Regresó lo que muchos estaban temiendo: los altos niveles de contaminación del aire en Medellín. En las redes sociales, de nuevo, se ha impuesto el hashtag Medehollín, porque la ciudad es irrespirable, y en esas mismas redes sociales muchos han salido a decir que ahora entienden por qué desde hace meses tienen una gripa que no se les quita.

Y es que ahora se dice que respirar el aire de la que antes era la ciudad de la eterna primavera equivale a fumarse tres cigarrillos diarios, como quien dice que en Medellín fuman hasta los abstemios.

Con las medidas paliativas tomadas por la Alcaldía de Medellín en la última emergencia ambiental, que se vinieron abajo después de que Federico Gutiérrez se reuniera con los gremios del transporte y con Fenalco, era de esperar que la situación se repitiera: el horizonte de la ciudad es un manchón gris que no deja ver el verde de las montañas.

El problema está sobrediagnosticado, desde que Gutiérrez llegó a la Alcaldía se sabe que el 80 por ciento de la contaminación en Valle de Aburrá obedece al parque automotor, que pasó de 478.000 vehículos en 2005 a 1.347.000 circulando diariamente en la actualidad, de los cuales 637.500 son automóviles, volquetas y buses, y 710.186 son motocicletas. Así las cosas, de toda esa gran nube de esmog, los camiones aportan el 36 por ciento, las motos el 23 por ciento, las volquetas el 22 por ciento, los buses el 10 por ciento y los autos un 6 por ciento.

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Y el tema de ese mar de carros explotó este año con obras en la vía principal de Medellín: La Regional, donde se construye la segunda etapa de los Parques del Río, lo que ha redundado en un gran embotellamiento.

Según el Informe Global de Tráfico de 2017, publicado hace unas semanas por la firma inglesa Inrix, se sabe que de cada cien horas que alguien conduce en Medellín, 21 se invierten en esos trancones desesperantes, lo que hace que la ciudad ocupe el quinto lugar en el ranking del peor tráfico de Suramérica. El puesto global, después del análisis de 1.360 ciudades de 38 países, también es destacable: el 23. El ranking no es nuevo y Medellín no debuta, lo que es nuevo es el aceleramiento para llegar a ese nivel, porque en 2016 la capital paisa ocupaba el puesto 30 en Suramérica. Incluso, supera a Bogotá.

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Pese a las dificultades que hay en la movilidad y, lo que es peor, a las afectaciones a la salud, nadie se atreve a tomar las medidas poco populares que amerita la situación: imponer un pico y placa que restrinja la movilidad de algunos carros por lo menos 12 horas; negociar la salida de volquetas y camiones que cuentan con tecnología antigua y, lo más difícil, imponer pico y placa a las motos de cuatro tiempos, pues además de la contaminación, son los motocicletas los que están más inmiscuidos en accidentes de tránsito.

Hace pocas semanas, la Alcaldía, el Área Metropolitana y empresarios de la ciudad firmaron el Pacto por el Aire, un compromiso voluntario para medir el cambio de la calidad del aire en un tiempo determinado, aunque no se especifica el tiempo, por lo que sus alcances no han trascendido lo suficiente. Para Daniel Suárez, líder del colectivo ambiental Aire Medellín, el pacto es “etéreo, carente de métricas y sin posibilidad de verificar su cumplimiento, pues el hecho de ser voluntario y sin fecha de medición de los resultados deja abierta la opción de que se cumpla o no”.

Este año, representantes de grupos ambientalistas mostraron su descontento porque no fueron tenidos en cuenta para aportar a los compromisos, después de que el Federico Gutiérrez les propuso trabajar juntos. “Nuestra participación se redujo a asistir el día de la firma del pacto, no es cierto que sólo criticamos. Desde el año pasado radicamos en el Consejo de Medellín un documento con más de setecientas ideas y no fueron tenidas en cuenta”, dice Suarez.

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El pacto voluntario, cuya cabeza es la Procuraduría General de la Nación, contrasta con las alarmantes cifras del Departamento Nacional de Planeación (DNP), que realizó un estudio de los costos por muertes y enfermedades asociadas a la degradación ambiental en 2015, donde se incluye la degradación del aire urbano. Los resultados publicados en mayo de 2017, muestran que el 12,3 por ciento de las muertes que se presentaron en el Área Metropolitana fueron atribuidas a la contaminación del aire.

En el pacto, las empresas del gremio de las motos se comprometieron a actualizar sus vehículos en un ciento por ciento con tecnología estándar Euro III, algo que se espera ocurra pronto. Pero también se necesita otras medidas. “Nosotros le hemos solicitado varias veces a Ecopetrol que nos suministren un diésel y una gasolina de mejor calidad. Si desde el mismo combustible se logra reducir lo que los vehículos van a emitir, lograríamos solucionar el problema desde el principio”, dijo Sergio Orozco, secretario de Medio Ambiente de Medellín.

Al cierre de este artículo, el Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá (SIATA), mostraba en las últimas 24 horas, a 16 de las 20 estaciones en alerta naranja. Señales que en los próximos días los paisas tendrán de nuevo días grises e irrespirables.