Los incendios forestales tienen en jaque a los más de 6,7 millones de kilómetros cuadrados de bosques húmedos tropicales que conforman la Amazonia, una región que concentra 10 por ciento de la biodiversidad mundial, produce cerca del 20 por ciento del planeta y alberga más de 34 millones de personas de nueve países de Sudamérica.

La época de verano es tan sólo un fenómeno que utilizan las mafias deforestadoras para desaparecer las coberturas boscosas ya cercenadas por la motosierra. El propósito macabro es adueñarse ilegalmente de los terrenos para el desarrollo de la ganadería extensiva, cultivos ilícitos, minería o vías que serpentean por la selva.

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Según Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), sólo el uno por ciento de los incendios en los bosques húmedos de la Amazonia son naturales. Los demás son ocasionados por las talas y quemas provocadas por los tentáculos de los acaparadores de tierra, quienes les pagan hasta cinco millones de pesos a los colonos para que arrasen con una hectárea de verde.

Una nueva apliacación del MAAP arroja los incendios de gran tamaño en toda la Amazonia. Foto: MAAP.

Este año, el Proyecto de Monitoreo de la Amazonia Andina (MAAP) ha identificado 227 incendios de gran tamaño en la Amazonia: 220 en Brasil, seis en Bolivia y uno en Perú. Así lo revela una nueva aplicación en tiempo real que filtra miles de alertas de incendios tradicionales basadas en calor y prioriza aquellas que queman grandes cantidades de biomasa.

“La gran mayoría de los grandes incendios se han producido en la Amazonia brasileña, donde un número sorprendentemente alto, 85 por ciento, ha quemado áreas recientemente deforestadas. Esto indica que los incendios son en realidad un indicador humeante de la deforestación desenfrenada ahora en Brasil”, informa el MAAP.

Brasil, Bolivia y Perú han albergado incendios de gran tamaño en lo corrido de este año. Foto: MAAP.

El análisis del proyecto, que hace parte de la organización Amazon Conservation, muestra que en Brasil, 94 por ciento de los grandes incendios han sido ilegales, lo que viola las moratorias de incendios estatales y nacionales establecidas en el mes de julio. “De hecho, a pesar de las moratorias, la cantidad de incendios importantes se está acelerando: 77 fueron identificados entre mayo y julio, cifra que en lo corrido de agosto suma 143”.

Catorce de los grandes incendios en Brasil fueron en áreas protegidas. “En la Amazonia boliviana y peruana, hemos comenzado a detectar incendios recientes en los ecosistemas más secos, como sabanas y pastizales”, indica el MAAP.

Incendios al detalle

En la Amazonia brasileña, 39 por ciento de los grandes incendios se presentaron en Amazonas y 37 por ciento en Pará. Le siguen Mato Grosso (17 por ciento) y Rondônia (ocho por ciento). 85 por ciento de los incendios hacen parte de áreas recientemente deforestadas, que fueron despejadas entre 2018 y 2020 y los cuales cubren 113.000 hectáreas. 

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“Por lo tanto, argumentamos que el problema central es en realidad la deforestación, mientras que los incendios son en realidad un indicador de esa pérdida de bosque. En Brasil, los dos primeros incendios forestales quemaron 1.447 hectáreas en Mato Grosso y Pará. El resto de los incendios se han producido en tierras agrícolas o ganaderas más antiguas. Las áreas protegidas más afectadas son los Bosques Nacionales Jamanxim y Altamira en Pará”, cita el análisis. 

Este año, el reguardo Nukak en Guaviare, ha sido víctima de los incendios forestales. Foto: Rodrigo Botero. 

En la Amazonía boliviana, el MAAP ha detectado incendios en las sabanas del departamento de Beni y quemas en un área recientemente deforestada en el departamento de Santa Cruz. En la peruana, el proyecto evidenció incendios en los pastizales de elevación superior, el más grande dentro de un área protegida Parque Nacional Otishi y otros de menor tamaño cerca de la zona de amortiguamiento del Parque Nacional del Alto Manu.

“El hallazgo clave es que la mayoría de los grandes incendios de la Amazonia brasileña están quemando áreas recientemente deforestadas y no provocando incendios forestales”, concluye el MAAP.

Nuevo insumo

La aplicación del MAAP para monitorear los grandes incendios combina datos de la atmósfera (emisiones de aerosoles en el humo) y del suelo (alertas de anomalías térmicas), para detectar y visualizar de manera eficaz los principales incendios de la Amazonia.

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Cuando los incendios arden, emiten gases y aerosoles. “Un nuevo satélite, Sentinel-5P de la Agencia Espacial Europea, detecta estas emisiones de aerosoles. Por lo tanto, la característica principal de la aplicación es la detección de emisiones elevadas de aerosoles que, a su vez, indican la quema de grandes cantidades de biomasa”. 

Los incendios son provocados para adueñarse de las tierras baldías. Foto: Rodrigo Botero.

Esta nueva herramienta distingue los incendios pequeños que limpian campos viejos y queman poca biomasa, de los incendios más grandes que queman áreas recientemente deforestadas o bosques en pie.

“Definimos un incendio mayor como aquel que muestra niveles elevados de emisión de aerosoles en la aplicación, lo que indica la quema de niveles elevados de biomasa. Para identificar la fuente exacta de las emisiones elevadas, reducimos la intensidad de los datos de aerosoles para ver las alertas de incendios terrestres subyacentes basadas en el calor”. 

Por lo general, para los incendios importantes existe un gran grupo de alertas. Luego se confirman los incendios principales y se estiman las áreas quemadas, utilizando imágenes de satélite de alta resolución de Planet Explorer .