El cóndor de los Andes es el único representante de la fauna colombiana que hace parte de un símbolo patrio. Aparece en la parte alta del escudo, con sus alas extendidas y una corona de laureles en el pico, una estampa que a simple vista hace pensar que su conservación es una prioridad nacional.

Sin embargo, esta imponente ave de plumaje negro y con un collar de peluche blanco en su cuello, que en el mundo solo habita en la cordillera de Los Andes, desde las tierras perpetuas del sur de Argentina hasta las zonas tropicales de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia, está al borde de la extinción.

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El Libro Rojo de las Aves de Colombia lo incluyó en el listado de las especies en peligro crítico de extinción, un título que ostenta debido al deterioro y transformación de sus hábitats, la expansión de la frontera agrícola hacia los bosques andinos y páramos, la cacería y hasta creencias falsas de que su sangre tiene poderes curativos. 

La actividad pecuaria es uno de sus grandes enemigos. Algunos ganaderos creen que los cóndores cazan a las vacas, por lo cual los atraen con cebos envenenados que, al ser ingeridos, les causan la muerte en pocos días. 

El cóndor de los Andes es una de las especies en peligro crítico de extinción en Colombia. Foto: Fernando Castro.

Muchas de estas aves han muerto al consumir estos restos de animales con altas dosis de veneno, casi siempre agroquímicos. A esto se suma la acelerada deforestación, que les ha quitado los lugares para reproducirse y anidar, y los tendidos eléctricos sobre las montañas”, dijo Fernando Castro, zootecnista y curador de aves del Parque Jaime Duque.

Aunque es una hipótesis, el Libro Rojo de las Aves estima que en Colombia no hay más de 150 cóndores en su hábitat natural, en sitios como la Sierra Nevada de Santa Marta, la Serranía del Perijá, el páramo de Cáchira, el macizo de Santurbán, el páramo del Almorzadero y la Sierra Nevada del Cocuy.

Rayo de esperanza

Hace pocos días, Diego Fernando Carvajal recorría una zona rural del municipio de Cerrito, ubicado en Santander, que hace parte del páramo del Almozardero. A lo lejos divisó una bandada de cóndores de los Andes en plena jornada de alimentación, posiblemente un animal muerto o carroña.

El ciudadano sacó de inmediato su celular para grabar la faena de los ocho cóndores. De repente, un perro apareció corriendo por la zona, lo que causó que las aves alzan vuelo hacia lo más alto de la zona paramuna.

Todo indica que en Colombia no hay más de 150 cóndores de los Andes en su hábitat natural. Foto: Fernando Castro.

Al conocer el video, Alexcevith Acosta, director de la Corporación Autónoma Regional de Santander (CAS), informó que el avistamiento presentado en la provincia García Rovira, en el páramo del Almorzadero, es una aparición inusual que refleja la resiliencia de los seres vivos en los ecosistemas estratégicos.

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“Esta bandada de cóndores de los Andes, nuestra ave nacional, es una gran noticia para los seres vivos que habitan en estos ecosistemas. Los páramos del Almorzadero, Guaca y San Andrés hacen parte del corredor de caza del puma y otros depredadores, y sabemos que el cóndor, por ser carroñero, tiene una labor muy importante dentro de esta cadena alimenticia”, dijo Acosta.

Una comisión técnica de la CAS estará vigilando la zona para escuchar a los pobladores y hacer pedagogía sobre la relación del humano con la fauna silvestre, “que es vital en estos momentos en los que atraviesa el planeta. La invitación para todas las comunidades es a proteger los cóndores, cuidarlos y saber convivir con ellos”, recalcó el director de la CAS.

Almorzadero es uno de los sitios donde más se han registrado avistamientos de cóndores. Foto: Fernando Castro.

El cóndor de los Andes (Vultur gryphu) no es muy hábil cazando. Según Castro, quien lleva varios años estudiando a la especie en el Jaime Duque, esta ave busca como alimento mamíferos muertos como dantas, venados y ganado. 

“Por eso está catalogado como una ave carroñera que a menudo es confundida con el chulo. Es una de las especies más fieles en el reino animal, ya que en los más de 60 años que alcanza a vivir, solo tiene una pareja. Pone solo un huevo cada dos o tres años”.

Los machos, que alcanzan a pesar hasta 15 kilos, poseen una cresta protuberante en la frente, mientras que las hembras, que carecen de esta característica física, intimida con unos ojos de color rojo encendido. 


El Parque Jaime Duque cuenta con un programa para la conservación del cóndor de los Andes. Foto: archivo Fernando Castro.

Así salvan a los cóndores

Desde 2013, el Parque Jaime Duque, ubicado en el municipio de Tocancipá (Cundinamarca), trabaja en una estrategia de reproducción en cautiverio del cóndor de los Andes, que inició con conseguir una pareja para que habitara en el Bioparque Wakatá (antiguo zoológico).

Encontrar a un macho y hembra no fue fácil. Según Castro, la búsqueda inició en algunos zoológicos o centros de rehabilitación de Colombia, pero la cifra era muy baja y la mayoría había superado la edad de reproducción. Ante esto, empezaron a tocar puertas internacionales.

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Las poblaciones más grandes de cóndor están en Chile y Argentina. Nos comunicamos con Eduardo Pavez, quien maneja el centro de rehabilitación de aves rapaces en Talagante (Chile), que en esa época contaba con más de 60 cóndores en proceso de rehabilitación”, asegura el curador de aves del Jaime Duque.

