Con motivo del lanzamiento del último libro de Manuel Rodríguez, ‘Nuestro Planeta, Nuestro Futuro‘, Semana Sostenible habló con él. El exministro de Medio Ambiente de Colombia hace profundas reflexiones sobre el ambientalismo, los grandes poderes económicos, la ética a la hora de optar por lo ambiental y las futuras generaciones. 

Semana Sostenible: Usted ha escrito ya varios libros, ¿qué tiene este de especial?

Manuel Rodríguez: En Colombia no existe un libro que le explique al ciudadano común y corriente cuáles son las causas y consecuencias del deterioro ambiental del planeta y de Colombia, y cómo estas se cruzan con el desarrollo. Es fundamental que la gente entienda eso. No pueden seguir pensando que la protección ambiental es un problema del Ministerio de Ambiente. El futuro ambiental del planeta y de Colombia depende fundamentalmente de cómo se reoriente la agricultura, las formas de urbanización de las ciudades, las formas de gestionar los materiales y la energía, en la forma de proteger las grandes áreas o ecosistemas con los que aún contamos, entonces hay que tener esa comprensión. En el libro también se reconoce que la crisis ambiental es en buena parte el resultado del enorme progreso que ha tenido la humanidad. Un progreso que se ve, por ejemplo, en el aumento de la expectativa de la vida: de 32 años a principios del siglo XIX hoy en día estamos en 78 años. Se ve en la erradicación de la pobreza, si bien hoy en día existe un 10 % de la población en condición de miseria, 700 millones, nunca antes en la historia de la humanidad habían habido menos pobres, nunca antes la gente había estado mejor educada, nunca antes la gente había contado con mejor salud, eso es importante decirlo porque Colombia entre otras cosas se ha montado en un discurso de que aquí estamos peor que ayer y eso es falso. Pero, el gran costo ha sido la crisis ambiental que pone en juego los logros alcanzados.

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Semana Sostenible: ¿Usted cree que parte del fracaso del ambientalismo es que no se comunicó bien su relación con el desarrollo?

M.R.: No lo pondría tan así. Creo que el ambientalismo complejo existe desde hace varios años, pero es cierto que hay muchos tipos de ambientalismo. Pero, el movimiento ambiental en general ha entendido las profundas conexiones entre desarrollo y medioambiente. Lo que tienen todos como denominador común es el entendimiento o reconocimiento de que la naturaleza fija unos límites al desarrollo social y económico, límites a nivel planetario y a nivel local.

El otro punto en común es la ética por la protección del medioambiente. Lo que a mi juicio también ocurre es que hay dos factores que uno también tiene que tener en cuenta, uno, cuando surgió el gran problema el del cambio climático que se reconoce que existe hace 40 años (hemos perdido cuarenta años), la reacción de los intereses de las grandes petroleras es una historia trágica. Ellos decidieron desprestigiar, falsificar la información sobre el cambio climático y esto generó la negación sobre el fenómeno. Ellos fueron capaces de hacer lobby en el Senado de Estados Unidos para impedir cualquier acuerdo sobre el tema. Hay unos grandes responsable sobre lo que está ocurriendo y es el gran poder de unos intereses económicos del corto plazo que hoy tienen en su historia uno de los más dramáticas y tristes antecedentes de cualquier institución en el mundo y es claramente conspirar contra la salud del planeta y contra la salud de sus habitantes. 

La Exxon identificó que existía el cambio climático, y hay un momento en la historia en que estuvieron dispuestos a cambiar el chip y luego se retractaron y se volvieron unos negacionistas. No es la primera vez que ocurre esto, también lo hicieron en su momento las tabacaleras en relación a los daños del cigarrillo.

Semana Sostenible: ¿Usted considera que al ambientalismo le hizo falta ser más extremo?

