En Colombia, el bosque seco tropical está catalogado como uno de los ecosistemas más amenazados por actividades depredadoras como la ganadería extensiva, la minería ilegal y la agricultura a granel, algunos de los principales motores de la deforestación.

Cerca del 90 por ciento de los territorios habitados por estos árboles resistentes a la sequía ya fue arrasado por la motosierra. De las más de 9 millones de hectáreas que eran habitadas por bosque seco, hoy no sobrevive más de un millón de hectáreas en algunos parches de la región Caribe, los valles de los ríos Cauca (en Cauca y Valle del Cauca), Patía (Nariño) y Magdalena (Tolima y Huila), los santanderes y la Orinoquia.

Los siete departamentos del Caribe son los principales hogares de este bosque fundamental en la regulación hídrica, la retención de los suelos y la captura de carbono. Del millón de hectáreas con este ecosistema en el país, más de 417.000 hectáreas están en los territorios costeños (40,9 por ciento).

La Sierra Nevada contiene varios ecosistemas, como las perpetuas puntas montañosas de los glaciares, páramo y bosque seco tropical. Foto: Santiago Giraldo (Pro-Sierra).   

En la Sierra Nevada de Santa Marta, un tesoro natural con más de 1,7 millones de hectáreas de los departamentos del Magdalena, Cesar y La Guajira, está gran parte del bosque seco sobreviviente de la costa, una conservación liderada por los cuatro pueblos indígenas que allí habitan: arhuaco, kogui, kankuamo y wiwa, un trabajo basado en su sabiduría ancestral y devoción por la madre tierra.

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En 2017, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) empezó a trabajar en la defensa del bosque seco tropical en la Sierra por medio de Riqueza Natural, un programa que involucra a las comunidades indígenas y campesinas y que pretende reducir las amenazas a los ecosistemas y especies prioritarios en paisajes estratégicos.

Más de 320 familias indígenas arhuacas de las comunidades ikarwa y gun aruqun, quienes en los últimos 20 años han recuperado y conservado más de 15.000 hectáreas de bosque seco en sus territorios sagrados, decidieron participar en el programa para crear un manual que paslmara sus principales prácticas culturales de conservación.

Varios indígenas arhuacos de la Sierra participaron en el primer Foro Nacional del Bosque Seco, realizado por el Instituto Humboldt en Bogotá. Foto: Jhon Barros.

Factores como el incremento de las quemas, la tala indiscriminada, el futuro embalse Los Besotes, la ganadería extensiva, el conflicto armado y el turismo descontrolado, muestran que debemos tomar medidas ante la fragilidad de los bosques secos. Una de ellas es escribir y revelar mensajes ancestrales que solo hemos transmitido de generación en generación a través de la oralidad”, dijo Samuel Villafañe, uno de los líderes arhuacos de la Sierra.

“Kun tikkiriwiwakun chwamu” o manual de prácticas culturales para la conservación y uso tradicional del bosque seco, es una guía exclusiva para los indígenas de la Sierra. “El ideal es que las próximas generaciones tengan un insumo escrito sobre las prácticas que debemos adelantar para que la naturaleza no sufra”, complementó Villafañe.

Estos indígenas, con la asesoría de expertos de USAID, destinaron varios meses para recolectar información de los bosques secos de su hogar sagrado, realizar inventarios de especies de flora y fauna y conversar con los mamos y abuelos mayores. “Reflexionamos sobre las prácticas que no han tenido beneficios para el pueblo y aprendimos a usar herramientas tecnológicas para delimitar nuestro bosque seco", anotó el indígena.

El pueblo arhuaco socializará el manual del bosque seco con los miembros de las otras etnias que hacen presencia en la Sierra. Foto: Felipe Villegas.

Agua y animales, protagonistas

Para Minelys Arias, una de las indígenas que participó en la elaboración del manual, el agua es la sangre de la madre Tierra, un enlace entre la vida y la naturaleza. “La vida de nosotros se refleja en el crecimiento de los afluentes: niño cuando nace, más fuerte en la adolescencia y adultez y mortuorio cuando llega el tránsito de la vida física a la espiritual”.

Los pueblos ikarwa y gun aruwun consideran que la fuente hídrica más importante de su bosque seco es el río Guatapurí, al que ellos llaman Dwamuriwa, que es de origen glaciar y mide 93 kilómetros de largo.

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Para conservar el agua protegemos y encerramos los nacederos, ahorramos el líquido lo más que se pueda, recogemos los residuos y basuras y conformamos un equipo de seguimiento y control. Además, todos los espacios del agua deben estar gobernados por árboles del bosque seco”, aseguró Villafañe.

En la Sierra Nevada nacen ríos como el Guatapurí. Al conservar el bosque, sus indígenas buscan que los cuerpos de agua no se sequen. Foto: Jhon Barros. 

En cuanto a los animales de su territorio, los arhuacos no los ven por separado. “Hacen parte del territorio, de la madre y del equilibrio físico y espiritual que requiere la tierra para estar sana y dar buena vida a los que lo habitamos. Son fuente de alimento, dispersan semillas y polinizan las plantas”, cita el manual.

