Caquetá continúa siendo el departamento con mayores tasas de deforestación en el país. Así lo demuestran los resutados del más reciente monitoreo sobre este flagelo, correspondiente al 2019, que adelantó el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam). 

Ese año 30.317 hectáreas de bosques fueron arrasadas en esa región amazónica. Aunque, según el informe, hubo una reducción en cerca de 16.000 hectáreas con respecto al 2018, el panorama no deja de ser preocupante. 

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Cartagena del Chairá, con 13.123 hectáreas, Solano, con 3.207, y San Vicente del Caguán, con 11.452 hectáreas, fueron tres de los municipios en donde más se talaron árboles en el país el año pasado. Sin embargo, en esta última localidad, al igual que en las demás, se presentó una disminución en la deforestación con cerca 8.000 hectáreas.


La expansión de la frontera agrícola, la ganadería extensiva, el acaparamiento de tierras y los cultivos ilícitos son los prncipales motores de la deforestación en Caquetá. Foto: archivo/Semana. 

Programas como Paisajes Conectados de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), puesto en marcha por Fondo Acción, en asocio con la Gobernación de Caquetá y Amazon Conservation Team, han contribuido con la reducción de las tasas, aunque aún es claramente insuficiente.   

No obstante, a lo largo de los últimos siete años más de 2.000 campesinos e indígenas participantes en esta iniciativa, distribuidos en 60 familias indígenas y las 393 campesinas, han trabajado para cambiar esa historia y apostarle a la conservación de su territorio, a través de la transformación de sus hábitos.

Ahora es común escucharlos hablar de conectar bosques y proteger los ríos y quebradas, tener huertas caseras, sistemas silvopastoriles y reforestar. Y es que muchos campesinos creían que la tala indiscriminada era necesaria para producir ingresos económicos.

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Con este programa, adelantado en los municipios Belén de los Andaquíes, San José del Fragua, Cartagena del
Chairá y Solano, conocieron otros caminos posibles.
 Varios participantes se percataron, por ejemplo, cómo al poner en marcha sistemas silvopastoriles su producción de leche subió de 3,8 a 6,5 litros por vaca, mientras que otros aprendieron a producir alimentos en sus huertas en lugar de comprarlos por fuera. Gracias a esto, también han vendido más de cuatro toneladas de su producción en mercados campesinos.  

De igual manera, más de 160 hectáreas con fuentes hídricas prioritarias fueron aisladas, 72.000 árboles nativos se sembraron, 6.150 hectáreas fueron dedicadas a prácticas sostenibles, 906 personas mejoraron sus ingresos y se fortalecieron cuatro cadenas de valor para productos como cacao, queso, hortalizas y castaño de monte. 


Los campesinos optaron por cambiar sus hábitos deforestadores y apostarle a la conservación de los bosques. Foto: Andrés Cardona/Programa Paisajes Conectados-Fondo Acción. 

El proyecto sirvió, además, para empoderar a la mujer. Aunque el 80 por ciento de los titulares de las fincas eran hombres, el 40 por ciento de las personas capacitadas fueron mujeres. Cerca de 930 fueron preparadas en el manejo de recursos naturales. 

Se crearon escuelas de liderazgo femeninas que las posicionaron como referentes clave de la conservación en sus municipios. Ellas crearon instrumentos de gestión para incidir en política pública y los presentaron ante las administraciones municipales.

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También compartieron y replicaron lo aprendido en más de 20 espacios con niños, niñas y jóvenes de sus comunidades. “Aprendí a conocerme y a saber cómo puedo ayudar a otros. Además, las cargas de trabajo en la finca ahora se distribuyen mejor entre todos los miembros de la familia”, dijo una de las beneficiarias. 

"Yo me siento muy orgullosa de ser mujer y líder de nuestro territorio para hablar por aquellas cosas que nosotros necesitamos y queremos. Ahora hablo sin pena, me siento libre de expresar lo que siento y de proteger al municipio. Lo que queremos es planear nuestras fincas y en vez de deforestar le apostamos ahora a cuidar las fuentes hídricas, los bosques, la fauna y la naturaleza", indicó Ana Silvestre, beneficiaria del programa. 


Las mujeres lograron liberarse del machismo campeante de esa zona y empoderarse como lideresas en pro de la conservación. Foto: Andrés Cardona/Programa Paisajes Conectados-Fondo Acción. 

Adicionalmente, los participantes identificaron las necesidades de sus fincas, su vereda, su municipio y la región. De ese conocimiento salieron propuestas para la protección de los bosques y los recursos naturales. Algunas de estas se convirtieron en documentos que socializaron en distintos niveles. Un ejemplo fue la Agenda Comunitaria del Núcleo 2: iniciativa que nació a partir del sueño de los campesinos del Bajo Caguán, quienes trazaron una hoja de ruta para promover el desarrollo sostenible de la región.   

Pero no solo los adultos tuvieron cabida en este programa. Más de 1.000 niños y adolescentes aprendieron sobre conservación, 78 de ellos, de hecho, investigaron y exploraron el bosque amazónico y participaron en la creación de ocho herramientas pedagógicas para que más personas aprendieran a cuidar la naturaleza. Es así como ahora, en algunos casos, los mismos niños son quienes piden a los adultos que conserven el bosque.  

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De esta manera, el programa Paisajes Conectados, que este 31 de julio llegó a su fin, contribuyó a reducir un poco el flagelo de la deforestación en Caquetá y sembró en las comunidades de esa región una semilla en pro de la conservación de la biodiversidad de su tierritorio, a partir de un uso sostenible de sus recursos. 


La preservación de los bosques ha sido posible en Caquetá gracias al desarrollo de este tipo de iniciativas. Foto: Diego Llorente, Programa Paisajes Conectados, Fondo Acción.