Sólo habita en las selvas húmedas tropicales de Sudamérica, en países como Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela y Guyana. Las cuencas de los ríos Amazonas, Orinoco, Putumayo, Napo, Paraguay y Alto Paraná son sus principales hogares y es catalogada como la serpiente más grande del mundo. 

Se trata de la anaconda verde (Eunectes murinus), una especie emblemática de la Amazonia que alcanza a medir 12 metros de largo y 30 centímetros de ancho y pesar hasta 200 kilos. Su imponente cuerpo de color verde oscuro zizaguea por los ríos negros y carmelitos, donde caza anfibios y reptiles. En las densas selvas se alimenta de animales como tapires, monos y aves.

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Su gran tamaño no la ha protegido de la nefasta mano del hombre. Algunas personas las matan por considerarlas como un peligro para los animales de corral, los niños o la vida humana, ignorando que la anaconda no es venenosa ni ataca a la población. Otras las capturan recién nacidas para comercializarlas en el mercado negro del tráfico ilegal de fauna silvestre.

Una anaconda de 4,5 metros de largo fue rescatada del tráfico ilegal y luego liberada en una zona boscosa de Caquetá. Foto: Armada Nacional.

Sin embargo, su mayor amenaza es la destrucción del hábitat, un fenómeno impulsado por la deforestación y la minería ilegal. La tala y quema de bosque las deja sin hogar, mientras que los químicos de la minería contaminan los cuerpos hídricos donde permanece la mayor parte del tiempo.

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En época de verano, cuando las mafias aprovechan las altas temperaturas para ocasionar enormes incendios en bosques amazónicos y así acaparar las tierras, muchas anacondas mueren calcinadas por el fuego. La mayoría huye de las selvas y queda a la deriva de los traficantes de fauna o los cazadores.

Así le ocurrió a una anaconda de 4,5 metros de largo en el departamento del Caquetá, que fue recuperada por personal de la fuerza pública cuando los traficantes la sacaron de su hábitat natural para comercializarla ilegalmente. 

La anaconda ahora habita en la Laguna de Chairá en Caquetá. Foto: Armada de Colombia.

El reptil fue trasladado a un hogar de paso de fauna silvestre de la Universidad de la Amazonia, ubicado en Florencia, donde biólogos, zootecnistas y veterinarios de la institución académica y la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia), le brindaron alimentación y cuidado. 

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Ayer, como conmemoración del Día Nacional de la Vida Silvestre, Corpoamazonia decidió liberar a la anaconda en la Laguna de Chairá, una zona boscosa y húmeda del municipio de Cartagena del Chairá. Cuatro tortugas negras (Mesoclemmys gibba) y una charapa (Podocnemis unifilis), también víctimas del tráfico de fauna, la acompañaron en su regreso a la selva.

La anaconda fue cargada por varias personas para llegar al sitio de la liberación. Foto: Armada de Colombia.

En varios guacales, los animales silvestres emprendieron un viaje por carretera de más de tres horas desde el hogar de paso en Florencia hasta Cartagena del Chairá. Personal de Corpoamazonia, Universidad de la Amazonia, Armada de Colombia y batallones de la Policía Nacional, lideraron la liberación.

Cuatro personas se encargaron de cargar en sus hombros a la anaconda y llevarla a lo más profundo de la selva, todos cumpliendo los protocolos de bioseguridad para prevenir la propagación de la pandemia de la covid-19.

Al dejarla en el suelo repleto de hojarasca, la anaconda empezó a zigzaguear con calma hacia un cuerpo de agua, donde nadó tranquilamente hasta perderse en la selva húmeda amazónica.

Su gran tamaño no la ha salvado de las garras de los traficantes de fauna. Foto: Armada de Colombia.

Ese mismo día, una boa arcoiris (Epicrates cenchria) que fue rescatada en la vía pública de Leticia, regresó a la selva de la capital del Amazonas. “El examen médico y comportamental del reptil arrojó que era apta para la reubicación en su entorno natural”, dijo Corpoamazonia.

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La entidad hizo un llamado para que la ciudadanía conozca la importancia de las especies silvestres, tanto animales como plantas. “Debemos respetar, conservar y proteger la vida silvestre, principalmente aquellas especies que se encuentran en algún grado de amenaza o en cautiverio”.

Boa arcoiris liberada en las selvas de Leticia. Foto: Corpoamazonia.