* Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Ver a un pequeño de unos cuatro o cinco años, hablando con propiedad del valor de los humedales y del río Bogotá parece irreal. Más aún cuando, con preocupación, plantea las problemáticas de estos ecosistemas e insiste en hallar una solución. Para el Colegio José Max León este es el pan de cada día. 

Finalizando 2019, dentro del marco del desarrollo de proyectos de investigación, la institución educativa empezó a analizar en qué contextos podría trabajar con el fin de acercar a todos sus estudiantes a problemáticas que requieran la atención de la comunidad.

Así, tras una lluvia de ideas, surgió Navegantes 2020 y 2021. Un proyecto con el que buscan generar conciencia sobre la importancia del río Bogotá y de cómo los jóvenes pueden cuidarlo a través de acciones responsables. 

“Desde el principio, consideramos que se trataba de una iniciativa con impacto, que puede trascender. Queríamos crear en los más jóvenes la conciencia de que el futuro del planeta está en sus manos y que ellos tienen todas las habilidades y capacidades para generar un impacto positivo”, dice Martha Cecilia González, docente y coordinadora de proyectos de la institución. 

El proyecto se inició, entonces, con la repartición de las tres cuencas del afluente entre los grados primero y décimo. Conociendo con qué lugar trabajarían, los estudiantes investigaron sobre las problemáticas de cada una de ellas para luego formular sus propias preguntas con relación a las situaciones que encontraron. 

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“Los niños empezaron a formular hipótesis y a diseñar distintas metodologías, entre encuestas y entrevistas, para verificarlas. También buscaban las posibles soluciones. Los llevamos a estas cuencas, allí recogieron una gran cantidad de datos que incluyeron testimonios de la comunidad y los fueron documentando”, cuenta González.

La iniciativa es aplicada a los diferentes niveles, de acuerdo con el proceso educativo que van desarrollando. Por ejemplo, los más pequeños de la institución, desde pre-kinder hasta transición, son envueltos en este proyecto desde los humedales. Se les explica, con metodologías puestas a su lenguaje, la importancia de estos ecosistemas así como su influencia en el río Bogotá.

Dentro del proyecto fueron vinculadas unas salidas de campo en las que se aprovechó la cuenca del río. Por ejemplo , los estudiantes fueron al Páramo de Guacheneque, que es donde inicia el río. Foto: cortesía colegio José Max León. 

También, en los grados cuarto y quinto, a partir de la escuela de argumentación en la que los estudiantes participan en modelos de reuniones ONU, los estudiantes formularon un proyecto de ley para la protección de esta afluente. “La idea es que este tipo de actividades no se queden en el salón, sino que los estudiantes puedan compartirlo con la comunidad”, explica González. 

Al finalizar el año, hicieron una socialización de los hallazgos y las propuestas. Dentro de estos resultados, los estudiantes de décimo presentaron tres revistas en las que hicieron un análisis de la situación del río Bogotá, no solo desde la perspectiva medioambiental, sino también teniendo en cuenta factores económicos, matemáticos, sociales y filosóficos.

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Es un proyecto transversal. No solo el área de ciencias trabaja en él, sino todas. Los maestros han sido partícipes y han acompañado a los estudiantes en todo el proceso. También han participado los padres. Incluso, algunos han realizado charlas al respecto”, cuenta González. 

José David Stit Escorcia, biólogo y docente del José Max León quien participó en la articulación del proyecto, cuenta que “el propósito del colegio es desarrollar la capacidad crítica en sus estudiantes”, por lo que el proyecto del río Bogotá se articula directamente con este objetivo. 

“En general, lo que pretende la iniciativa es acercar a nuestros niños y jóvenes, ponerlos en escena y que se apropien de las dinámicas de su entorno y desplieguen toda una serie de competencias para ser agentes activos de diferentes problemáticas. Ellos son innovadores, creativos, explica  González. 

Foto: cortesía colegio José Max León.

Aunque 2020 se acabó, la iniciativa de educación medioambiental no termina. A partir de todo el conocimiento recaudado por los estudiantes, precisaron las problemáticas de cada cuenca y los jóvenes trabajarán a partir de esta información para proponer soluciones durante 2021. Una de ellas, por ejemplo, es la reforestación en algunas zonas cercanas al afluente. 

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“Luego de este año, queremos que el proyecto se vaya haciendo extensivo a otras fuentes de agua, a otros afluentes. ¿Por qué no mirar el estado de los otros ríos de Colombia?”, concluyó González.