos encontramos una gran diversidad de estas plantas”.

Con el estudio del bosque seco, los científicos determinaron su alarmante estado y las posibles rutas para tomar acciones para su gestión integral. “Ahora vendrá la década de desarrollar estas acciones y empezar a monitorear los resultados”, dice Norden.

Por su parte, González, experto del programa ciencias de la biodiversidad, lleva ocho años investigando el bosque seco en Colombia. “He aprendido mucho sobre el funcionamiento de este ecosistema y la ecología de sus árboles, pero quizás lo más importante de este proceso ha sido el tejido social y científico construido”.

Colombia lleva un poco más de una década estudiando el bosque seco tropical. Foto: Felipe Villegas - Instituto Humboldt.

El investigador considera que cada vez es más evidente el impacto de las acciones humanas sobre la pérdida de biodiversidad a nivel global. Sin embargo, precisa que no es suficiente sólo identificar las especies, sino entender la ecología y dinámica en respuesta a los motores de transformación.

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 “El monitoreo ecológico de las plantas, a través de parcelas permanentes, nos permite medir de forma recurrente y precisa como fenómenos como la intensificación de las sequías pueden inducir mayor mortalidad de los árboles y alterar el funcionamiento de los bosques”, anota González.

Norden complementa a su colega. “Casi la mitad de las especies de plantas del bosque seco en Colombia son raras y la inmensa mayoría tiene una distribución restringida, por lo que se requiere una gestión integral que incluya una mayor comprensión de sus patrones de abundancia y distribución".

Las espinas de los árboles del bosque seco son una de sus particularidades. Foto: Felipe Villegas - Instituto Humboldt.

Bosques únicos

Colombia lleva una década de estudios sobre el bosque seco tropical, tiempo en el que los investigadores han concluido que se trata de un ecosistema único por su estacionalidad climática y los altos niveles de endemismo. Por ejemplo, las especies han desarrollado distintas estrategias para tolerar las condiciones de extrema sequía. 

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“En Colombia, los bosques secos tienen varias particularidades adicionales que los hacen únicos en el mundo. Primero, se ubican en la franja de convergencia intertropical de la tierra que estimula una amplia variabilidad climática cada año, fenómeno de pocos países con bosque seco en Latinoamérica”, indica González.

Otra particularidad es que las montañas en Colombia imponen barreras geográficas que separan los bosques secos a lo largo y ancho del territorio. “Además, en el país convergen especies presentes de los bosques secos del Caribe, del sur y de las sabanas de la Orinoquia. Quizás es por esto que son tan heterogéneos y particulares fragmento a fragmento”, dice el investigador del programa de ciencias de la biodiversidad.

El tití cabeciblanco es el animal más representativo del bosque seco. Foto: Felipe Villegas - Instituto Humboldt.

Para Norden, la alta cantidad de especies de plantas y animales endémicos también lo hacen único. “Hay 83 especies de plantas endémicas para Colombia en este ecosistema, como el macondo, restringida al cañón del Chicamocha; el coya colorado en Tolima; y la calabacita del Caribe colombiano y venezolano”.

En cuanto a animales, la especie más carismática y a su vez impactada es el mono tití cabeciblanco, “primates del tamaño de una ardilla que solo habitan en el noroeste del país y están en peligro crítico de extinción. Los árboles del bosque seco son importantes para la regulación del clima, el mantenimiento de la fertilidad del suelo y la protección de las cuencas hidrográficas. Este ecosistema proporciona bienes y servicios a millones de personas y mejora su bienestar a través del suministro de alimentos y leña”, expresó Norden.

Así los monitorean

Los expertos han monitoreado al bosque seco por medio de parcelas permanentes. Según González, esto consiste en una serie de censos repetidos a lo largo del tiempo, tanto de la flora como de la fauna en un área delimitada, que incluyen caracterizaciones ambientales y de paisaje. 

“Gracias a esta herramienta, hemos podido evaluar el crecimiento y la mortalidad de las especies de plantas, sus cambios en la biomasa, los cambios en la diversidad de aves y vertebrados terrestres en el paisaje, así como los paisajes sonoros; todo esto con una frecuencia temporal específica a cada grupo biológico”.