M.R.: Es una forma mía de decir que tal vez nos hizo falta ser un movimiento más duro, pero también hay que reconocer una cuestión y es que el cambio mental ha sido a una velocidad brutal. La gran expansión económica que se da después del año 1950, de 2.200 millones de habitantes pasamos a 7.700 millones, y el crecimiento económico aumentó 11 veces. Eso generó una mayor dependencia de los combustibles fósiles para la civilización contemporánea, eso generó un cambio muy rápido, muy disruptivo. Creo que el sector público en general y la cuestión política no ha tenido las condiciones para reaccionar tan rápidamente a ese proceso, más aún cuando hubo una captura de la cosa política por parte de los grandes poderes económicos.

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Semana Sostenible: Usted le dedica el epílogo del libro a Greta Thunberg y cuando se refiere a ella habla de una nueva ética, ¿a qué se refiere puntualmente?

M.R.: Le dedico mi libro a mi nieta Amapola, digo que el futuro del planeta está en manos de los jóvenes y los niños de hoy. De alguna manera es reconocer que todas las generaciones, la mía y posteriores a la mía hemos fracasado en cuidar al planeta y no estoy hablando del ambientalismo, estoy hablando de toda la gente. Estamos entregándole a nuestros hijos un  planeta en peor estado del que nos entregaron nuestros padres, en un estado muy grave.

En línea con ese argumento el epílogo muestra cómo una joven de 16 años está generando un movimiento mundial sin antecedentes, pero también recuerdo que ella habla en términos éticos, ella dice: “De qué están hablando mis padres y la generación anterior a la nuestra, esta gente sabe que se está destruyendo el mundo y no hacen nada”. Hay un problema ético de por medio. En Colombia también ha habido reacciones de jóvenes supremamente interesantes, en línea con el pensamiento de Greta están los niños y jóvenes que están defendiendo la Amazonia o el río Atrato. Eso es muy esperanzador, pero básicamente lo que yo planteo, en muchos sitios del libro, es que el problema no es simple. Hay que tomar unas decisiones que implican una ética distinta porque hasta ahora el mayor peso que se le ha dado a las decisiones es al crecimiento económico sin importar el medioambiente. Una nueva ética significa que fundamentalmente se reconoce y se respetan los límites que establece la naturaleza como una forma de sobrevivir el Homo sapiens.

Semana Sostenible: En el libro usted le dedica un capítulo a la reconversión ganadera, ¿qué podemos encontrar ahí?

M.R.: Hay un tema que está sobre la mesa hoy y es la región amazónica. En mi libro voy y vuelvo sobre lo amazónico. En estos años la región ha estado en crisis, pero ahora hay un agravamiento de la crisis, pero lo cierto es que en la última década ha sido terrible y ocurre en Brasil, Perú, Bolivia, Ecuador y Colombia. Una parte muy grande de la deforestación del Amazonas, un 70 % por ahí está destinada, aunque parezca increíble, a establecer ganadería extensiva y resulta que no se necesita una hectárea más para esta actividad ni en Colombia, ni en Brasil, ni en ningún país. Pero, detrás de eso hay todo un tema de especulación de tierra y la deforestación de la mayor selva del mundo es de una gravedad enorme porque al quemarse la selva la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera son muy graves, se extinguen especies y poblaciones de fauna y flora y por consiguiente se agrava este problema, se está sacrificando la mayor bomba de vapor de agua que existe en el planeta Tierra. El hecho de afectar esta región puede significar unos cambios profundos en los regímenes de lluvias en este hemisferio con consecuencias gravísimas para la actividad humana. 

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Semana Sostenible: Otra parte del libro se refiere a las políticas, ¿cómo estamos en eso?

M.R.: Tenemos más de 1.500 tratados ambientales en el mundo, de esos hay 200 muy importantes y por ahí 25 son las joyas de la corona, no obstante seguimos destruyendo el agua, generando gases, contaminando los mares, sobreexplotando las especies, degradando los suelos, problemas de contaminación del aire en las ciudades, entonces ¿qué ha pasado? Eso quiere decir que la respuesta global ha sido débil. No es que no se haya hecho nada, se han hecho muchas cosas, pero la respuesta ha sido insuficiente y ese es el caso global y de colombia.

