Una de las problemáticas sociales en Colombia es la del trabajo infantil, el cual si bien ha mostrado cifras a la baja en los últimos años, sigue siendo importante especialmente en las zonas rurales y especialmente en actividades como la agropecuaria; pues muchas veces se confunde este trabajo con las tradiciones y temas culturales de las regiones en las cuales se desarrolla. Según datos del Dane, en esta actividad trabajan por lo menos 274.000 niños, niñas y adolescentes. 

La organización Partners of the Americas adelanta en el país un estudio centrado en la actividad cafetera, en el que toma como muestra cuatro municipios que fueron afectados por la violencia, con la idea de identificar las condiciones y riesgos en los cuales estos menores realizan este tipo de actividades en el campo. Eduardo Bejarano, director del proyecto Colombia Avanza, analiza la situación del trabajo infantil en Colombia y por qué decidieron estudiar lo que sucede en el sector cafetero.

Semana Sostenible: ¿Qué hace Partners of the Americas en Colombia?

Eduardo Bejarano: Partners of the Americas es una organización sin ánimo de lucro basada en Washington D.C. que tiene presencia en el país desde 1964, tanto a través de la implementación de proyectos enfocados en educación, desarrollo económico, democracia y participación ciudadana, intercambio de jóvenes y profesionales, combate al trabajo infantil, entre otros, como por la presencia de sus capítulos de voluntarios entre varias ciudades y universidades colombianas, con estados e instituciones educativas en los Estados Unidos. Actualmente ejecutamos dos proyectos financiados por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL por sus siglas en inglés), uno que inició en el 2018 denominado Colombia Avanza enfocado hacia el fortalecimiento de la sociedad civil para prevenir el trabajo infantil y promoción de condiciones aceptables de trabajo en la cadena del café, y otro que inició este año denominado Palma Futuro que tiene como enfoque principal la implementación de sistemas de cumplimiento social en la cadena de la palma de aceite en Colombia, Ecuador, Perú y Brasil para abordar temas de trabajo infantil, trabajo forzoso y promover las condiciones aceptables de trabajo. Además, ejecutamos un proyecto financiado por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) titulado Programa John Ogonowski y Doug Bereuter Farmer-to-Farmer (F2F) que brinda asistencia técnica de voluntarios de EE. UU. a agricultores, grupos agrícolas, empresas agrícolas y otras instituciones del sector agrícola en Colombia con el objetivo de promover mejoras sostenibles en la seguridad alimentaria, producción y comercialización agrícola.

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S.S: ¿Cuál es el panorama nacional de trabajo infantil?

EB. A pesar de los notorios avances de Colombia en los últimos años reflejados en la reducción de la tasa de trabajo infantil, el panorama sigue siendo complejo especialmente en el sector agropecuario, en el cual según las cifras del Dane del 2018 trabajan cerca de 274.000 niños, niñas y adolescentes. Pero más allá de las cifras, es preciso entender que la tarea de seguir reduciendo estas tasas es un abordaje multidimensional, en la cual se deben involucrar, al estado, la sociedad civil y el sector privado no solo como agentes articuladores de las políticas públicas, sino desde la construcción conjunta de estrategias creativas e innovadoras que demuestren efectividad y sostenibilidad. 

S.S. ¿Por qué es importante desarrollar iniciativas en el sector cafetero en temas de trabajo infantil?

EB: Por varias razones. Primero, porque es necesario determinar qué actividades podrían ser consideradas como trabajo infantil y qué labores pueden ser enmarcadas en un proceso formativo y de transferencia de la cultura del café de una generación a otra, y siempre y cuando se respeten las convenciones internacionales y las normativas del país. Eso es clave para aclarar la percepción que los mercados y otros agentes puedan tener sobre las condiciones laborales en la producción del café; en segundo lugar, porque es preciso entender qué actividades realizan los adolescentes, con la edad mínima para trabajar, en las fincas cafeteras, esto con el fin de determinar si algunas de esas labores pueden implicar algún tipo de riesgo físico o de otra naturaleza, especialmente si este análisis se hace a la luz de la normatividad nacional sobre actividades peligrosas; finalmente, porque es determinante promover buenas prácticas  productivas que incluyan la dimensión laboral y que garanticen que las nuevas generaciones de cafeteros sean el ejemplo claro de lo que se denomina “trabajo decente”.