Mapa del bosque seco elaborado por los monitoreos del Instituto Humboldt.

Estos monitoreos les han permitido entender las múltiples respuestas de los bosques a motores de transformación, “como por ejemplo la intensificación de la sequía y los regímenes de incendio. Adicionalmente, este proceso de monitoreo a largo plazo se ha fortalecido desde el involucramiento de las comunidades locales, un aspecto clave si consideramos que cada sitio de estudio estará generando datos e información durante décadas”, manifestó González.

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Las plataformas para el monitoreo de la biodiversidad en bosques secos de Colombia arrojaron un mapa con 571 puntos de validación y caracterización, con 16 parcelas permanentes de una hectárea en bosques maduros que incluyen información de las plantas, transformación del paisaje, animales, paisajes sonoros y el monitoreo participativo de las comunidades locales.

Varios habitantes del bosque seco dedican su vida a proteger el ecosistema. Foto: Jhon Barros.

Insumos primoriales

Norden indica que debido al avance de la deforestación en el bosque seco tropical, es crucial enfocar esfuerzos para preservar los fragmentos más conservados de este ecosistema. “El mapa de distribución actual ha sido un instrumento clave pues reveló el alcance de la pérdida de cobertura, lo que llevó al Gobierno a declarar varias áreas protegidas, como zonas en el Caribe que le apuntan a la preservación del tití cabeciblanco”.

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El mapa del bosque seco también ha servido en el tema minero. “Gracias a este insumo, varias licencias para exploración o explotación minera se han suspendido, mientras las autoridades ambientales identifican y declaran las áreas estratégicas que necesitan protección. Proyectos de extracción de oro y explotación de arena en el norte del país han sido interrumpidos”, recalca la experta.

González destaca que la desaparición gradual de este ecosistema ha impulsado la creación de programas innovadores destinados a cambiar la visión tradicional de la extracción y explotación de recursos hacia un uso más sostenible de los recursos naturales. 

La deforestación es sin lugar a dudas, la mayor amenaza para el bosque seco tropical. Foto: Jhon Barros.

Hasta el momento se han identificado 362 especies de plantas que tienen diferentes usos, como por ejemplo, alimentos, medicinas, o artesanía. Estas iniciativas le dan un valor agregado a una economía basada en la biodiversidad y van de la mano con el bienestar humano”, dice González.

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Ambos investigadores consideran que el trabajo continuo con las comunidades locales que habitan en el bosque seco del país, ha sido uno de los mayores logros.

“Las poblaciones locales monitorearon seis especies de plantas y tres especies de animales que son potencialmente útiles o ecológicamente importantes. Estas personas ven su entorno natural como una oportunidad para el turismo rural o de naturaleza a través  de la observación de aves. Todo este proceso ha generado una apropiación del conocimiento sobre biodiversidad muy fuerte”.

Retos

Los investigadores del Humboldt advierten que existen muchas acciones para impulsar el manejo del bosque seco en Colombia, pero cada una debe enfocarse en las diferentes regiones en donde hace presencia este ecosistema. 

No se pueden establecer recomendaciones generales. Una hoja de ruta fundamental es el Programa Nacional para la Gestión Integral del Bosque Seco Tropical en Colombia, documento que plantea los objetivos, metas y acciones a desarrollar en los próximos 10 años en materia de gestión del conocimiento, preservación, restauración y uso sostenible”, dice González.

El Caribe colombiano es la región con mayor cantidad de relictos de bosque seco tropical. Foto: Jhon Barros.

La carrera contra reloj por el bosque seco está más vigente que nunca. González informa que la lista roja de ecosistemas establece que los bosques secos siguen una trayectoria de degradación que supone su colapso en los próximos 50 años, y otra publicación reveló que todas las regiones de bosque seco de Colombia están en la lista de las 10 menos representadas y protegidas de la región. 

Para salvarlo necesitamos esfuerzos integrados del Gobierno, organizaciones ambientales, academia y empresas privadas. Afortunadamente, la intensa estrategia de divulgación sobre la importancia del bosque seco ha visibilizado mucho este ecosistema en el país, lo que ha sido muy importante en diversas instancias de toma de decisiones. Involucrar a los actores sociales es una condición para evolucionar hacia una gestión integral de este ecosistema”.