*Este es un contenido periodístico de la Alianza Grupo Río Bogotá: un proyecto social y ambiental de la Fundación Coca-Cola, el Banco de Bogotá del Grupo Aval, el consorcio PTAR Salitre y la Fundación SEMANA para posicionar en la agenda nacional la importancia y potencial de la cuenca del río Bogotá y  sensibilizar a los ciudadanos en torno a la recuperación y cuidado del río más importante de la sabana.

Andrea Defrancisco siempre ha tenido la música cerca, en los momentos de rebeldía, en los de reflexión e incluso en sus silencios.

La aguja rozando el disco y el casete reproduciéndose en el equipo de sonido la transportan a su infancia, cuando empezó a descubrir la magia que tenía en su voz, animada por su mamá que mantenía su casa apacible, armónica, con diferentes pistas musicales.

“Ella se puso muy feliz de que su hija tuviera talento para la música. Cuando tenía ocho años me presenté a Misi. Hice parte del elenco desde ese entonces, hasta mis 21 años. Paralelamente, siempre estuve en clases de piano, en el mundo de la música”, cuenta.

Andrea Defrancisco fundó Latin Latas en 2011. Foto: cortesía Latin Latas.

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Creando una perfecta sincronía, de a pocos, empezó a crecer en su interior una conexión con los animales, con las diferentes formas de vida del planeta y, al mismo tiempo, despertó una inmensa curiosidad por los problemas medioambientales a los que se enfrenta la humanidad.

La conclusión a la que llegó fue una: el mundo no le gustaba. Una idea que la afectó profundamente pero que la fue animando a actuar para trabajar por el lugar en el que anhelaba vivir.

En medio de ese proceso de autodescubrimiento, Defrancisco, también conocida como Andrea Latas, empezó a trabajar en un colegio en Tenjo, Cundinamarca, con el que se sintió identificada por la manera en la que se impartía la educación.

“Ellos manejaban un modelo de educación que me cambió la vida. Yo no estaba de acuerdo con el sistema educativo, con la imposición. Allí a los niños les enseñaban a aprender por gusto y a trabajar en las emociones, pues consideraban más importante la formación del ser que la acumulación de información”, describe.

Este método se ajustó perfectamente a su forma de ver el mundo, por eso allí, además de hacer un taller extracurricular en la emisora en el que enseñó a los jóvenes las raíces, la historia y pormenores de las culturas suburbanas, también fue profesora de música durante unos cuatro años.

“No había instrumentos, ni plata, pero sí residuos”

Una vez sintió que había terminado su ciclo en la institución, decidió irse a trabajar a Ciudad Bolívar, específicamente en el sector Altos de Cazucá, de la mano de una oenegé de Derechos Humanos, en donde le dio clases extracurriculares de música a niños.

“Duré dos años trabajando ahí. A medida que avanzaron las clases, ellos empezaron a pedirme instrumentos. Siempre que iba al sector veía una pila, unas montañas de basura y me acordé de un show inglés en el que hacían música con cualquier residuo. Entonces, les dije a los chicos que íbamos a recogerlos para hacer los instrumentos. Esa falta de dinero conectó mis dos pasiones: la vida y la música”, cuenta.

Este experimento resultó ser un éxito. Pues, por medio de esta iniciativa, los niños con los que trabajaba pudieron hacer una pequeña gira por distintos centros comerciales para hacer una demostración musical con estos instrumentos hechos de botellas, plásticos, latas y otros residuos.

En ese momento, Andrea comenzó su camino por el mundo de la lutería. Es decir, fabricar instrumentos musicales de cuerda. Siempre teniendo en su cabeza el problema de los residuos, unca crisis que no solo afecta al país sino al mundo entero, pues de acuerdo con las cifras del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en el país se generan cerca de 12 millones de toneladas de basura al año.

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Mientras explotaba su interés por arreglar objetos, Defrancisco, con un estilo alternativo, empezó a investigar y se topó con más personas interesadas en esta práctica. Así, con varios residuos, hicieron una guitarra, un bajo, una marimba y una batería en 2011.

Nace Latin Latas

Con la aparición de estos instrumentos, también nació Latin Latas, la iniciativa con la que Defrancisco y todo su equipo inspira a la transformación social y la sostenibilidad ambiental a través de la música como canal de comunicación y los residuos como herramienta de acción.

Todos los elementos de su proyecto, incluyendo la innovación sonora, sus melodías y sus acciones, se han extendido más allá de las fronteras, por todo el territorio nacional y el exterior.

Defrancisco, con un estilo alternativo, empezó a investigar y se topó con más personas interesadas en esta práctica. Así, con varios residuos, en 2011, hizo con ellos una guitarra, un bajo, una marimba y una batería. Foto: cortesía Latin Latas.

Una de estas regiones fue Antioquia, específicamente en el corregimiento Aquitania, afectado durante años por el conflicto armado que desangra al país.

“En el proceso de reparación simbólica la comunidad pidió un profesor de música, entonces fuimos a hacer unos talleres. Me acuerdo que el día que llegamos nos sirvieron el almuerzo en cajas de icopor, las lavamos y con esos hicimos unas guitarras. Más adelante, tuvimos otro encuentro con la comunidad y nos dimos cuenta que en todo el lugar estaban cambiando sus prácticas, se estaban preocupando por el cuidado del agua y estaban empezando a tener en cuenta alternativas como el turismo rural”, cuenta.

Esta anécdota, que Defrancisco cuenta con mucho entusiasmo, la llevó a ratificar que hay una armonía, una coincidencia y un ritmo en sus pasiones que han fortalecido el objetivo de su proyecto: la pedagogía social y sostenible.

Un Ho’pomoponofono escuché por ahí...