En el bosque seco de 15.000 hectáreas que han conservado, estos indígenas lograron identificar una gran variedad de fauna, como tortugas galápago, búhos, jaguares, culebras coral, guacamayas, colibríes, loros, pájaros ardillas, armadillos, iguanas, grillos y sapos.

“Para proteger a los seres del bosque seco hacemos cerramientos a los chivos y pagamentos a los padres y madres de estos animales cuando debemos cazarlos para algún ritual o ceremonia espiritual. Está prohibido la comercialización de cualquier especie”.

El jaguar es uno de los animales que hacen presencia en el bosque seco de la Sierra Nevada. Foto: cortesía ISA.

Aprovechar sabiamente las plantas

Por contar con una amplia variedad de pisos térmicos, que van desde el glaciar hasta el mar, la Sierra Nevada tiene con una amplia gama de especies vegetales de diversos colores, texturas, tamaños y propiedades, con las cuales el pueblo arhuaco convive y armoniza su vida.

“Las especies nativas hacen parte de la esencia del ser arhuaco y representan un bien inalienable sobre el cual debe mantenerse el cuidado, protección y uso racional dentro de los parámetros de la ley de origen. El bosque seco cuenta con árboles, plantas, arbustos distribuidos en pastos, rastrojos y áreas de conservación, que han sido afectadas por la ganadería y que estamos en la obligación de conservar”, anota Villafañe.

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Los indígenas de la Sierra utilizan algunas especies del bosque seco. Tal es el caso del so’kunu, el palo de una planta que con el calabazo, conchas de caracoles y hojas de coca, los hombres consagran su pensamiento. “También encontramos especies vegetales que utilizamos para la retribución, así como para teñir los algodones requeridos por los mamos durante las ceremonias contra las enfermedades. Abundan las plantas medicinales”, menciona la guía.

Las plantas del bosque seco tropical son utilizadas por los indígenas de la Sierra para sus rituales sagrados. Foto: Jhon Barros.

En el inventario realizado por estas etnias, identificaron como las especies más representativas al trompito, orejero, cañahuate, yarumo, algodón y corazón fino, las cuales tienen usos medicinales y semillas claves para la sobrevivencia de estos pueblos.

La tala de los grandes árboles está rotundamente prohibida en el territorio. “Cuando son desplazados se alerta su función y se produce un desequilibrio espiritual. Hay una relación entre los árboles y el río, porque el fruto y la madera que transporta el río tiene la función de alimentar los animales del mar”, anota Minelys Arias.

El manual advierte que cuando el hombre interviene y desplaza los árboles de sus espacios, cambian los ciclos. “El árbol ahora está siendo utilizado para hacer muebles, escaparates y puertas; por eso viene el mal de chagas para los seres humanos y aparecen las enfermedades”.

Las mujeres indígenas de la Sierra Nevada tienen una estrecha relación con los bosques. Son sus mayores protectoras. Foto: Felipe Villegas.

“Nosotros hacemos chagras para cultivar, pero son pequeñas áreas que talamos y quemamos con permiso de la naturaleza. Uno de los motivos del manual es que todos tomemos conciencia en cuanto a los incendios, los cuales deben ser controlados, puntuales y no es épocas de sequía. Debemos aprender a controlar y cuidar nuestros bosques” dijo Alberto Torres, indígena de la Sierra Nevada en la parte del Cesar.

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Minelys Arias concluyó que la madre tierra representa a la mujer. “Por eso, las mujeres arhuacas somos las que lideramos la conservación y protección de ecosistemas como los bosques secos tropicales. Estamos íntimamente relacionadas con la tierra, sentimos su dolor y somos su voz para que no la sigan maltratando”.

La Sierra Nevada es uno de los ecosistemas más afectados por el cambio climático. Cada vez pierde más glaciar y zona de páramo. Foto: IGAC. 

Apoyo al posconflicto

El programa Riqueza Natural de USAID inició actividades en la era de posconflicto en Colombia, con el objetivo de reducir las amenazas a ecosistemas y especies prioritarios en paisajes estratégicos de las regiones Caribe y Orinoquia.

“Colombia es el segundo país con mayor biodiversidad en el mundo y hábitat de 10 por ciento de las especies del planeta. Por eso decidimos apoyar al gobierno colombiano en el cumplimiento de las metas de conservación y desarrollo rural integral sostenible, para lograr así una paz estable y duradera en el marco del posconflicto”, mencionó Jorge Lottero, coordinador de esta estrategia.

Los indígenas de la Sierra firmaron una alianza con diversas organizaciones nacionales e internacionales para blindar los bosques secos. Foto: Jhon Barros.

Los departamentos de Bolívar, Sucre, Cesar, La Guajira, Casanare y Vichada fueron seleccionados por USAID como los principales núcleos para trabajar con las comunidades en la defensa del bosque seco del Caribe y las sabanas inundables de la Orinoquia.

“Este proyecto, que va hasta 2022, pretende proteger los ecosistemas estratégicos a través de buenas prácticas de conservación, restauración ecológica y actividades productivas, además de fomentar y desarrollar instrumentos económicos y financieros que incentiven los negocios verdes en las comunidades. Cerca de 4.000 personas ya se han visto beneficiadas por esta estrategia, la cual cuenta con el apoyo de entidades como el Instituto Humboldt”, puntualizó Lottero.