S.S: ¿En qué consiste puntualmente el programa Colombia Avanza?

EB: Es un proyecto financiado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL) que le apunta a mejorar la capacidad de la sociedad civil para comprender mejor y abordar el trabajo infantil, asi como promover condiciones aceptables de trabajo en Colombia en el sector cafetero. En este proyecto nuestro principal aliado estratégico es la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia.

Eduardo Bejarano, director del proyecto Colombia Avanza. 

S.S: ¿Cuál es el panorama de Colombia en términos de trabajo infantil en el sector cafetero?

EB: Lo primero que hay que señalar es que las cifras oficiales del Dane sobre trabajo infantil en Colombia no miden tasas y cifras de trabajo infantil para actividades productivas específicas, incluida la producción de café. Así pues, y por la naturaleza misma de la producción cafetera, en donde ingredientes relacionados con tradiciones y cultura están presentes, no podría hacer una afirmación sobre la dimensión de este fenómeno. Justamente creemos que es necesario poder diferenciar las tareas que son formativas de las que si se enmarcan en la categoría de trabajo infantil para tener mayor claridad en la cadena productiva y poder así ofrecer oportunidades a los jóvenes bajo un ambiente protegido y observando el cumplimiento de la ley. En este contexto hemos contratado un estudio que nos permitirá entender mejor las dinámicas laborales de los adolescentes ligadas a la producción cafetera, cuyas conclusiones serán importantes insumos para la adopción de estrategias que promuevan actividades formativas y que refuercen las políticas para prevenir el trabajo infantil.

S.S: ¿A veces se confunde el trabajo infantil con actividades más propias de la cultura y tradición. ¿Cómo poder diferenciar esto?

EB: Es complejo aproximarse a una respuesta en donde se combinan aspectos normativos y aspectos relacionados la cultura y la tradición del café en nuestro país. Pero lo normativo, especialmente el Código de Infancia y Adolescencia y la resolución 1796 de 2018 sobre actividades peligrosas, fijan un marco de referencia de las labores que no pueden permitirse bajo ninguna circunstancia para un niño, niña o adolescente. Una vez definido lo que no es admisible, existe una variedad de actividades que si observan ciertas condiciones consignadas en la ley que incluyen, por ejemplo, número de horas de trabajo y asistencia a la escuela, podrían enmarcarse dentro de actividades propias de la cultura y tradición. En todo caso, habría que analizar cada caso de manera particular tomando en cuenta la normativa del país.

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¿Cómo lograr que los jóvenes no abandonen el campo y hagan parte del desarrollo del mismo?

EB: Esta pregunta tiene múltiples respuestas. Pero me aventuro solo con un elemento por lo que hemos visto en las zonas rurales en donde estamos enfocados: si los jóvenes se apropian de la actividad cafetera, le añaden algún tipo de valor agregado y la encuentran rentable, se desestimula parcialmente el deseo de abandonar el campo para probar suerte en las ciudades. En todo caso lograr que los jóvenes del campo no migren a las ciudades supone un análisis mucho más complejo que va más allá de un tema de precios de mercado, cobertura de la seguridad social o rentabilidad de una actividad.

S.S: ¿En términos de paz, uds. están en municipios que han sido golpeados por la violencia. ¿Cómo ha contribuido el programa y en general Partners allí?

