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BBC

Este marsupial carnívoro se alimenta de un tipo de sapo introducido en Australia a principios del siglo XX. Se trata por tanto de una especie invasora denominada "sapo de caña".

Lo curioso es que su carne es venenosa para los dasyurus, por lo que está acabando con estos animales nocturnos parecidos a las ardillas. Pero su propia especie puede salvarlos.

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Científicos descubrieron que hay un grupo de dasyurus que han vivido aislados y que rechazan la carne que pone en peligro su existencia.

Ahora, quieren transmitir este rechazo a los ejemplares que se encuentran en el norte del país.

Flujo genético dirigido

Investigadores de la Universidad de Melbourne, en Australia, descubrieron que esta falta de interés por la carne venenosa del anfibio invasor es algo hereditario.

Así que, para salvar a estos animales en peligro, modificaron su genética usando la técnica de flujo genético dirigido que intenta impulsar el rasgo genético que protege a una especie dentro de la misma. Y está empezando a dar resultados.

Lo que hicieron fue superpoblar otras zonas de Australia con ejemplares de dasyurus que rechazan la carne venenosa para que comenzaran a reproducirse y, así, transmitieran el gen que determina un apetito diferente.

Sapo de caña
El sapo de caña fue introducido en Australia en 1930 para acabar con los escarabajos que estaban acabando con las cosechas, pero se reprodujeron tan rápido que ahora hay más de 200 millones en todo el país. Foto: GETTY vía BBC. 

Los científicos comprobaron después de un tiempo que en la isla India, una de las zonas del país más infestada por sapos de caña, las especies más jóvenes habían sobrevivido: el gen se había pasado de los marsupiales con aversión a la carne de sapo a sus crías.

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"Nacer en la isla y sobrevivir hasta la edad adulta significa que estos marsupiales recibieron genes ‘inteligentes‘ y no comen sapos", dijo al diario británico Observerla investigadora Ella Kelly, de la Universidad de Melbourne.

"Esto muestra que el flujo de genes dirigidos puede funcionar", añadió.

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Los conservacionistas ven esta técnica con esperanza y creen que podría aplicarse a otros seres vivos en peligro de extinción.

Es una forma de acelerar su evolución, haciéndoles dotarse con los genes que mejor se adaptan al su entorno.