En Colombia hay logros, el más extraordinario son las áreas protegidas, los resguardos indígenas y las propiedades colectivas de las comunidades negras. Muchos colombianos no saben que eso representa más o menos el 42 % del territorio continental colombiano y que ahí están el 70 u 80 % de los bosques y ecosistemas en mejor estado que tiene el país, pero se ha creado un discurso falso que dice que no han servido para nada. Quienes se inventan esto tienen claros intereses en que un día se desmonten esas áreas protegidas y les titulen esos territories. Son empresarios criminales. 

Semana Sostenible: Lo político también puede entenderse como la forma en que la gente ahora elige a sus mandatarios por sus propuestas medioambientales, ¿cree que en eso también hemos avanzado?

M.R.: Sí y no. Hay un retroceso con los mandatarios. El triunfo de los gobiernos populistas y autoritarios como es el caso de Bolsonaro, Putin o el gobierno populista de Trump, quien se atrevió a decir que el problema del desempleo en Estados Unidos es que se prohíbe consumir carbón, entonces había que explotarlo. Eso es una monstruosidad porque de eso no depende la economía norteamericana, pero cala muy bien en ciertos grupos del electorado, entonces la demagogia y el populismo antiambiental caen bien en algunos sectores muy desfavorecidos que no entienden cuál es el problema y que el gobernante los convence de que el problema son las normas ambientales. 

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Semana Sostenible: ¿Qué nos hace falta para gestionar mejor los temas ambientales?

M.R.: Creo que en Colombia hay luces de esperanza. Tuvimos una reunión entre ambientalistas y economistas con el viceministro de Hacienda que están gestionando un gran proyecto tributario con el objeto de crear unos instrumentos económicos, como es hoy en día el impuesto al carbono, con el objeto de que los ciudadanos tengan un mejor comportamiento ambiental y de que en esos tributos reconozcan que hay un daño ambiental cuando lo haya y entonces se compense. No se trata de nuevos impuestos en el sentido clásico, se trata de unos instrumentos económicos para que el mercado funcione en pro de la protección ambiental. Si las reformas que nos expuso el Ministerio de Haciendo se logran sacar adelante en el Parlamento, Colombia daría un paso extraordinario en la dirección correcta. Pero ese es un indicativo de que con los años se ha ido creando una conciencia ambiental en sectores clave de la decisión.

Pero, en Colombia se ha debilitado la institucionalidad ambiental, no la tenemos lo suficientemente fuerte. Obvio hay que tener un Ministerio de medioambiente fuerte, unas corporaciones autónomas regionales fuertes y un mayor presupuesto para lo ambiental. 

Pero quien crea que con eso se resuelven los líos ambientales está equivocado, esa es una condición necesaria mas no suficiente, dónde está lo suficiente en los ministerios de Agricultura, Minas, Transporte, Vivienda así como el ministerio de Hacienda se está volviendo ambiental tenemos que volver ambiental esos otros ministerios.

Así mismo, los alcaldes también tienen en sus manos  buena parte del futuro ambiental de Colombia y del mundo porque en las ciudades hay una gran agenda ambiental. Somos urbanos y hay que mejorar esos sistemas. Se pueden hacer muchas cosas en las ciudades que va desde lo que hoy se denomina basura cero o una política de economía circular.

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Otro paso importante son las sentencias que son producto de la gran reforma ambiental que se hizo en los 90, cuyo pilar central fue la nueva Constitución.  Ahí se consagraron más de 50 artículos sobre medioambiente y desarrollo sostenible. Mucha gente dice ese es un saludo a la bandera, pero no es cierto, las instituciones de cierto modo todavía funcionan. Hay razones para el optimismo. La judicialización de la gestión ambiental creo que ha sido muy positiva.

Semana Sostenible: ¿Nuestro Planeta, Nuestro futuro es optimista o apocalíptico?

M.R.: Es optimista porque creo que hay salida, pero no es un optimismo ingenuo es uno que se basa en el reconocimiento de que estamos en una crisis profunda, pero al mismo tiempo de que es posible superarla.