En Colombia pasó desapercibida una noticia reciente que le movió el piso a una de las más grandes industrias brasileras, la de cárnicos, y planteó una solución radical al problema ambiental que azota a la selva amazónica.

Nordea Asset Management, que se encuentra entre las empresas financieras más grandes del norte de Europa, eliminó de su portafolio al gigante de la carne de Brasil y mayor procesador de cárnicos en el mundo, la JBS, que tiene clientes en al menos 150 países. Nordea, su principal inversionista, retiró sus activos a JBS porque no logró desligar la deforestación de su cadena de producción.

La decisión de Nordea se aplicó a una cartera estimada de 40 millones de euros que mantenía en JBS.

Si bien la empresa brasileña estaba en el radar de organizaciones ambientalistas como Greenpeace desde hace más de 10 años, dos hechos colmaron la paciencia de Nordea.

Uno:  en 2017  JBS se vio envuelta en un escándalo que involucraba la compra de casi 50.000 cabezas de ganado criado en bosques deforestados amazónicos. Y dos: en 2019, una investigación que publicó The Guardian reveló que habría negociado reses con una empresa vinculada a la tala de bosques.

Nordea no es la única gran inversionista decidida a dejar de invertir en Brasil si no resuelve el problema de la deforestación: una tendencia que la ecologista, ex senadora y ex ministra de medio ambiente brasileña Marina Silva, ve como un punto de quiebre del flagelo que entre enero y junio de 2020  liquidó más de 300.000 hectáreas de selva amazónica en Brasil.

Para ella, básicamente  significa descontinuar la lógica de ganar dinero, sin reparar en la forma. Un tema del que poco se habla en Colombia. Silva conversó con SEMANA SOSTENIBLE sobre las diferentes maneras de enfrentar la deforestación y lo que representa para Latinoamérica.

SEMANA SOSTENIBLE: Además de parar la deforestación ¿existe alguna forma de darle la vuelta a la realidad actual de pérdida de bosque?

Marina Silva: Doy un ejemplo de política pública. Cuando fui ministra del medioambiente entre 2003 y 2008 (es poco elegante hablar de sí mismo) existía solo una forma de tratar la deforestación: el ministerio apartado, corriendo atrás de los daños cometidos por las acciones del propio gobierno en el área de energía, en el área de transporte, en el área de la minería. Entonces definimos una política ambiental transversal, de todos los ministerios que impactan el medioambiente, e hicimos un plan con la participación de 13 ministerios coordinado por el ministerio del medioambiente, y logramos reducir la deforestación en 83 por ciento  durante 10 años consecutivos, en un ambiente en que la agricultura y la economía brasilera crecían. 

SS:  ¿Qué cree que está pasando ahora mismo con la deforestación en el continente y cómo se podría enfrentar, en este caso, como países amazónicos unidos?

MS: Con toda la certeza puedo decir que la deforestación es un gran problema para América Latina. La mayor parte del agua de Suramérica la produce la selva amazónica. En los países en desarrollo más del 70 por ciento de su PIB depende de la biodiversidad: por eso es importante proteger los bosques. Recientemente estuve en un evento con el premio nobel de la paz Muhammad Yunus y sugerí una especie de plan Marshall para el modelo sostenible de desarrollo de Latinoamérica. Esto es contar con un aporte de recursos para inversiones sostenibles que mantengan la selva de pie, tanto en Colombia, como en Perú; tanto en Bolivia y Brasil como en todos los países de la cuenca que comparten la Amazonia. Los requerimientos e inversiones no pueden ser hechos y tampoco financiados ni por bancos, el FMI o el BID sin que una buena cantidad de los recursos se destinen a hacer viable la sostenibilidad. Debemos pensar en los problemas ambientales desde la biodiversidad porque esa es nuestra riqueza. 

SS: En ese orden de ideas, ¿cuál cree que sea el papel de actores de la sociedad como los bancos y las empresas, en ese propósito común de cuidar la biodiversidad como patrimonio?

MS: Los bancos pueden darle prioridad a financiar actividades que respetan el medioambiente. Crear requerimientos que vayan más allá de honrar el compromiso financiero y honren la calidad ética,  la calidad ambiental y social. Aquí en Brasil 17 exministros de Hacienda y el presidente del Banco Central firmaron una carta diciendo que la economía no puede caminar más separada del medio ambiente. 

SS: Entonces, ¿cabe la posibilidad de un futuro económico verde?

MS: De una parte, la Unión Europea está creando una serie de protocolos para que se adquieran más productos sostenibles, y los inversionistas ya lo están haciendo. De otro lado, si los demócratas ganan las elecciones en Estados Unidos, ellos están comprometidos con adelantar una agenda direccionada hacia los objetivos del desarrollo sostenible y el Acuerdo de París. Juntos harían una gran presión verde. Incluso la Unión Europea trabaja en un protocolo para  la tributación de productos de alta huella de carbono (contaminante).  Entonces, si su minería, su producción de madera, su agricultura son contaminantes, estas actividades deberán pagar tasas altas y en muchos casos no serán compradas, adquiridas o importadas. Es bueno que las empresas que creen que basta con hacer publicidad para burlar a los consumidores sepan que van a ser miradas por mérito. Quienes están siendo obligados a reducir la tasa de carbono de sus productos,  no van permitir que los que tengan productos de alta huella contaminante hagan competencia desleal.

SS: ¿Cómo cree que ha actuado Brasil ante la gravedad de la problemática ambiental por la que atraviesa actualmente?

MS: Tengo la costumbre de decir que Bolsonaro es inconsientemente incompetente. Pero ahora él está siendo obligado a  discutir el problema. Cerca de 38 grandes empresas brasileñas, acaban de entregar un manifiesto diciendo que hay que tomar acciones con respecto a los indígenas y a la deforestación en los biomas de Brasil. Los inversionistas extranjeros están diciendo que no van a invertir, los empresarios sintieron el peso de lo que esto significa y empezaron a cobrarle al gobierno, entonces él no tiene alcance, no tiene comprensión de la agenda. Es un negacionista, pero la presión lo está obligando a debatir el asunto. Aunque lo cierto es que no hay forma de dejar este tema en las manos de Bolsonaro. Las empresas tienen que crear una agenda propia, un cronograma de certificación de su producción, de rastreo para saber cuáles son los problemas de la cadena que involucran violencia, violación de derechos humanos, deforestación. Van a tener que aumentar la producción por ganancia de productividad, no más por actividad predatoria. No se puede jugar con el futuro de toda una nación en las manos de un gobierno que no tiene estatura política y tampoco compromiso técnico, ni competencia técnica, ni compromiso ético para enfrentar el problema. Entonces,  las empresas, el congreso, la justicia,  la sociedad, la prensa, la comunidad científica deben actuar. Y lo están haciendo.

SS: La pandemia le cambió la vida y la realidad al mundo entero. ¿Cuál cree que es la principal enseñanza de esta situación y cómo cree que todo va a terminar (o a empezar)?

MS: Somos radicalmente vulnerables. Desde el punto de vista humano, en nuestros sistemas políticos, en nuestros sistemas económicos,  porque un virus imperceptible causa daños de incalculable valor económico en todo el planeta, conduce a la ruina, a la pérdida de millones de empleos, frena millones de vidas en todo el mundo. Pero también nos dimos cuenta de que si aprendemos a cooperar, a cuidarnos, cuidándonos unos de los otros,  podemos salir más fuertes. Menos distantes de las otras formas de vida, más consientes de que la vida que tenemos es parte de todas las formas de existencia.