EB: En efecto el proyecto Colombia Avanza  se ha enfocado en cuatro municipios cafeteros que fueron particularmente golpeados por el conflicto y la violencia: Planadas y Chaparral en el Tolima, y Acevedo y Pitalito en el Huila. Ha sido una gran oportunidad de contribuir a la construcción de la paz desde el fortalecimiento de la sociedad civil en una industria que a pesar de los problemas ligados a los precios internacionales del café, sigue representando una proporción importante del PIB agrícola, de las exportaciones y de la generación de empleo rural en el país.  Pero le contesto desde otra perspectiva y con un ejemplo que encuentro muy cercano: soy tolimense y por muchos años Planadas se destacó en el contexto nacional por la presencia de actores armados, altos niveles de violencia, desplazamiento, víctimas e inseguridad. Hoy, y buena parte gracias al café, este municipio del sur del Tolima es reconocido por la alta calidad de su producción cafetera y su pujante economía. Nuestra apuesta entonces es afianzar esa vocación desde el fortalecimiento de la sociedad civil, y dentro del marco de una oportunidad para concientizar a la población y a los caficultores sobre el trabajo infantil y la promoción de condiciones aceptables de trabajo. 

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S.S: ¿Qué viene para Colombia Avanza? Segurián trabajando en otros sectores o cultivos?

EB: Estamos ejecutando procesos de formación en temas relacionados con derechos laborales y seguridad social con asociaciones de jóvenes cafeteros en el Huila, procesos de formación de líderes y fortalecimiento de grupos asociativos en ambos departamentos, estamos próximos a terminar el estudio sobre trabajo infantil en el sector cafetero y a iniciar un ejercicio con una organización denominada International Initiative to End Child Labor para detectar eventuales riesgos de trabajo infantil en la cadena del café. Y además de la alianza con la Federación Nacional de Cafeteros para desarrollar actividades conjuntas, estamos cerca de firmar alianzas estratégicas con organizaciones como la Cooperativa de Caficultores del Huila - Cadefihuila, la Red de Jóvenes Rurales y la Universidad de Ibagué para desarrollar procesos dirigidos al fortalecimiento de la sociedad civil cafetera en diferentes niveles. No contemplamos trabajar en otros sectores o cultivos pues el acuerdo cooperativo con el USDOL es específico para la cadena del café. En todo caso, este proyecto que es único en su clase en la región, servirá como referencia para compartir buenas prácticas y lecciones aprendidas en otras cadenas productivas y en otros países con tradición cafetera

S.S. ¿Cuáles son los principales logros del programa a hoy?

EB:  Hemos adelantado diversas actividades que hoy podemos mostrar como resultados iniciales del proyecto. Además de las campañas de comunicación que hemos hecho con el Ministerio del Trabajo, realizamos con el SENA, el Ministerio del Trabajo, el ICBF y Cadefihuila el Primer Concurso Regional de Bartistas Jóvenes del Huila, esto como un ejercicio que reconociera y valorara actividades formativas para la juventud cafetera. Allí participaron 15 jóvenes de diversos municipios, resultando ganador un adolescente de 17 años del municipio de Garzón. Además, hemos adelantado talleres con diversas organizaciones de la sociedad civil en el Tolima y en el Huila para reforzar su conocimiento sobre temas del mundo del trabajo, incluyendo asuntos relacionados con la seguridad social, la seguridad y salud en el trabajo y los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Igualmente, estamos culminando el estudio que mencioné anteriormente sobre la caracterización de actividades de niños, niñas y adolescentes en la cadena del café, y estamos por iniciar una estrategia intensiva con la Federación de Cafeteros para trabajar estrategias de fortalecimiento y liderazgo a nivel departamental y local con enfoque especial en las organizaciones de la sociedad civil cafetera.  Pero tal vez el logro más importante es haber diseñado una estrategia coherente y sostenible que ha involucrado a actores del sector público, privado, a la academia y a organizaciones de la sociedad civil cafetera en Tolima y Huila en torno a un propósito de interés común.