Latin Latas hace instrumentos de alta complejidad, así como otros con menor grado de dificultad, para que las personas puedan aprender a crearlos.

Uno de los instrumentos que han fabricado y es su instrumento insignia, es el Ho’pomoponofono, un ukelele que fue fabricado con una lata de chocolates en forma de corazón. “Este representa el poder del amor, del perdón, de que no hicimos las cosas bien, pero que podemos empezar a transformar lo malo”, dice.

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Otro de estos es el plasticordio, un teclado sintetizador empotrado dentro de una aspiradora noventera, cuyas teclas son cepillos de dientes que la familia de Defrancisco ya no usa. Estos implementos están acompañados de algunos marcadores y cuchillas para afeitar. “Es un instrumento divino. Siempre busco que estéticamente se vean muy bien”, explica.

En la imagen el plasticordio. Foto: cortesía Latin Latas.

No es solo reciclaje, es ‘Zero Waste

Sin embargo, todo este proyecto no se limita al reciclaje, una actividad que Defrancisco describe como insuficiente para hacerle frente a todos los problemas que enfrenta el mundo. “A nivel mundial solo se recicla el 16 por ciento, no es suficiente. Ya muchos están hablando de la regeneración, de volver a las prácticas de nuestros abuelos”, dice.

Con su experiencia, llevando a Latin Latas a escenarios europeos, así como con toda la documentación que reunió investigando sobre los temas de sustentabilidad, conoció del movimiento mundial Zero Waste o Cero Basura, en el que se menciona la existencia de más prácticas R, además de las comúnmente conocidas y difundidas (reducir, reciclar y reutilizar). Para ella, esas 3R ya no son suficientes, así que escogió otras más y formó siete en total, que hacen parte de la esencia misma de Latin Latas.

Latin Latas hace instrumentos de alta complejidad, así como otros con menor grado de dificultad, para que las personas puedan aprender a crearlos. Foto: cortesía Latin Latas.

“La primera es la de la reflexión, que consiste en ser consciente de dónde vienen los productos, dónde se consumen y de dónde terminan. La segunda es rechazar, que se trata de no comprar aquello que no es biodegradable o no se puede reciclar. La tercera es reducir y tiene que ver con pensar en cómo se van a usar los residuos de manera consciente. La cuarta es reparar. La quinta es reutilizar, la sexta es regresar a la tierra, es decir, todas las prácticas como el compostaje. Y la última es reciclar”, explica.

Una propuesta musical muy ambiental

Los ecosistemas del país, los ríos fluyendo con libertad y la naturaleza son "la musa” de la inspiración para Latin Latas, quienes han compuesto un disco y diferentes sencillos en honor a la vida, como define Defrancisco al medioambiente.

Así, han creado cuatro formatos musicales. El primero tiene una línea ambiental muy marcada, dentro de la cual han tocado para diferentes empresas en campañas ecológicas.  Enmarcado dentro de este primer formato salió, en 2014 el disco “Sé”, producción que tuvo su lanzamiento en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo.

De hecho, el primer concierto pago de Latin Latas fue gracias a los recicladores, quienes los invitaron a cantar e hicieron una vaca para retribuirles. “Para las actividades, les pago a los recicladores por el material. Es importante que en la dignificación de su labor se les pague bien y es lo que nosotros intentamos hacer”, dice.

La segunda línea musical está concentrada en los más pequeños, a través de una obra infantil llamada “El último habitante del planeta”, en la que les enseñan a los niños cómo ser sostenibles con acciones concretas. “Esto es a través de un concierto que es una conversación entre una niña y cinco animales que se encuentran amenazados o en peligro de extinción. Estos son: el oso perezoso, el cóndor, el mono tití cabeciblanco, el puma y el colibrí”, cuenta.

Latin Latas está haciendo el lanzamiento este año de la metodología Zero Waste Lab, un laboratorio de residuos cero, basado en la educación STEAM. Foto: cortesía Latin Latas.

El tercer formato se llama “Covers Reciclados”, en el que han lanzado sencillos como homenaje para el país. “Tratamos de recrear los instrumentos del folclor colombiano con los residuos. Una de estas canciones está sonando en este momento en la Radio Nacional de Colombia estamos en el número nueve. La canción se llama El pescador y fue hecha en compañía de uno de los raperos más importantes de Bogotá, Ángel Mc de todo Copas”, describe Defrancisco.

Finalmente, el último se llama “Electro con Zero Waste en el que fabrican instrumentos raros para hacer música electrónica, que han sido utilizados en distintos lanzamientos de marcas con una puesta en escena “moderna”.

Diez años de Latin Latas

Para conmemorar los diez años de funcionamiento, Latin Latas está haciendo el lanzamiento este año de la metodología Zero Waste Lab, un laboratorio de residuos cero, basado en la educación STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés).

Se trata de meter todos los procesos científicos en un taller creativo. Hoy en día, en este método, se dieron cuenta de que faltan las artes. Nosotros lo estamos metiendo con la música pero, además, le estamos metiendo la sustentabilidad y cómo enseñar a las personas a tener acciones sostenibles”, cuenta.

Son siete módulos de formación para comunidades, profesores, músicos y todos los interesados, “en el que van a aprender a hacer familias de instrumentos con reciclaje. La idea es que en cada proceso creativo ellos puedan comenzar a integrar cada una de las R”.

Todo esto será puesto en una plataforma web para que las personas puedan acceder a todos los contenidos, y está pensado también para las comunidades que se encuentran en las distintas regiones, puesto que se planea que puedan recibir un caja con el taller, las herramientas y todos los prototipos para hacer todos los instrumentos con los materiales reciclados y no reciclados.

“Nuestro lema es tu consumes la causa y es la solución. El planeta continuará su curso con o sin nosotros. La humanidad está en peligro de extinción", concluye.