Tres parejas de cóndores conforman el proyecto de reproducción de esta especie en Colombia. Foto: Fernando Castro.

En 2015, el centro de rehabilitación de Chile le donó a Colombia tres parejas juveniles de cóndores con edades entre los ocho y 10 años para el programa de reproducción, que fueron distribuidas en el Jaime Duque, el Aviario Nacional de Colombia en Cartagena y el zoológico de Santa Fé en Medellín.

En el bioparque del Jaime Duque están Xue (el macho) y Chie (la hembra), pareja que habita en una zona de 1.000 metros cuadrados con decenas de árboles y perchas para que ejerciten sus alas y una cueva para que hagan el nido.

“Como eran adolescentes, los cóndores no estaban listos para reproducirse. Este es un proceso demorado porque son muy nerviosos, tanto así que cuando llegaron al Jaime Duque empezaron a vomitar, una medida de defensa para perder peso y arrancar a volar”, apunta el experto.

Xue, el macho, ya ha intentado montar a la hembra. Foto: Fernando Castro.

El año pasado, Xue y Chie empezaron sus primeros coqueteos. El macho ya ha intentado montar en varias oportunidades a la hembra, extendiendo primero sus largas alas negras y moviéndose hacia su pareja como si estuviera bailando cumbia. 

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“Al comienzo Chie lo rechazaba de tajo. Pero ya empezó a ceder y está más receptiva a los cortejos. Xue aún no logra montarla, así que lo único que hay que hacer es esperar. En su hábitat natural, los cóndores se reproducen cada dos años, poniendo casi siempre un huevo”, anota Castro.

Chie, la hembra, espera convertirse en madre muy pronto. Foto: Fernando Castro. 

De las tres parejas donadas por Chile, solo una ha logrado la reproducción, la del Aviario de Cartagena. A comienzos de 2019, las cámaras captaron a un huevo en el nido, que fue incubado por el padre y la madre durante más de dos meses. 

Tayrona nació en abril. Lamentablemente, a los tres meses el pequeño cóndor murió. El polluelo presentó un crecimiento de bacterias. Pero aún así la causa de su muerte no se supo porque su cuerpo presentaba una descomposición avanzada”, anota Castro.

Tayrona, polluelo que nació en el Aviario de Cartagena. Foto: Aviario Nacional.

Nicho en Almorzadero

En 2017, el Jaime Duque y la Fundación Neotropical, que trabaja con rapaces y cóndores, iniciaron un piloto en el páramo del Almorzadero para que los campesinos del lugar no siguieran afectando a las aves de este ecosistema.

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El primer paso fue hablar con las comunidades del páramo, en los municipios de Málaga y Cerrito, quienes denunciaron que los cóndores estaban comiéndose a las ovejas y cabras pequeñas, algo que no es cierto. Esta especie es carroñera y sus habilidades de caza son mínimas”, dice Castro. 

El Jaime Duque y la Fundación Neotropical trabajan con los campesinos del páramo Almorzadero para conservar al cóndor. Foto: Fernando Castro.

Las entidades instalaron cámaras de alta definición cerca de las supuestas áreas donde el cóndor atacaba a los animales de corral. “Un video mostró a 12 cóndores tratando de atacar a un cabro pequeño. Aunque se ve que lo pican por el ano, es evidente que los cóndores no tienen instintos de caza”.

Diez familias campesinas de Málaga y Cerrito dieron luz verde para poner en marcha el proyecto piloto. La primera actividad fue estabular las ovejas y cabras, es decir criarlas de forma controlada en corrales. 

Construimos varios corrales, llamados apriscos, que cuentan con techos para que los cóndores no identifiquen a las ovejas. Con ayuda del SENA, capacitamos a la comunidad en el manejo adecuado de sus animales. Los campesinos dicen que ya no quieren afectar a los cóndores”, expresa el zootecnista.

El cóndor de los Andes es una especie carroñera que no tienen habilidades para cazar. Foto: Fernando Castro.

En la zona fueron construidas tres plataformas de alimentación para los cóndores, con alturas superiores a los cinco metros para evitar que algún perro los ataque. “Cada 15 días se les pone carroña. Las cámaras han captado bandadas de hasta 20 aves. También trabajamos en un plan de manejo ambiental para el área de los cóndores en Almorzadero”. 

En noviembre de 2018, campesinos del páramo encontraron a dos cóndores en mal estado, débiles, tirados en el suelo y a punto de desfallecer: estaban envenenados.

Las aves fueron trasladadas hasta el Jaime Duque en un avión de la Fuerza Aérea. Illika y Dasan recibieron tratamiento para expulsar el veneno. Luego de un largo proceso de rehabilitación, en enero de 2019 los cóndores, a los que les instalaron transmisores satelitales para monitorearlos, fueron liberados.

Dos cóndores que fueron enveneados fueron rescatados por la comunidad y curados en el Jaime Duque. Foto: Fernando Castro.

“Dasan estuvo sobrevolando Almorzadero y luego cogió rumbo hacia Norte de Santander el Nevado del Cocuy. Illika siguió por Aguachica y Pailitas en el Cesar, y voló por la Serranía de Perijá hasta llegar a la Sierra Nevada de Santa Marta. No se ha quedado quieta”, recuerda Castro.

En el trabajo con los cóndores, es decir en la reproducción de las parejas en cautiverio y el trabajo con los campesinos en Almorzadero, el Parque Jaime Duque ha invertido más de 3.500 millones de pesos desde 2015.